Hay temas que no me atraen para nada. Uno de ellos es el de los celulares: de vaina me sé mi número como para memorizarme modelos, marcas y cosas de esas que apasionan orgásmicamente a la gente común. Para mí un celular es un aparato que sirve para que A se comunique con B (sé que hablarán de las ventajas tecnológicas, pero cuando estoy alejado de una PC en lo que menos pienso es en twittear que me estoy haciendo pipi o en meterme a Facebook para ver si algún tipo celópata publicó fotos porno con su ex). Yo era feliz con mi Sony Ericsson (el de la propaganda de James Bond) con cámara de 5 Mpx y memoria de varios Gb, hasta que lo perdí en mi viaje. Viaje del que regresé (como todo viajero que se respete) con las tarjetas sobregiradas, así que la necesidad me llevó a comprarme un Nokia de juguete que estoy que se lo pego por la cabeza al primero que me pregunte por qué no le respondo los mensajes: no envía mensajes (?). Supongo que es un error del sistema, pero como las personas con las que más hablo están casi todo el día pegadas a Gtalk, MSN o Skype, he postergado la visita al centro de servicio. Sin embargo hoy me pasó algo. Una de esas revelaciones que llegan de vez en cuando. Casi una epifanía. Me he dado cuenta de que mi lucha contra la moda es inútil y me rendí a pasar casi toda la tarde hablando de celulares con mis amigos hasta llegar a la conclusión de que los BlackBerry tienen un poder que sobrepasa mi fuerza de voluntad. Lo más seguro es que me compre uno (para risa victoriosa de quienes conocían mi crítica hacia estos aparatos). Si esto llegara a ocurrir, espero que mis escritos no se frivolicen y batallaré contra el deseo de publicar mi BB pin en las etiquetas de cada entrada que escriba (¡qué bajo me siento ya al escribir estos términos de celulares!). En fin, no alargo más esta entrada porque ahora mismo una conocida me está ofertando por Gtalk su BB bien fino. (3)

Epidemia de gripe » En este pueblo ha brotado una epidemia de gripe. Pero no es una gripe normal, supongo que es una gripe nerviosa (si acaso existe la condición), consecuencia de esperar decisiones estos días en que los teléfonos suenan a cada momento sin dar respuestas o sólo para alimentar dudas. Hoy he caído enfermo, estoy solo en mi casa y sueño con llamadas. ¿Para qué sirve entonces que te llamen? Cada vez que toso siento la aspereza de mi garganta; al menos sé que esa aspereza es producto de esta enfermedad (real o imaginaria). Pero tu aspereza (y tu falta de apoyo) es muy real y más dolorosa. (0)

Las cinco cosas a las que vuelves cuando necesitas confort

Escrito por Álvaro Rafael en Anticuarios, Personales

Elefantes

Entrevista a Thom Yorke, líder y cantante de Radiohead, El pop después del fin del pop, Pablo Gil, Ediciones Rockdelux, 2004:

—¿Qué es lo más importante que has hecho con tu música?

—Lo más importante es lo que dejas en la gente. La gente escribe cartas personales donde explican su relación con la música o con las canciones, cartas donde hablan de un período de su vida, de lo que hacían, de lo que les pasaba; y en este tiempo salió tal disco, y todas sus vivencias y recuerdos están relacionados con ese disco. Se vuelven como grabaciones caseras de vídeo para la gente, algo que escuchan y que se llevan a la tumba. Eso es sin duda lo más importante, absolutamente, porque es lo que yo también obtuve de la música. La primera vez que escuchas un disco que te impresiona es una sensación que guardas toda la vida, es la experiencia más profunda que has tenido nunca.

Tomado de Nocilla Experience, Agustín Fernández Mallo, con adaptaciones de estilo para el blog

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Hoy descubrí que hay momentos en que lo desconocido pareciera ser lo único a tu alrededor. En que estiras los brazos y el muro donde siempre te apoyabas ya no está cerca. En que sientes que han tirado tus zapatos y ahora andas a trompicones sin tener claro tu camino. Son momentos duros y que no quisieras vivir. Pero cuando llegan te sirven para madurar y para darte cuenta de cosas importantes que tienes.

Y entre esas cosas está este blog. De seguro las notificaciones de nuevas entradas estarán llenando tu buzón (o la carpeta de spam), de hecho mi actividad por aquí está en picos muy altos. Estoy escribiendo hasta con los codos. Y hablo de la importancia de este blog porque todas esas cosas que me gustan están aquí: las entradas, los comentaristas, la música. Y es que gran parte de las cosas interesantes que me han pasado en años recientes (lo bueno y lo malo) han estado relacionadas con Planeta en fuego.

Es en momentos como estos, además, en que vuelves a tus orígenes, como rastreando los espacios que te dieron confianza y confort. Como buscando el calor y la estabilidad de las etapas gratas para poder así seguir el recorrido ya sin traspiés, sin importar que todavía andes descalzo. Me detuve entonces a pensar en esas cinco cosas a las que vuelvo cuando necesito confort y ganas de reír como un auténtico tonto. Y acá va la lista, ¿cuáles son las cinco cosas a las que vuelves tú?

