Archivos para Marzo, 2006

Escrito por Álvaro Rafael en Estado de política

·

Mi respuesta a tan común pregunta sobre el origen de las crisis de nuestras democracias latinoamericanas está orientada a la manida tesis del desgaste del sistema —o establishment, como exuberantemente llama esa importada izquierda made in Argentina que pulula los estudios de Telesur—. Esta tesis dice genéricamente: «Si nuestros pueblos eligen o están dispuestos a elegir a demagogos populistas y aspirantes a dictadores es porque están cansados del menú político tradicional, y por ello optan por el plato exótico que rompe con la cotidianidad, aun cuando dentro de sus promesas presidenciales no esté el simple apego por el ordenamiento jurídico sino el mismo Cielo en la tierra…».

Mariano Rajoy (PP), en sesión de la Cámara de los Diputados (España)Los puntos suspensivos no son casuales: porque aquella respuesta generalmente queda muerta, rara vez tiene un complemento; pocos aportan soluciones concretas para evitar el advenimiento de tales Mesías que son, en fin, la consecuencia de tales crisis. El cambio necesario no requiere fórmulas autoritarias ni demagógicas. El cambio es remozar el sistema democrático. Una vez más, considero el parlamentarismo como la mejor opción para sepultar eternamente la historia caudillesca latinoamericana. Un régimen parlamentario cuenta con los mecanismos necesarios para evitar la concentración del Poder total en un solo hombre y en su camarilla, origen de la corrupción y la ineficacia administrativa que se traducen en el mal fundamental de nuestras democracias: la pobreza, pobreza que empuja al desamparado a la fe por el Mesías, convirtiéndolo en un ser dependiente de su favor, en un ser idiotizado incapaz de valerse por sí mismo. Un régimen parlamentario no sólo vitaliza periódicamente el escenario político nacional, sino también a las instituciones democráticas.

El parlamentarismo es la módica prenda que agrego a una respuesta tan conocida.

.

PD: Una democracia requiere la buena oxigenación de sus partidos políticos. Algunos de los motivos de la evidente debilidad de nuestros partidos son 1. la falta de definición ideológica —o la poca claridad (o la hipocresía) con que plantean sus programas (que suelen ser genéricos, vagos, frívolos, cuando no viscerales)— y 2. el desperdigamiento que vemos cuando se forman partiditos de electorados similares entorno a alguna figura pública (que, por lo general, se esconden bajo la figura de movimientos, asociaciones civiles o ONG). Todo ello hace que los partidos políticos se han vistos, en el primer caso, como simples aparatos electorales conformados por sujetos «ávidos de poder» o, en el segundo, como peñas políticas sin mayor trascendencia que la cobertura que genera alguna declaración o manifestación destempladas que, generalmente, se olvida rápidamente.

POST-PD: ¿Cuándo será el día en que se unan en un solo partido todos aquellos que, aun en cierta medida, abrazan los ideales del llamado «humanismo cristiano», del progresismo y del libre mercado como fórmulas que tiene el individuo para desarrollar una sociedad próspera y más realista que la pregonada por el socialismo?

______________________

crisis de los partidos políticos, necesidad de partidos políticos fuertes, partidos políticos de Venezuela, necesidad de partidos políticos, la democracia y los partidos políticos, fotos de Mariano Rajoy

Escrito por Álvaro Rafael en Bocetos, Misery Loves Company, Relatos, Rock venezolano, Sonidos del mar

El poni

El poni (2005),

Álvaro Rafael.

·

Iba recorriendo lentamente los largos pasillos de la derruida casona, penetraba sus traslúcidas salas, oía el viento que azotaba la hierba de los jardines, verdes, laberínticos, y el frío de la larga nota de piano, una larga nota triste y repetitiva, recorrió mis sentidos.

La niña está lejos, en otro salón de esta solitaria casona, cuyas paredes cada vez son más enormes y cada vez me separan más de ella. Sus notas me aterran, retumban nuestra soledad. Quiero ir hasta ella, quiero traspasar cada salón y cada haz de luz y llegar hasta ella, verla tocar en su piano delante del ventanal, quiero ver el ondular de la grama tras ella. Pero el sonido se aleja, repercute, es ronco… El sonido va mitigando, y por fin desaparece, mi búsqueda concluye y retorno por la escalera retorcida a mi habitación.

Sólo hay silencio.

Siempre habrá silencio.

______________________

Escrito por Álvaro Rafael en Estado de política

·

1

Nunca me ha gustado Bolívar. Su sacralización en las escuelas me generaba repulsa; ya en mis primeros años, cuando empezaba a cuestionar la existencia de Dios, no podía sino sentir fastidio y antipatía ante un humano a quien los profesores trataban con esa mezcla de admiración y terror —para no ofenderlo, claro, ya que suponían su omnipresencia— que produce cualquier divinidad. Bolívar era, más que un simple humano que pensó para su tiempo y sus circunstancias, una divinidad venida a la tierra para convertirse en el padre de una Patria que comenzábamos a descubrir con desilusión porque nada tenía que ver con ese «paraíso» que nos legó al derrumbar a la tiranía española.

