Archivos para septiembre, 2008

Escrito por en Administración, Asides, Personales

Torre Multinacional de Seguros,

La Castellana, Caracas (2006)

Virginia Palomo.

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Advertencia: esta es una entrada tranquila e incluye una técnica para posicionar un blog.

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No, no me refiero a la película basada en la historieta de Frank Miller, sino al número de comentarios al que llegó hoy Planeta en fuego.

Trecientos comentarios para un blog relativamente nuevo y que recién llegaba a los 100 comentarios a finales de marzo de este mismo año 2008.

Lo que podría parecer un golpe de suerte no es más que una estrategia para hacer más fácilmente ubicable este blog en los distintos buscadores, y aquí el consejo del día para los nuevos blogeros: coloquen en cada entrada publicada etiquetas y palabras claves (que, en este blog, aparecen al final de cada entrada en texto transparente para no distraer la atención del artículo) y pongan títulos cortos y precisos para que los motores de búsqueda indexen rápido.

Los siguientes son algunos aspectos relevantes sobre los comentarios (a manera de las entusiastas secciones enciclopédicas Sabía usted que…):

1. No pido reiteradamente a mis conocidos que dejen un comentario para cada nueva entrada (práctica común en la blogosfera). Lo he pedido una sola vez y en una ocasión especial.

2. No censuro los comentarios (tan sólo he descartado como tres: recuerdo que dos no eran opiniones sino una pila de insultos y uno a petición de la autora).

3. El comentario número 300 está identificado con el número 1890; esto no quiere decir que haya eliminado 1590 comentarios: esa ha sido la cifra de comentarios spam (que no se publican).

4. Este blog ha recibido 1590 comentarios spam.

5. Por un error con el filtro antispam, se perdieron unos cuantos comentarios anteriores al 28 de marzo de 2008.

6. La entrada más popular hasta la fecha ha sido el recordatorio de Cayayo, con 44 comentarios.

7. A partir de la entrada anteriormente comentada, he conocido en persona a tres comentaristas; mi messenger ha tenido agregado a más quince personas que me contactaron desde esta página; algunos se han quedado y otros no.

8. Con frecuencia me ocupo de contestar a los comentaristas que me dejan sus correos electrónicos. Si a veces no lo hago no es necesariamente por falta de interés, sino de tiempo.

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Bonus track: mientras escribía esta entrada se cayó la conexión al servidor (por suerte, el mundo creó WordPress 2.6.2 con función de autoguardado) y se me hizo tarde para acudir a la cita con mi odontóloga (véase aquí el motivo).

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Escrito por en Asides, Bocetos, Botella a la mar, Breviario, Misery Loves Company, Relatos

Torso desnudo

Torso desnudo (2005),

Álvaro Rafael.

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En el enorme cartel sin adornos

se leía en enormes y planas letras azules:

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NO HAY POESÍA

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Había sido colocado en la tarde por

dos trabajadores fatigados

incapaces de comprender

el significado aun sin no estarlo.

El cartel se leía desde muy lejos,

pero cuando Antón salió a mirar por la ventana,

tras una jornada terrible en su trabajo

creyó que era para él.

«¿Es que acaso alguien me pagará de alguna forma

la pureza de mis pensamientos», pensó vagamente.

«El tiempo pasa,

y la paradoja del amor está

en que mientras el que ama dedica todo su tiempo

en pensar en su amor,

en ese mismo momento quien es amado dedica su tiempo

a su vida y nada más».

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Caracas, 2000

Álvaro Rafael

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Escrito por en Asides, Breviario, Relatos

Imagen tomada de Flickr

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La fecha de este amanecer no podía ser más premonitoriamente paradójica: primero de enero, un nuevo año que empezaba.

En la urbanización todo, o aparentemente todo, era calmo. El rugido constante de las máquinas de la envejecida y desamparada zona industrial cercana había cesado unos cuantos días atrás, y el tráfico de las autopistas era bajo e inconstante. Tan sólo se oía lejano el crujir del riachuelo sucio como indicativo de una persistente continuidad en una durmiente ciudad paralizada por los festejos prolongados de la noche anterior.

—Voy a caminar.

En los edificios, entre sus estrechas calles particulares y sus plazuelas vacías, tal era el silencio que retumbaban los murmullos árabes de una discreta familia maronita. Un pájaro, alguno pequeño y luchando contra el viento, se atrevía de cuando en cuando a revolotear por los cielos, y su canto parecía hermoso.

