Archivos para enero, 2010

Sigo sin Internet en mi casa gracias a la incompetencia de la nueva Cantv. Supongo que de tantas veces que he llamado para reportar la falla mi voz ya es conocida ego y odiada vanidad en el centro de atención al cliente de Cantv ABA. En esta época de austeridad en la que vive el país no sé cómo no han despedido a unos operadores que te atienden con ladilla mortal y cuya función muy bien podría realizarla una grabación que repita hasta el hartazgo: «¿Qué modelo de modem tiene? Apágalo, enciéndelo (no puedo seguir así, oh no ♪). Su reporte ha sido tomado. Gracias, buenas_______». Fin de grabación. A todas estas, estoy revisando menos el estado de este blog. Y hoy me he encontrado, para mi desagrado, con que un plugin de la página recientemente actualizado generó automáticamente un anuncio publicitario. (Algo que me propuse desde un principio fue no colocar publicidad en Planeta en fuego, aunque ello me pudiera aportar unos cuantos centavos de dólar que a la larga pudieran servir para pagar el hosting de este blog.) Lo peor: que el anuncio que aparecía en toda la página promocionaba casinos y páginas porno. Y no es que el cine porno me escandalice, pero sé que a otros, sí. Mis disculpas para esos visitantes que vieron ese anuncio. Ya fue retirado y Planeta en fuego sigue sin molestos anuncios. (0)

Escrito por en Misantropías, Relatos

Last Days

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Durante los próximos días un evento deportivo en Venezuela hará que muchas personas hablen sólo de eso. Iré a cenar como cada viernes fettuccini a la carbonara en el mismo restaurante de siempre, aunque esta vez el cambio serán las enormes pantallas dispuestas en cada esquina que me reventarán los tímpanos mientras quisiera clavar el tenedor al ebrio de la mesa de al lado que ante cada jugada de eso escupe su carpaccio que come como plato principal. Las expectativas vitales de sujetos así han involucionado al swing del bateador de turno: que la pelota traspase la barrera del homerun y golpee entre ceja y ceja a un espectador infortunado constituye su mayor felicidad esa noche y de toda la semana.

Saldré con mala digestión y el taxi que tomaré en la puerta lo conducirá un hombre obeso que lleva sobre el tablero de su viejo carro un pequeño televisor que consume tanta batería que, a la vuelta de la esquina, el taxi se detendrá a mitad de la avenida. El taxista obeso, en lugar del peligro de que un camión pierda los frenos y nos mate, se preocuparía porque dejó el inning con bases llenas y en la caja de bateo estaba un bateador tan gordo como él, ya que en ese deporte la condición física no importa ni los controles son habituales: ello explica la cantidad de récords rotos a punta de pinchazos de esteroides.

2

Llegaré a casa sin ánimos de salir porque así serán estos días mientras dure eso. Veré personas que se cuentan chistes malos de eso, que se dan palmaditas en el hombro por eso, que generan falsas pero amigables disputas por eso. Encenderé el televisor y veré a periodistas que simulan romper un protocolo de seriedad que nunca han tenido cuando vomitan sus noticias amarillistas mientras hacen chistes fáciles que preceden a que saquen [oh, sorpresa] de debajo de la mesa una gorra de su equipo o un barco de juguete o un peluche de león y se enfrenten (claro, amistosamente) entre ellos, entre ellos y los camarógrafos —a quienes se empeñan con un tufillo de conmiseración en hacerlos «parte del equipo» que hace posible el noticiario (como si esos periodistas tuviesen los mismos intereses y preocupaciones de unos camarógrafos que se mueven por la ciudad peligrosa en autobuses destartalados y terminan acalambrados de tantas horas parados y moviendo la cámara)—, entre ellos y la audiencia anónima que mira del otro lado de la pantalla, juegos de naturalidad que cada año esos mismos periodistas repiten la misma farsa ordenada por el productor cínico interesado solamente en atraer a más incautos espectadores que caen en la trampa de tanta «familiaridad» de unos periodistas que son como tú.