Y ante este cuestionamiento hecho público de su magnificencia siempre irrumpía la típica profesora de Bachillerato que espetaba traiciones, desviaciones del Poder y manipulación de sus ideales, así como defendería a Jesucristo o a Mahoma cualquier fanático de nuestros días. Pues era el bolivarianismo una religión patriotera practicada por derrotados y anacrónicos, seres amargados y ofuscados por las imposibilidades de encajar un pensamiento decimonónico en el presente y empeñados en vivir épocas «gloriosas» y justificar las miserias actuales en supuestos extravíos de los dogmas revolucionarios. Una religión de la que me creí por fin libertado cuando egresé sin honores del seminario bolivarianista en 1999.

·

2

[Trata de la asunción de Bolívar como figura vigilante del actual proceso político venezolano. La historia es harto conocida y no es tema de este post]

·

3

Vivimos en la actualidad vigilados por la figura del Bolívar divino. Todo cuanto nos rodea nos refiere a su figura, ya sea de manera indirecta o directa, como el Gran Hermano orwelliano. Su apellido, estirado hasta límites esquizofrénicos, ha venido a adjetivar desde la República hasta a un sector político, mientras que para los iconoclastas el empleo de la palabra bolivariano se ha convertido en sinónimo de mala calidad, ineficiencia, desidia y militarismo. Cuando una figura religiosa tiende a sobreexponerse inevitablemente terminará siendo vulgarizada por sus propios cultores, y así durante los últimos años Bolívar se ha ido convirtiendo en el fetiche que exhiben quienes estimaban contar con su respaldo divino para hacer creer que son más venezolanos que los otros, quienes no se identifican con el adjetivo bolivariano. Es así como los veneradores de la figura del Bolívar divino se estimaban con la responsabilidad de encaminar al país hacia eso que consideran la «verdad traicionada», la pureza de los ideales del Bolívar divino (muchos de los ideales que le atribuyen hoy en día son, por cierto, dudosos sino francamente apócrifos).

De unos años para acá, en contrapartida a esta sobreexposición de la figura de Bolívar, fue gestándose lo que parecía una nueva y bien estructurada iconoclasia, conformada por seres inteligentísimos que desafiaban ante los micrófonos o en artículos de prensa la figura del Bolívar divino. Ante su magnificencia y sus rasgos guerreristas —enfatizados por la actual propaganda militarista— ponderaban su condición humana y su lado civilista, sin soslayar que era un hombre del pasado. ¡Bolívar ha muerto —decíamos quienes en algún momento creímos ser una secta rebelde, periférica y desconfiada—, Bolívar es pasado, lo hemos superado y no volveremos a invocar su pensamiento ni su protección en estos días…! Y digo que parecía, porque la política nos tiene acostumbrados a sus giros y paradojas.

Porque aquellos mismos personajes que antes desacralizaban la figura de Bolívar son los mismos que hoy se «escandalizan» al ver a un Libertador emplumado desfilar por las calles de Río de Janeiro en su pagana celebración de carnaval. Entonces, cabe preguntarse ¿es que acaso eran unos hipócritas que utilizaban la desacralización de Bolívar como parte del arsenal político opositor (lo cual sería una estrategia frívola y sobre todo incorrecta, que para nada contribuye a la credibilidad que perseguimos, ahora que se muestran como «defensores» del Bolívar-no vulgarizado) o simplemente el bolivarianismo sigue vigente en nuestros días a tal punto que, ante una «profanación», quienes antes lo rechazaban regresan a Él y reaccionan con un fervor tan sólo un escalón por debajo del que han mostrado los musulmanes ante las caricaturas de su profeta Mahoma?

·

Escuela de samba Vila Isabel

·

PD: Este agregado lo escribo dos días después del texto precedente, a pocas horas de conocerse la noticia del triunfo de la escuela de samba Vila Isabel. Me llama la atención el doble juego de emociones que ha despertado esta noticia: por una parte hay la «alegría» de los bolivarianos ante una «exquisita» (y costosísima) representación del Bolívar vulgarizado al que rinden culto abierto, mientras que la «indignación» ha correspondido paradójicamente al sector que no se consideraba bolivariano. El derroche del Estado venezolano en financiar este monigote es secundario: las quejas son sobre todo por la «ofensa» al Bolívar divino.

______________________

Antibolivarianismo, anti-bolivar, Bolívar y Mahoma, Bolívar y el Islam, Bolívar y el extremismo, Bolívar divino, Culto a Bolívar, Anticulto a Bolívar, Anti-culto Bolívar, Bolívar y samba, Bolívar y los carnavales de Río, bolivarianismo