La noche la había pasado conversando con Alejandra. Desde que meses atrás dejó rencorosamente a su familia, ella era la única persona que él tenía. Y por momentos había sido extraordinariamente feliz; como anoche, mientras conversaban gratamente sentados al filo del balcón, musitándose al oído las palabras de los jóvenes enamorados.

El día había cambiado…, y algo lo había impulsado a abandonarla.

—Cierto desagrado —se decía, sentándose pesadamente en la banca de una plazoleta.

No quería herirla…, ¿cómo podría herirla? Porque en realidad lo que quiso decirle fue: «Hoy quiero estar solo». Pero no lo hizo no por discreción, que nunca la tuvo, sino por el más elemental conocimiento de la contradictoria naturaleza humana que oscila rápidamente entre territorios beligerantes, entre la alegría y la tristeza, entre el deseo de compañía y la soledad absoluta.

«¿Era esto lo que habías buscado desde pequeño?… Siempre lo consideré esquivo para mí —pensó, mirando su reflejo en un charquito de lluvia a sus pies. Había llovido la noche anterior y llovería los días siguientes—. ¿Acaso era esto lo que esperabas, capaz de mover el alma hacia una existencia más gloriosa? Y ahora, todo parece tan ordinario como resulta una conversación sobre cualquier trivialidad. Todo queda reducido a la precariedad de lo real. Dónde quedan esos momentos de felicidad (si alguna vez existieron). Tal vez nunca dejé de ser el mismo torpe y lo dejé pasar frente a mis ojos…

«¿Hacia dónde voy con ella? Ella no se merece alguien como yo, un torpe como yo incapaz de ver la grandeza en lo más ordinario. Quizá eso sea el amor: alegrarse con lo pequeño. Yo, en cambio, desde la oscuridad veo todo llenó de intolerables imperfecciones humanas. Hace pocos años me sentaba aquí y miraba con extravagante desagrado cómo dos jóvenes se acariciaban las manos, manos que minutos antes podían estar con barro y sangre; cómo se besaban ingenuamente, y todo eso me parecía tan grotesco…, ¡y aun así quería vivir mi amor!

«Porque eran parte de mis sueños…, cuando el amor para mí era sueño y grandeza, y no ahora, cuando vivo en la realidad con una mujer hermosa y todo me parece terrible. No hago más que engañarla…, en sus ojos y palabras encuentro la dulzura que siempre esperé de una mujer, el aprecio y el respeto…, tan sólo para un simple idiota como yo que trato de reflejar sus sentimientos. Antes me dolía no tener a nadie a mi lado…, ahora lo tengo y no lo quiero. Mira hacia los lados, el silencio verdadero me atrae. El amor, el verdadero, el sublime y fantástico, el capaz de engendrar la auténtica belleza, tan sólo vive en la imaginación. El otro, el de carne y hueso, es imperfecto y muere como todo lo humano».

—Hoy diré adiós.

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Escrito por en Asides, Breviario, Relatos

Imagen tomada de Flickr

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Era la vez que bailabas únicamente para mí, y bailabas únicamente con la camisa azul que cogiste del prendedor de algún hombre mayor; porque todo el mundo parecía para ti gigante, y mientras este mundo envejecido nos arrastraba el paso de los días marcaba pliegues en mi cara bailabas tú frente a los ojos de un desconocido y era como si al tiempo hubieras renunciado pero de pronto me apenaba la idea de que también como yo envejecerías; tu juventud se consumiría mirándote estas veces en que reías únicamente para mí con esa larga camisa azul que a cada paso dejabas escurrir por tu piel bronceada y los contornos de tu cuerpo se habrán desfigurado como dunas en nuestro árido recuerdo compartido entre muchos; ¿dónde estarás… dónde te ubicaré cuando te hayas ido? Y así el tiempo pasa y yo cada día me voy borrando de tu misma tierra, sólo me queda el precario consuelo de verte en el pasado y saber que por este espacio bailas únicamente para mí y nadie más.

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Caracas, 2001

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Rubia sentada en una cama

Rubia sentada en una cama (2001),

Álvaro Rafael.

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Estoy mirando y analizando viejos textos que he escrito (textos anteriores al año 2004). Como eran muchos para colocarlos en una sola entrada decidí crear una categoría llamada Breviario. Allí iré colocando todos esos textos que no deseo que se empolven ni que por cualquier motivo personal nunca se lleguen a ver (y escribir para que nadie te lea es una pérdida de tiempo).

Trataré de cumplir algo: no borrar ninguno.

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