Archivos para Julio, 2006

Escrito por Álvaro Rafael en Estado social

Advertencia sobre tema polémico: esta es una entrada que constituye una opinión del autor, y como tal puede prestarse a controversia u ofender a toda persona que discrepe de las posiciones y visiones del autor.

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Palafitos

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Desde hace días pienso en la etimología de Venezuela y en la implicación que pudiera tener el sufijo –zuela en nosotros. Ese sufijo despectivo dio la casualidad de formar parte de nosotros, ese sufijo de desprecio, ofensa y denigración que, sin quererlo y acaso sin notarlo, nos ha conducido a ser un país de seres sufridos, las pobres víctimas del Destino y sus circunstancias, los maltratados que buscamos en el placer inmediato el alivio a nuestra mala suerte. Basta con examinar a los extremos sociales para comprobarlo: miremos a las clases menos privilegiadas, que transforman mágicamente su mísero sueldo en artefactos o prendas costosas, y mientras exhiben este lujo extravagante sostienen con la otra mano el techo que se les hunde, y al menor cuestionamiento sobre su prodigalidad levantan el quejido de «merecemos algo mejor». Por otra parte, miremos a las clases más privilegiadas, que se empeñan fervorosamente en aparentar un exquisito nacionalismo y que al primer momento que tienen la oportunidad se largan del país para vivir en Miami, Nueva York o Madrid la buena vida que aquí les impide unas circunstancias que los encapsula en su pequeño y lujoso mundo aparte (donde viven, de hecho, su fantasía de creerse en Miami, Nueva York o Madrid), pero eso sí…, nunca dejarán atrás el corazón vinotinto y la gastronomía y las buenas mujeres y los peloteros que tenemos y que son, en el extranjero, nuestra mejor carta de presentación como venezolanos.*

Este es un país donde el dinero quema las manos, el pretexto de la insaciable devaluación que convierte nuestro fajuelos de billetes en billetezuelos pudiera resultar apetecible, pero a mí no me convence. Llevamos en el alma ese desgraciado sufijo contra el que luchamos para tratar de «aparentar» lo mejor. Pero es una lucha mal llevada, encaminada por la frivolidad.

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El nombre de Venezuela cuenta con teorías que riñen a los opuestos políticos tradicionales, pero es una riña entre dos púgiles impulsados por la misma bandera: por un lado, la izquierda desmiente la teoría tradicional según la cual etimológicamente Venezuela deriva del avistamiento de los palafitos por parte de Américo Vespuccio y que le recordó a Venecia, y por ello dio el nombre a estas tierras como «Venezuela», es decir, Venecia pequeña, algo como Venecia pero que jamás alcanzaría su nivel, una poca cosa, una cosa casi caricaturesca (es así como nacemos como nación, según esta teoría, con la marca de la insignificancia).

Esta teoría tradicional, según la izquierda, es consecuencia de la perversa dominación de la oligarquía criolla y su consecuente repetición goebbeliana. De allí parte la otra teoría sobre el origen de nuestro nombre, también proveniente de la izquierda (oh pobre derecha, siempre muda, nunca se defiende): Venezuela se dio a conocer como Venezuela gracias a la boca del despreciable y genocida hombre blanco conquistador que oyó del salvaje llamar a estas tierras con el nombre de Veneçiuela. Es así que esta teoría busca librarnos de la pequeñez del sufijo –zuela, aunque tuviera que recurrir —con sarcasmo intrínseco— a la percepción que diera el hombre blanco conquistador al indígena, el mismo que busca redimir esta teoría etnonacionalista.

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Reivindicación histórica-nacionalista o no, nuestro sello de identidad tiene por un lado la pequeñez y por el otro la percepción del odiado enemigo sobre el derrotado, por más que intentemos zafarnos llevamos a cuestas la tormentosa carga del –zuela. Somos mujer, pero mujer herida, asimismo somos hombre agresor. No es gratuita nuestra afición por las telenovelas: son clásicos audiovisuales los personajes de la mujer sufrida (digamos, en este caso, Venezuela, en su teoría de pequeña Venecia) que se revela contra su Destino opresor gracias al galán que la dignifica (digamos, Veneçiuela). De hecho, nuestra obra cumbre literaria, Doña Bárbara, representa sintéticamente esta divergencia existencial entre la humillación y la dignificación. Tampoco es gratuito de que siendo unos de los países más violentos del mundo (no esperará el amigo lector que una sociedad marcada por el sufijo –zuela albergue los más saludables sentimientos), los certámenes de belleza, con todo su esplendor y glamour artificial, sean motivos de embelesamiento porque nos alegan de nuestra mustia realidad.

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* Si detenemos a cinco venezolanos comunes en la calle y le preguntamos quién le causa más orgullo como venezolano, si un Andrés Galárraga o un Humberto Fernández-Morán, ¿cuál cree que será la respuesta?

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Artículo sugerido El ahorro y la venezolanidad

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Escrito por Álvaro Rafael en Estado de política, Estado social

Advertencia sobre tema polémico: esta es una entrada que constituye una opinión del autor, y como tal puede prestarse a controversia u ofender a toda persona que discrepe de las posiciones y visiones del autor.

