Cassandra’s Dream

Escrito por en Microdos, Reseñas

Cassandra’s Dream – Woody Allen. Acabo de ver esta película en la Cinemateca Nacional (en realidad fui para ver The Wrestler, pero un cambio de última hora en la cartelera nos sorprendió a todos). Quitando la atipicidad de esta película de Woody Allen (ya había tocado el tema del asesinato y la culpabilidad en Crimes and Misdemeanors, aunque siempre con tono de humor, elemento ausente en Cassandra’s Dream) me fui con la impresión de que este film tuvo un final improvisado a los machetazos, con un extraño moralismo en el que los hermanos protagonistas terminan pagando por la libertad del culpable de su infortunio. Calificación personal:

Antitaurinos

Escrito por en Estado social, Microuno

Antitaurinos » Soy sensible al dolor de los perros y gatos callejeros. De hecho, tampoco soporto los zoológicos ni los circos con animales enjaulados. Hoy me enviaron una invitación para formar parte de un grupo antitaurino en Facebook (saben, es tan útil apoyar una causa en esta red social, ¿no?) y la imagen del grupo era la caricatura de un torero corneado. Para ser franco e incorrecto, no comparto esa satisfacción que sienten algunos cuando un toro mata a una persona o cornea a un torero. Creo que es parte del manual del falso progresista o de la moda de gente cool comprometida-con-conciencia ser antitaurino. Pero la verdad que ni me va ni me viene; no critico a quienes se oponen a las corridas o a los encierros, ni tampoco me interesa ir a una plaza mayor a ver a un macho con traje pegado y de lentejuelas. En fin, cada quien con sus gustos.

¿A qué personaje revivirías?

Escrito por en Asides, Personales

In bloom

Aunque suena a quiz de Facebook, a tema recurrente estos días de fallecimientos estelares, la pregunta surgió en un sueño y ya que suelo anotarlos cuando despierto, acá va la respuesta que di ante la pregunta ¿A qué personaje revivirías?

1. Kurt Cobain: suena ñoño, un sacrilegio para los admiradores de los muertos jóvenes, un irrespeto para los que se comieron el cuento de que ser famoso era lo último que quería ser y el suicidio fue su manera radical de encontrar la paz, pero estoy seguro que de haber vivido al menos unos cuantos años más, Nirvana habría cambiado la música incluso más de lo que ya lo hizo con Nevermind (el panorama musical de hoy sería muy diferente). In Utero fue un punto de inflexión (frustrado) en la carrera de la banda de Abeerden, un disco de ruptura que abría paso a trabajos más experimentales como lo fueron Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band para The Beatles y The Dark Side of the Moon para Pink Floyd. Lamentablemente, su muerte prematura nos impidió conocer esa brecha que había abierto el último disco en estudio de Nirvana.

2. Cayayo Troconis: esta es la opinión personal y local. Dentro del rock venezolano no hay dudas de que este sujeto ha sido uno de los sellos distintivos de la escena. Era un tipo que vivía por la música y con sus pies bien puestos sobre la tierra (y, en específico, la tierra venezolana). En Sentimiento Muerto marcó a toda una generación, y con Dermis Tatú explotó todo su ingenio que luego llevó a otros niveles estilísticos con PAN. Desgraciadamente, se quedó en albores del nuevo milenio y nunca pudo disfrutar del boom del rock venezolano. Para siempre será recordado como un icono de la movida underground. Nunca sabremos con certeza si este extraño reconocimiento hacia nuestra música que surgió a principios de 2000 le hubiese cambiado. Hubiera sido interesante saber cómo hubiera manejado esa atención desbordante hacia el rock nacional; en mi opinión, la habría canalizado para llevar al rock a un más alto nivel. Todo se truncó y la herida que sufrió la escena es irreparable.

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La nueva amenaza latinoamericana

Escrito por en Estado de política

Manuel Zelaya

Dejando a un lado el cuestionamiento ético sobre los golpes de Estado (dudo que alguien hubiera lamentado el derrocamiento del democráticamente electo Adolf Hitler en el golpe organizado por el conde Claus von Stauffenberg), el que acabamos de presenciar en Honduras puede ser calificado sin miramientos como el más estúpido y políticamente inoportuno de la historia latinoamericana.

Un ejemplo más de que los militares no deben participar en política porque cuando actúan lo hacen terriblemente mal y las consecuencias son peores: ¿Qué necesidad había de arrestar y expulsar del país en pijamas a un presidente impopular al que tarde o temprano el congreso hondureño lo iba a destituir? Con esa intervención descabellada, han convertido a Manuel Zelaya en un mártir de la democracia y ha llevado a los presidentes más cuestionables en materia de democracia a ser los nuevos paladines internacionales de ella.

Qué el mundo está enfermo y al revés.

Más allá de creer en la peligrosa posibilidad de regresar a los años oscuros de las asonadas militares, cosa que la mayoría de los latinoamericanos no vivieron por ser jóvenes, el verdadero peligro que cierne sobre los sistemas democráticos en Latinoamérica lo representan las apetencias de aferrarse en el poder por medio de cambios a la Constitución que contemplen la reelección. Este fue el tema de fondo que precipitó la caída en desgracia de Manuel Zelaya.

Aunque en este lado del mundo muchos coloquen de ejemplo a países europeos o a Estados Unidos como prósperas democracias que permiten la reelección de sus gobernantes, el tema en Latinoamérica es muy sensible por nuestro largo historial (o, más bien, prontuario) de caudillos. Lo que los políticos de antes conseguían por medio de golpes de Estado (permanecer en el poder hasta la muerte, hasta que hubiese otro golpe de Estado que los sacaran o hasta que se cansaran de reprimir), ahora lo consiguen fácilmente utilizando las herramientas que da la propia democracia. Y los latinoamericanos, acostumbrados a regímenes paternalistas y fuertes (o sino, ¿cómo explican que mucha gente votara por Chávez en 1999 deseando que, como militar, impusiera mano dura como la del dictador Pérez Jiménez para acabar con la delincuencia?), abrimos la puerta a este tipo de gobernantes. Y estos gobernantes, muy felices de crear relaciones de dependencia para mantener el poder.

La verdadera amenaza entonces no está en los cuarteles, los golpes de Estado son un demodé, políticamente incorrectos e inaceptables, vivimos en la época de la masificación de los medios, ahora bastan 140 palabras en Twitter para generar la revolución, la verdadera amenaza está en la utilización de mecanismos legales, de usar la propia democracia para pervertirla, en establecer la reelección como una medida para imponer la tiranía y acostumbrar a la gente a obedecer a los nuevos caudillos del siglo XXI.

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