Archivos para Abril, 2008

Escrito por Álvaro Rafael en Estado de política, Estado social

Actualización: Venezuela atraviesa en estos momentos la peor crisis energética de su historia, con apagones diarios que interrumpen el progreso del país. Es irónico, siendo Venezuela un país con grandes reservas energéticas. Es indignante, teniendo Venezuela un Gobierno dadivoso con los demás países de la región mientras los venezolanos, sus gobernados, sufren la miseria.

Esta nota trata sobre el apagón ocurrido en Venezuela el 29 de abril de 2008. Desde entonces han ocurridos tres apagones más (apagón en Venezuela del 01 de septiembre de 2008, 19 de octubre de 2008 y 11 de diciembre de 2008). Venezuela, un país que se jactaba de potencia eléctrica, sufre en menos de 8 meses 4 apagones de considerable magnitud.

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Si este apagón hubiera ocurrido estando las empresas eléctricas en manos de empresas privadas ¿no habría sido «suficiente motivo» para que el Gobierno nacional hubiese pedido la expulsión de sus dueños privados en beneficio de una supuesta «recuperación nacional»? El apagón ocurrió estando las empresas eléctricas en manos del Estado, ¿no es motivo para que nosotros, los ciudadanos afectados, pidamos la expulsión de tales empresas (y hasta de la administración del Estado) de quienes las controlan (mal)?

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¿Quiénes son los responsables?

·En cualquier país donde las instituciones sirvan (y no para ocultar entre ellas mismas sus propias fallas) y sus funcionarios públicos asuman los costos políticos con (al menos un poco de) dignidad, el primero a quien le correspondería hacer esa pregunta es al propio Gobierno nacional: ¿Quiénes son/fueron los responsables del apagón en Venezuela/Caracas?

Pero como vivimos (desde siempre) en un país administrado por unos irresponsables, improvisados y chapuceros, no podemos esperar más que la desviación de culpas (recuerden al concejal del Municipio Libertador que acusó a la CIA del problema de la basura en Caracas) o la minimización de un hecho tan grave. Nadie asumirá sus responsabilidades.

En un país que funciona, un apagón de la magnitud que acabamos de sufrir los venezolanos se paga caro.

El Gobierno nacional (no lo hará) deberá responder muchas preguntas que gravitan en este momento:

·¿Cuál es el estado actual del sistema eléctrico nacional? ¿Valieron la pena las nacionalizaciones hace poco realizadas por el Gobierno nacional (nacionalizaciones que buscaban «recuperar» las principales industrias eléctricas del país de las «trasnacionales», en perjuicio no de los intereses de una empresa monumental como AES, a la cual le puede importar un pito perder su filial venezolana EDC, sino de muchos pequeños inversionistas locales)?

En este momento que se habla de la nacionalización de SIDOR, cabe hacerse la pregunta ¿es necesario insistir en la estupidez de aumentar el tamaño del Estado, devorando más empresas privadas? ¿No es acaso muy evidente que el Estado, o al menos el Estado administrado por este Gobierno que representa la quintaesencia de la mediocridad, NO se puede dar abasto para controlar por sí mismo la totalidad de los servicios básicos?

Si este apagón hubiera ocurrido estando las empresas eléctricas en manos de empresas privadas ¿no hubiese pedido la expulsión de sus dueños privados en beneficio de una supuesta «recuperación nacional»? El apagón ocurrió estando las empresas eléctricas en manos del Estado, ¿no es motivo para que nosotros, los ciudadanos afectados, pidamos la expulsión de tales empresas (y hasta de la administración del Estado) de quienes las controlan (mal)?

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Este apagón, de una magnitud inimaginable en los tiempos que corren, debe tomarse como una muestra más de la incapacidad y la irresponsabilidad de un Gobierno que descaradamente invierte grandes cantidades de dinero en política de propaganda más que en el bienestar doméstico. Que ocupa todas sus fuerzas en la realización (imposible) de sueños caducos mientras cada vez más se va alejando de la realidad que afecta a los ciudadanos comunes, los mismos que hoy tuvimos que caminar kilómetros para llegar a nuestros hogares mientras las maletas llenas de dinero siguen volando en lujosas avionetas.

Esto es indignante.

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Escrito por Álvaro Rafael en Estado de política

Unamuno tras su enfrentamiento con Millán Astray
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Uno de los íconos fascistas más conocidos y citados de todos los tiempos es el infeliz José Millán-Astray, un militarcito español que habría sido una mancha en los libros de Historia de no haber exclamado en 1936 su famosa frase:

¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!

Si acaso hay una frase que condense el «pensamiento militar» no hay lugar a dudas que la de Millán-Astray debe ser considerada la más lograda y sincera que se haya dicho. De que los militares odian la inteligencia es un hecho cierto: el militar acata órdenes. De que los militares exaltan la muerte no admite discusión: la milicia no fue precisamente creada para amar al prójimo.

Alguien, no obstante, acaba de aparecer en escena para amenazar la memoria de Millán-Astray y podría convertirse —si las cámaras de televisión, para risa nuestra, siguen transmitiendo sus cacofónicos discursos— en el nuevo teórico del «pensamiento militar». Es venezolano, General para más señas y responde al nombre de Gustavo Rangel Briceño, Ministro de Defensa de la República Bolivariana de Venezuela.