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Uno de los países más admirables (con toda su controvertida y polémica historia, muchas veces cuestionable) es sin duda Israel. El estado judío ha logrado construir en un desierto increíblemente inhóspito un estado moderno y Occidental, en medio de vecinos geográfica y demográficamente mayores y políticamente hostiles. Este hecho representa verdaderamente un empeño de conseguir el éxito y una voluntad de hierro por no dejarse doblegar. Repito, con todo lo cuestionable que pueden resultar algunos episodios de su historia, lo que ha conseguido Israel es admirable y ejemplo para la Historia.

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El Estado de Israel se enfrentaba ante una amenaza capaz de producir mayor daño que el que pudiera dejar un ataque de guerra o terrorista. Israel se encontraba ante la cierta amenaza de ver socavada su moral con la lacra del secuestro que, en la actualidad, se ha convertido en una nueva arma que los terroristas han copiado de sus pares del convulsionado Irak. Porque mientras sufrir un ataque de guerra o vivir la barbarie de un acto terrorista estimulan ese narcótico colectivo del patriotismo, los secuestros golpean la moral por la sensación de angustia e incertidumbre que generan.

Colombia es un lamentable ejemplo de lo que ocurre cuando un gobierno laxo no detiene el secuestro —y la violencia en general— en su etapa inicial. La mejor estrategia para desmotivar la amenaza que implica la proliferación de los secuestros es sin duda la demostración contundente de fuerza por parte del Estado. Así, el Estado de Israel tiene todo derecho y la imperiosa obligación de usar la fuerza para contener una amenaza que claramente buscaba su desarticulación y, como último paso, su destrucción, tal como es de los deseos del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad. (Cabe el inciso para señalar cómo algunos elementos de nuestra pintoresca izquierda latinoamericana apoyan ciegamente a la cabeza de un estado teocrático, cuando por estos lados pregonan el también ciego desprecio por la religión y exaltan las virtudes aconfesionales).

El Estado de Israel busca la defensa de sus intereses nacionales así como nosotros los venezolanos nos armamos hasta los dientes para defender los nuestros ante la inminente invasión.* En cambio, los promotores de la violencia arrastran irresponsablemente a sus pueblos al sufrimiento que, sin tapujos, capitalizan para continuar con su política terrorista: son sus grandes jefes quienes buscan el mayor daño para su pueblo a fin de sembrar el odio que luego cosecharán para convertir a jóvenes en los futuros mártires de su guerra santa, que son sus armas con las que pretenden la conquista del Poder.

¿Qué puede hacer entonces el Estado de Israel? ¿Quedarse de brazos cruzados mientras se convierte en testigo y cómplice de su destrucción? Un pueblo que ha sobrevivido más de tres milenios de opresión, pogroms, campos de concentración, diásporas…, y que finalmente fue capaz de construir en la nada uno de los estados más modernos del mundo en medio de la hostilidad geográfica y política, difícilmente claudicará. No lo hará, porque se ha plantado con la firmeza que merece la situación.

PS: A la hora que escribo estas líneas el conflicto ha adquirido unas dimensiones mayores. Hezbollah, la poderosa guerrilla libanesa proiraní, lanza sus cohetes Katyusha a ciudades israelíes. Este movimiento actúa con total libertad en el territorio libanés, e incluso uno de sus miembros, Muhammed Fneish, es ministro del Gobierno. Los responsables de la política israelí justificación su incursión en territorio libanés alegando la debilidad gubernamental de actuar contra esta organización armada.

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* Así como también defendemos el derecho de defensa de Corea del Norte que, como dijo nuestro ministro de Comunicación e Información, «tiene todo derecho a poseer misiles» e invertir en sus pruebas y perfeccionamiento, sin importar que el pueblo norcoreano viva en la absoluta miseria.

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Escrito por Álvaro Rafael en Bocetos, Relatos

Un día después (2005),

Álvaro Rafael.

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Quiero ser el único que te muerda la boca,

quiero saber que la vida contigo no va a terminar

Sin documentos

Los Rodriguez

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Quería decirte algo sencillo pero una imagen fue más extensa que las palabras.

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Te quiero sentir acostada a mi lado, antes de caer otra vez dormida, sonriente y hermosa, y besar suavemente tu cuello y sentir tu respiración sobre la almohada, cerca de mi rostro.

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Dime si duermes o es una continuación del placer.

Dime si lo que ves es un sueño o desperté lo que siempre esperaste ver.

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No sabía cómo empezar a decirte lo dulce que es observarte hasta que supe que el silencio es la fina nota que acompaña la forma de tu cuerpo. Mirar tus pies descubiertos de las sábanas, mirar tus manos entrelazadas a mis manos y sentir el manso bombeo de tu corazón recorrer mis manos.

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Dime si duermes o es una continuación del placer.

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Dime si mi ansiedad porque te marches ahora, aunque sea un momento, no es real. Quiero que mis manos no suelten tus manos, quiero tocar tus manos y que tus labios toquen otra vez los míos.

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Dime si esta sensación es real o es parte de un cálido sueño.

Dime si duermes o es una continuación del placer.

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letra «sin documentos» Los Rodríguez, Calamaro 22 de noviembre de 2008, Calamaro en Caracas-Venezuela, poesí erótica venezolana