Parlamentarismo en Venezuela

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Más que cambiar un hombre, hay que cambiar un sistema.

En el año 1998 los venezolanos votaron para el cambio y el actual gobierno desvió esas ilusiones hacia un socialismo por el que nadie votó. Es momento que la oposición política venezolana tome los sueños defraudados de cambio y recupere la década perdida que significa la revolución bolivariana.

El actual gobierno de Venezuela ha degenerado en lo peor de la IV República: hay más control del Estado sobre la vida de cada ciudadano, los poderes públicos que antes apoyaban discretamente al gobierno de turno ahora hacen abiertamente campaña proselitista, los órganos de seguridad del Estado se han transformado en aparatos de represión del gobierno de turno, la corrupción y la burocracia han alcanzado niveles escandalosos y no hay contrapesos que detengan esto porque todo está en manos de un solo hombre.

Es por eso que la oposición política venezolana, en lugar de perder el tiempo con propuestas aburridas, debería arriesgarse a dar un paso al frente con una propuesta de país innovadora y valiente, que haga que en este país el Estado y el Gobierno sean dos entes separados, que la descentralización señalada en la Constitución sea una realidad, que los poderes públicos se controlen entre sí realmente y que no permita que todo el poder esté concentrado en un solo hombre sino que se democratice.

Acá en Venezuela se debe hablar no de cambiar un presidente por otro presidente, sino de cambiar un sistema por otro, acá se debe hablar de parlamentarismo.

El parlamentarismo debe ser esta innovación necesaria que requiere el país. Debe ser esa propuesta de país que recoja las esperanzas de cambio para tener una Venezuela moderna, avanzada, independiente y realmente soberana y democrática. El parlamentarismo ha demostrado en muchos países ser el sistema político más adecuado, el más flexible para manejar las crisis políticas, el más sincero en cuanto al manejo del Estado por parte del Gobierno (porque un Gobierno es eso: un administrador temporal del Estado), el más regulado por los propios órganos del Estado y por los propios ciudadanos, el más representativo de todo el espectro político nacional y, sobre todo, la mejor fórmula para crear partidos políticos fuertes (tan necesarios para una democracia, y que en Venezuela hemos muy poco… la mayoría son partidos-franquicias que surgen para cada elección entorno a una figura carismática y no organizaciones con ideología clara).

Si realmente queremos un cambio en este país eso no lo conseguiremos hablando sobre el mismo tema; en la innovación está la posibilidad de salir de este estancamiento y es el momento en que en este país se propongan nuevas ideas para poder así, de alguna manera, refrescar la política nacional, paralizada durante esta década perdida.

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Primera versión de este artículo, 2005

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