Mayami nuestro (1981), Carlos Oteyza

Escrito por en Estado social
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Si de algo ha servido aquel video del que ahora ya nadie quiere hablar y que trata un tema del que nadie nunca quiso hablar, es que ha traído al debate cuestiones como qué somos los venezolanos, cómo nos vemos a nosotros mismos y la manera como nos relacionamos con el país.

Se ha escrito mucho, muy buenos artículos y otros no tanto, pero lo mejor de todo es que se han rescatado algunos documentales de verdad que también hablan de nosotros, hablan tanto que nos sentimos molestos, incómodos.

Uno de esos documentales es este, del que había oído hace tiempo pero recién tengo la oportunidad de verlo: Mayami nuestro, en el cual se presenta aquel país de fantasía de finales de los setenta y principios de los ochenta, cuando el dólar barato daba la oportunidad a los venezolanos de ir los fines de semana a Miami a dilapidar el dinero producto de la bonanza petrolera.

Un país dormido, que vivía en el sueño de creer que este es un país rico, y que cuando despertó se encuentró con el Caracazo y que luego se aventuraba a los golpes de Estado de 1992.

No concibo la libertad económica sin la libertad política y social. Esto lo digo en relación a algo que me comentó recientemente una amiga: que muchas personas y partidos políticos que apoyan el liberalismo económico suelen ser en temas sociales y políticos muy conservadores, muy de derechas. Le di la razón, porque ciertamente hay esa tendencia a negar esta multiplicidad de libertades en personas que apoyan de manera consciente o no, doctrinaria o simplemente pragmática, el liberalismo, lo cual hay que superar. La libertad política y social implica que cada persona/entidad jurídica debe tener abierta la posibilidad de elegir lo que mejor le convenga, sin afectar a otro, claro, sin que el Estado se lo impida. De allí que le comentara a esta amiga (que cree no tener alguna coincidencia política conmigo) que en lugar de propugnar un Estado centralizado y fuerte (como están proponiendo algunos partidos políticos que en teoría son liberales) hay que ir en lo político hacia un verdadero federalismo, en el cual cada estado del país maneje un sistema fiscal propio y que invierta en el desarrollo de su propio estado, que regule su educación y salud, que tenga un sistema judicial autónomo y un legislativo con competencias reales y no simbólicas como ahora, que no se vea en la necesidad de mendigar al Estado central lo que le corresponde o, peor aun, lo que éste le expolia. En temas sociales sabía que tendríamos unas coincidencias que ella, que se considera de izquierdas, no esperaría de mí, cuando más bien deberían ser estos aspectos propios a tratar por los liberales: le hablé de la necesidad de ir hacia la despenalización de las drogas (cuya inútil guerra en contra solo deja muertos y corrupción) y del aborto (que se practica de todas formas y condena a las más pobres a morir en centros clandestinos), a leyes que permitan una muerte digna,  las uniones civiles entre personas del mismo sexo; son estos temas que a muchas personas chocan, incomodan, pero no podemos imponer nuestras creencias a los que piensan de modo distinto a nosotros. Mientras no se vea que la libertad no solo debe ser económica, no habrá libertad real para que cada persona se desarrolle como mejor considere. (0)

Rogelio, el publicida: «Johnnie Walker se detiene en medio de la calle, contempla las ramas de los árboles sacudidas por la brisa que corta el silencio, mira hacia atrás el largo recorrido que ha dado y, angustiado, se pregunta: ¿Y ahora qué? ¿Hacia dónde caminas, Johnnie Walker, cuando has llegado al límite de tus ansías?»

Johnfreddy, el intenso: «Algunos me critican porque, según ellos, no expongo ideas originales. Es mentira, solo guardo lo interesante para mi interior»

El 14 de febrero se celebra San Valetín, el día de los enamorados, pero ¿por qué no día del despechado, de la antigua amante rencorosa? ¿Por qué somos tan escrupulosos al momento de demostrar unos sentimientos y ocultar otros? Así como se celebra un amor, también se lamenta la pérdida de un amor. Sentimientos en los polos opuestos, pero que nos demuestran que vivir es una experiencia asombrosa. Todas mis relaciones se fueron apagando entre el fastidio y el tedio. En ocasiones, cuando soy oídos en la historia de algún amigo o alguna amiga destrozado confieso que se me van acumulando las palabras en la cabeza, las ganas de gritar: «Idiota, estás vivo, entregaste el alma y ahora te la arrojan a los pies de un tembloroso cuerpo; disfruta ese vacío, recoge las piezas, ya ocurrirá otra vez, las subidas y las bajadas, solo dejamos de sufrir cuando ya estamos muertos, y en ese momento no seremos testigos de nuestra grandeza emocional». En el fondo, quizá me mueva la envidia, porque es mejor terminar entre estallidos que ver agonizar una relación y confirmar su fin con una carta mediocre, con excusas insostenibles, formas despojadas de las emociones que alguna vez nos despertaron la otra persona. Amen, disfruten, lloren, anhelen, envidien, celen, celebren, descubran, vivan el ahora porque cada momento imprime en nuestra memoria una nueva emoción que no merece rechazos. (0)