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Oposición a la calle

Los desmemoriados

Los desmemoriados Algunas veces, cuando me da por limpiar mis archivos, doy con escritos que de tan sólo leer las primeras líneas hacen que la sangre se me concentre en la cara de vergüenza. Es natural: las experiencias, si bien no siempre logran cambiarnos del todo, nos van alterando con ...

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Renuncio a ser abogado

No me gusta terminar. La acción de terminar con algo siempre tiene algo de ceremonioso, de artificioso. Es lo que llamo la parafernalia de los finales. Esas cosas no van conmigo, no me gustan los rituales. Me cae mal la gente que para irse del país (terminar con el país) ...

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Santamaría abajo

Imgeve de Chacao. En esta tienda compré mi primer televisor hace muchos años. Con frecuencia solía pasar por acá para comprar cualquier electrodoméstico que me necesitara. Hoy caminaba por la zona cuando vi que en la tienda no quedaba nada. La fotografía, por razones de seguridad y eso de no ...

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Hace días, en la cola de un banco dentro de un centro comercial donde había otras colas de gente que «compraba a precios justos» (eufemismo para saqueo), un joven chavista me buscó conversación para justificar la bajada de precios; me ponía de ejemplo el precio de los iPhone, que ni vendidos al precio del dólar paralelo alcanzaba los precios con los que se conseguía en el mercado. «Dólar paralelo que no existe, porque lo creamos nosotros cuando raspamos la tarjeta», se sinceró. Su pensamiento es el pensamiento del chavista promedio. El que ha caído en la trampa de la mentira de la guerra económica de Maduro, guerra que no es más que propaganda para tapar una economía enferma, le dije. Le dije que los precios altos son síntoma de un problema mayor: la asfixia económica del Estado. Que si hubiera libre competencia sus queridos iPhone fuesen ofrecidos por multitud de tiendas que estuviesen compitiendo entre sí para ofrecerlo a más bajo precio, y no como ocurre ahora, donde solo tres o cuatro importadores lo ofrecen caro porque cuesta traer y tiene gran demanda. El joven me quedó mirando con desprecio, pero un desprecio soñoliento y drogado. Espero a que llegue enero y el chavista supere los efectos del opio consumista para que se consiga un país arruinado no por una guerra económica que no existe, sino por la incompetencia de un Gobierno que al trancar la economía distorsiona los precios que ahora quiere bajar para terminar de cerrar la santamaría de este negocio fracasado llamado Venezuela. (0)

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Bulevar

La imagen la tomé a mi paso (rápido) por la sede del Ministerio de Educación. Entré a comprar unos timbres fiscales porque en la Biblioteca Nacional, que queda a unos cuantos metros, no los vendían, a pesar de requerirse allí para diversos trámites. Ver un altar religioso en la sede ...

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—Mi hermana se casa el próximo mes en Chile y me está invitando a su boda. ¿Y sabes quién se presentará esos días por allá? ¡Morrissey!

—Sí, lo sabía…, lo leí el otro día en Twitter. Vaya suerte que tienes a veces; cuando pensaba ir al supuesto concierto que Morrissey daría en Caracas el año pasado, el pobre enfermó. Creo que te odiaré un poco cuando publiques las fotos.

—No lo hagas, que de seguro te traigo memorabilia. Volveré para tu cumpleaños, ¿qué quieres de regalo?

—Me encanta cuando haces preguntas tan ingenuas porque de esa manera te puedo responder con mucha sinceridad: te quiero a ti una noche. Una noche entre 365 noches de un año, ¿dime si no es la mía una petición modesta?

—Modestísima, la verdad. Sabes que eso ya no es posible.

—No te he detallado esa salida. Me bastaría con una cena en Persépolis, como en los viejos tiempos. Has sonreído al responderme. Eso quiere decir que mi petición no te ha molestado, de lo contrario la reacción de rechazo hubiese sido inmediata. Vamos, que si no rompes un poco con la rutina te vas a aburrir de andar tanto tiempo con el mismo hombre.

—Tú nunca te cansas de inventar.

—Las circunstancias me obligan a hacerlo, de lo contrario el tedio ya me hubiese secado el cerebro. Pero mi petición no es un invento, no veo por qué no podrías aceptar una modesta invitación de una noche, si lo amas no tendrías dudas de salir conmigo.

—Suena lógico, aunque no consideras el hecho de que me meterías en un tremendo rollo.

—Has vuelto a sonreír. Es algo que últimamente no se te da con mucha facilidad. He notado en tus correos y en las palabras que utilizas un tono un tanto sombrío, diría que hasta desengañado, que no encaja con tu temperamento alegre y cordial. ¿Has cantado últimamente: I was wasting my time, trying to fall in love?

—No, he cantado: It was a good lay, good lay, it was a good lay, good lay.

—No dejas de sonreír. ¿Lo amas?

—Estamos juntos.

—No te veo muy entusiasmada.

—Me he llegado a acostumbrar, y a esta edad ¿no es el amor eso? ¿Dar paso a la costumbre y la tranquilidad y dejar a un lado las emociones desmedidas?

—…perder la pasión.

—…no. No esperes que exteriorice grandes muestras de alegría y pasión por encontrarme en una relación estable. Estoy bien así, estamos bien así. Ya las cosas no son como hace unos años, en que la juventud pareciera, quizá por la inmadurez, tener esa necesidad de reafirmar ante el mundo el amor entre dos personas, y el amor no deja de ser, en realidad, una cosa eminentemente privada.

La procesión va por dentro, buen título para una obra de teatro para doñas en Teatrex o Escena 8.

—Es una canción de Kevin Johansen, también.

—Vale, me queda claro lo que pensaba. Hace rato noté que mirabas la hora; sé que has sacado mucho tiempo de tu trabajo. Me contarás más al respecto cuando regreses a reseñarme tu experiencia Morrissey.

—Está bien, créeme que será así. Volveré para tu cumpleaños.

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