Considero que el discurso que ofreció recientemente es conocido por muchos, si no, aquí hay un resumen y aquí hay otro para que lo lean ustedes mismos. No lo comento yo porque es difícil ironizarlo: el propio general ya hizo todo el trabajo por mí. Únicamente extraigo una modesta selección de frases pronunciadas por este nuevo teórico del «pensamiento militar» de la revolución (militarista, fascistoide y) bolivariana:

Muchos compran celulares y otros aparatos que no saben manejar, pero están en la moda. [Yo] sólo [conozco] del celular la tecla verde que dice send. Lo demás no lo [toco] para no complicarme.

Cuando iba a las celebraciones católicas, recuerdo a más de un cura decir «hasta que la muerte los separe». Ahhh, ¿por qué ellos sí pueden decirlo y nosotros no? Aquí se nos va la vida en lo que estamos haciendo y esto es hasta la muerte.

Tenemos una realidad en la mano y es política. La oportunidad que tenemos es política [y se repite la palabra política/o unas… 20 veces más].

Un artículo interesante Los gorilas sí hablan.

Otro artículo que no tiene pérdida, del siempre genial Manuel Caballero Las batallas del General Briceño Rangel.

Hace tiempo me preguntaba aquí para qué sirven los militares (para nada útil).

» Bonus track: vea la curación de Gustavo Rangel Briceño, ministro del Poder Popular para la Defensa de Venezuela, mientras es curado por el espíritu santo:

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Imagen de previsualización de YouTube

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Escrito por Álvaro Rafael en Anticuarios, Rock venezolano, Sonidos del mar

Sentimiento Muerto

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Era una deuda pendiente. En entradas anteriores (aquí y aquí) había rendido un tributo a la genialidad malograda de Cayayo Troconis, mencionando sobre todo a Dermis Tatú y a PAN, pero muy poco a la banda con la que conocimos su talento: Sentimiento Muerto. En los tiempos actuales de protosecuelas, este blog tenía que regresar al origen de todo.

Si acaso me preguntaran cuáles fueron mis primeras bandas de rock venezolano de las que me hice seguidor respondería Zapato 3 y Sentimiento Muerto. La obra de Sentimiento Muerto tuvo una característica que definió su estilo: el hacer música contra las adversidades y darse a conocer mucho antes de que tuvieran un contrato discográfico o existieran las facilidades que en la actualidad ofrece Internet (con páginas como Myspace.com, por citar una sola). En una época en que hacer rock en Venezuela (en todas sus variantes) era un tabú, una asociación fácil y gratuita al malandraje y a la mediocridad, Sentimiento Muerto logró colocar en muchos reproductores sus famosos casetes y convertirse en una banda de culto sin necesidad de que pasaran años de olvido.

Quería colocar canciones que no fuesen las que conocemos de sus discos editados, así que acudió César Tovar, a quien agradezco su interés por colaborar en Planeta en fuego al pasarme estas canciones que, como yo, espero que las disfruten.

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Rock hecho en Venezuela

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Escrito por Álvaro Rafael en Asides, Breviario, Misery Loves Company, Relatos

Imagen tomada de Flickr

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En una nota dejada sobre la cama leí tu delgada letra, temblorosa como cuando te encontré por primera vez sentada sola a la sombra de un enorme castaño, y tus manos recorrían una hoja y un lápiz pequeño y risible formaba temerosamente la figura de una gran ave, y me decía que te marchabas por un tiempo, que habías despertado del sueño que pasaste días en mi cama para regresar a la compañía de tu marido, porque al final buscabas la estabilidad y yo te ofrecía a cambio el desorden y así, sobre sábanas maltrechas, hallé tu nota, pequeña y sin adornos, y te confieso que la besé, besé cada letra porque al extremo de ellas imaginaba tus dedos finos escribiendo entre lágrimas esa nota de abandono y podía sentir en mis labios que te besaba las manos y que tus manos se hundían en mi cabello y grité al vacío tu nombre que nunca más oirías de mi boca que tantas veces tocó tu piel, tu piel que temblaba como temblaban al dibujar un animal que me contaste que tenía la libertad que seguro ansiabas, esa libertad que traté de darte en cada caricia y en cada abrazo y sentía tu hermoso cuerpo amoldarse a mis brazos y noté que mi voz temblaba y te soltaba a tus oídos palabras que golpeaban como un zigzag que retumbaban en la humedad de tu cuerpo y sentí tus caderas sobre mis caderas y cada letra que leía de esta nota se hundía en tu cuerpo imaginario que tenía en este momento y hundía más aun cada letra de gozo que te solté tantas veces en que te di momentos para ser libre, en un lenguaje seco y robusto que tardarían siglos en traducir en palabras necias y lejanas al fervor con que solté cada letra y así la nota en mis manos temblaba y la estrechaba contra mi pecho y mi corazón saltaba al sentir tu cabeza sobre mi pecho y besar tu cabello y oírte decir cada madrugada de silencio tras paseos en que siempre solías llevar un tenue vestido rosa que abandonarías a tu esposo y te marcharías en el sinsentido del vacío porque la vida misma es un falso relleno para acallar las mayores pasiones y te amaba y sentía tus pechos en el calor de mi pecho y sinceramente te amaba y me quedaba ahora una nota que rellenaba la silenciosa soledad en la que quedaba y grité tu nombre… grité tu nombre y saboreé por última vez las letras de tu nombre con el placer del que disfruté de tu piel mientras eras mía en el desorden al que renunciaste por vivir la vida. No había ecos. No había sombras. No había quien oyera mi llanto. En ese momento, estarías llegando a tu casa, saludando a tus hijos y besando a tu marido… El silencio era sólo mío un amanecer sin sentido y lo único que me quedaba de una miserable nota era un sueño del que tan sólo despertaste para continuar una necia comedia.

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