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1

Dermis Tatú

Con ellos fue una relación extraña: si bien me gustaban desde que sacaron su disco, me di cuenta de que esta era la banda cuando me fui a vivir a Lima a mediados de 1999. Fue un momento rudo de mi vida: me había ido para allá con mis padres con la intención de radicarnos, yo tenía entonces 16 años y llegaba a una ciudad que, aunque atractiva y ordenada, me resultaba desconocida, fría y nostálgica. Nunca logré adaptarme al colegio, a los familiares con los que nunca crecí y así mi única compañía era el disco La violó, la mató, la picó que oía repetidamente en un casete con un sonido tan malo que, cuando mi hermana anunció que nos visitaría en diciembre, le pedí que se trajera el disco original que tenía mi hermano. No sólo se trajo el disco: también la demoledora noticia de que el mes anterior había muerto Cayayo Troconis. Cuando eres un adolescente y ves morir a tu ídolo quedas jodidamente shockeado y lo que sentí fue como una segunda pérdida: ahora el disco que me acompañaba en esa especie de exilio lo cantaba alguien que acaba de irse.

Al poco tiempo regresamos a Caracas y la música de Cayayo me influyó por varios años más. De hecho, este blog tiene mucho material de la banda. De hecho, también, gracias a los temas sobre Cayayo conocí a las tres personas a las que les dedico Planeta en fuego: los archivos.

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2

La danta blanca, Rafael Rivero Oramas

Álvaro Rafael y la danta blanca

Este fue el primer libro que leí. En realidad, leí junto con mi mamá alrededor de los seis años. Cada tarde nos sentábamos a leer este libro ilustrado de aventuras, y creo que fue con él que comprendí que algún día yo quería escribir libros. Mi padre tenía entonces una empresa de distribución de libros y a la biblioteca de la casa nunca le faltaron buenos tomos. Mis padres se esmeraron en darme una buena educación en casa, algo que siempre les estaré agradecido. Les debo mi inagotable curiosidad por saber siempre cada vez más y no quedarme nunca con dudas.

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3

Los cuadernos

Cuadernos de Álvaro Rafael

Hubo una época en la que escribía entre 20 a 40 páginas diarias. Tenía entre 19 y 24 años y no sé cómo rayos hice para llenar todos esos cuadernos de la foto. Dudo que gran parte del material escrito en ellos sea de mediana calidad: nunca me he considerado escritor, simplemente soy un tipo que desde niño inventa historias por entretenimiento y para no olvidar el idioma que hablo tan poco en persona.

Los tediosos compromisos universitarios y laborales me alejaron de este vicio y perdí el ritmo de escritura. Hoy, con la universidad en el pasado y el trabajo con mucha libertad, he retomado la manía de escribir en cualquier parte. De hecho, si pasan estos días por el Centro Plaza de Caracas me verán escribiendo allí.

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4

España y Malta

Es algo tan reciente que te extrañarás que lo incluya en esta lista. Todo lo contrario, que sea incluido demuestra que me basta con apilar sobre mi escritorio todos los recuerdos que traje del viaje, con ver cualquier foto y con recordar la manera como lo pasé para motivarme a realizar otros viajes. El otro año quiero ir a Argentina, aunque es probable que tenga que ir a México.

Y si el punto anterior te extrañó, el que cierra la lista seguro lo hace más:

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5

Del tamaño de un elefante

Álvaro Rafael y el elefante

Y estás aquí porque así de ese tamaño tantas veces te dije te quiero y porque así de ese tamaño aún lo sigo haciendo, porque a pesar de que las distancias son enormes todavía logras sacarme una risa, porque todavía me remueves el alma. Porque nunca me dejas indiferente y porque siempre logras que alguien como yo vea las cosas de una mejor manera. Y ese es un gran logro, es lo mejor que haces por mí. Todo lo demás que pudiera escribir aquí ya lo conoces.

¿Por qué no soy nacionalista? » Porque el concepto Estado-nación surgió en una época ya muy superada de rebeliones llevadas a cabo por una naciente burguesía (siglo XVIII) que finalmente logró su único (y válido) objetivo de establecer Estados independientes y sometidos al imperio de la Ley. Porque uno no tiene la suerte de nacer en el país en el que nace porque no lo puedes elegir, simplemente naces allí. Porque el nacionalismo restringe tu manera de relacionarte con las novedades que ocurren afuera porque siempre creerás que lo tuyo es lo mejor o porque simplemente temes a la crítica de ser un alienado víctima de la transculturización. Porque el nacionalismo conlleva cierto grado de sectarismo y racismo. Porque es usado por las clases dominantes para idiotizar (aun más) a las masas. Porque el nacionalismo es invocado a menudo por tiranos (de derecha e izquierda) para justificar sus atropellos. Porque, en fin, me considero un ciudadano de mundo, favorable a una jurisdicción internacional, a la liberación de las fronteras, del comercio, al intercambio entre culturas como forma de enriquecimiento. Que no sea nacionalista no implica tampoco que sea indolente con mi país: todo lo contrario, busco lo mejor para él porque haciendo que el país donde naciste sea cada día mejor consigues que todos los demás lo sean. Por todo lo expuesto no puedo congeniar con el nacionalismo. (0)