La prensa seria se degenerará en titulares a página entera dedicada a ese evento; los cohetes y las caravanas nos aturdirán y por un buen rato olvidaremos que la realidad nos lleva al naufragio o a ser devorados por bestias reales. El deporte tiene el lujo de comprar a precio barato nuestros infortunios: nos seduce, nos hace olvidar que tenemos cuentas por pagar con un sueldo que cada vez vale menos, que la renta o la hipoteca del apartamento se vence mañana, que las tarjetas de crédito están infladas de deudas, que los niños están enfermos, que el carro seguirá muchos días más en taller porque no hay cómo pagar la reparación, que el presidente cada día ordena fabricar leyes a un parlamento que ha perdido su esencia civil envilecido por la PESTE MILITAR, y actúan como eso: como serviles soldados.

Internet no escapará de eso: nuevos blogs y páginas que estimaba serias engrosarán la lista de las que les perdí el respeto el año pasado.

3

A los que no nos guste eso, nos queda hacer como el atribulado Blake de Last Days: retirarse lejos del bullicio durante estos días consagrados a eso y, finalmente, renacer de la conflagración bestial que estos días arrasará con todo y con todos. Cuando todo termine tendremos un año de tranquilidad: el próximo año las mismas llamas de la brutalidad regresarán. Me retiraré al mismo lugar de siempre. Nunca dejo de hacerlo.

Los poemas del payaso de Pedro Varguillas premiado por la ULA » Hay nueva categoría en Planeta en fuego: Lecturas sugeridas, en la que se colocarán vínculos a páginas Webs, blogs o twitts destacados por algún motivo seguramente muy subjetivo. Comenzamos con un enlace a una entrevista publicada en uno de los pocos blogs que enlazan sin temor hacia este blog (lo cual no implica que lo hayamos seleccionado por intereses oscuros de preferencia, aunque tampoco está mal que lo piensen): La expulsión del paraíso. No agrego más y lean esta entrevista (y opinen aquí o allá, ustedes tienen el control). (0)

Desde hace algún tiempo está rodando un correo electrónico apócrifo (es decir, falso) según el cual ya fue aprobada en primera discusión una Ley de bancos que establecía 1) el aporte obligatorio de los ahorristas a las misiones, 2) la congelación de las cuentas con sumas superiores a los Bs. 10.000, 3) un impuesto bancario, 4) la ayuda anual a comunidades cubanas y 5) la creación del Banco Socialista de Venezuela a partir de Banesco. Aunque ya ha sido desmentido en varios blogs, no está de más volver a desmentirlo porque hay personas que lo siguen tomando como real. Es falso por varias razones: 1) No tiene fuente. 2) Dicha ley no tiene publicidad: todo proyecto de Ley que entre a la Asamblea Nacional debe ser discutido primariamente por comisiones especializadas y luego, cuando pasa esa barrera, entra a una primera discusión en la que participan todos los diputados (oficialistas y no-oficialistas), y en este caso es imposible que no despierte la alarma de los diputados no-oficialistas ni el escándalo de los medios de comunicación. 3) Persiste la campaña de descrédito contra Banesco: esto, en lugar de perjudicar a las instituciones del Estado, perjudica a los ahorristas privados que se ven en una situación de angustia y necesidad por retirar sus capitales y, por último, 4) ¿Qué diablos tiene que ver CADIVI? El creador de este rumor, a parte de mentiroso aficionado, ignora las funciones de esa terrible institución burocrática: su objetivo es controlar las divisas extranjeras. (12)

Escrito por en Asides, Rock venezolano

Formada en Barcelona, España, Jacktürbo es la nueva banda en la que participa Norton Pérez, recordado por estas tierras por ser el líder de una de las bandas más consistentes del rock venezolano de los noventa: La Puta Eléctrica. Jacktürbo es Norton en la voz y la guitarra, Ismael García en el bajo y Carlos Molet en la batería.

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