Dejar la peluca, Carlos Ávila

Escrito por en Lecturas sugeridas

En el correo me invitaban a leer un cuento acerca de Cayayo Troconis. Pensé, antes de pinchar en el vínculo del cuento en Prodavinci, en lo difícil que debe ser contar, en la extensión siempre rigurosamente breve de un cuento, la vida de un personaje fundamental en dos décadas del rock venezolano. La impresión de inexactitud previa a la lectura se fue diluyendo al comenzar un cuento que, aunque trata de Cayayo, no es estrictamente de Cayayo: es un cuento de fanáticos para fanáticos. Del fanático que persigue recopilar los elementos de la vida del músico que marcó el destino de muchos que pararon haciendo música o escribiendo en blogs como este. La figura de Cayayo se convierte en la clave para entenderse a sí mismo. El cuento se titula Dejar la peluca, de Carlos Ávila, y para leerlo sólo tienes que hacer clic acá.

Bifurcaciones

Escrito por en Relatos

Durmiente

A veces siento que llevo dos vidas paralelas. La vida en la que estoy despierto y la vida cuando duermo. Siempre he sido despistado y a veces me pierdo entre ambas vidas. Transito entre ellas y abrazo momentos que trato de llevar de una vida a la otra. Pero las testarudas leyes de la lógica no te permiten esos anhelos.

A veces despierto más aquí que allá. Y allá te encuentro dormida a mi lado. Estás cansada, y aunque quisiera conversar sin sentido por horas prefiero que duermas y sigas en el pasaje por la vida de los sueños. Me gusta que duermas en mi cama. Me siento protector. Le encuentro sentido a las cosas que en la vida de los despiertos no encuentro. Aunque ahora mismo no sé dónde tengo los pies. No sé si estoy en el sueño o despierto. No lo sé, pero bajo de la cama con mucho cuidado para no despertarte.

Y me siento a la computadora a escribir mientras la miro en la cama. Lamento que mientras ha estado despierta nunca le he leído algún texto de los que he escrito para ella. Temo que su reacción me resulte embarazosa. Aun así le escribo porque es ella quien conoce mis intemperancias, mis cambios de ánimo, mi silencio, mi extraño humor. Es, a su manera, la versión de lo que he sido, pero sonriente y extrovertida.

Me pongo a escribir algo que es para ella. Un texto divertido de cuando nos conocimos. Lucho contra el sueño, por lo que presumo que estoy despierto. El cansancio me va alejando de lo que escribo, insisto en mantenerme despierto y terminar el texto como si no hubiera otra oportunidad. Pero no puedo, me rindo. Regreso a la cama a dormir un rato a su lado. Mi vida se bifurca entre dos mundos. Y al despertar, ya no estás allí. Todo lo he soñado y lo único que me quedó de antes de caer dormido fue este texto que escribí titulado Bifurcaciones.

Estoy cansado, trato de dormir para entrar en el otro mundo. Pero no puedo. No logro dormir. A veces siento que entre los dos mundos elegiría uno solo. Aquel donde soy el protector. En el otro pierdo el rumbo. Publico el texto en mi blog, apago la computadora y me marcho. Temo llegar a sufrir insomnio. Temo que si no duermo huirán los a veces.

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Cuando el nacionalismo sale en defensa de Simón Díaz y ataca a Cerati

Escrito por en Estado de política, Estado social

Defensores de la Patria venezolana

Hace minutos pasé por la plaza Alfredo Sadel en Las Mercedes donde están haciendo un concierto en honor a Cerati. Un viejo me preguntó que qué era eso, y cuando le respondí el viejo, antes de irse, comentó aireado si le harían lo mismo a Simón Díaz, que era uno de «los nuestros».

Comprendí que acá el tema se está manejando con mucha emocionalidad, con conceptos de fácil consumo para personas impresionables como los de Patria, «primero lo nuestro que el apoyo a artistas extranjeros», el trágico «lo nuestro es lo mejor». Allí donde habla el corazón es de mal gusto que la razón lo contradiga.

Acá nadie pone en duda que Simón Díaz (y que Ilan Chester, también enfermo estos días) sea un maestro en su género, un ícono de la cultura popular venezolana y que la situación que atraviesa sea triste y lamentable. Es un artista con una carrera admirable y espero que se recupere pronto. Pero quienes en este momento salen en su defensa no son necesariamente sus seguidores, sino personas que con una muestra de indignación, coraje y desprecio se rasgan las vestiduras por la falta de «las mismas manifestaciones de apoyo que se le ha dado a un cantante no-venezolano». Es decir, la postura que se adopta para atacar directa o indirectamente a quienes han manifestado apoyo hacia Cerati está sustentada en el nacionalismo fanático.

El nacionalismo es siempre paternalista y te dice: si no te gusta algo, te la calas. En otras palabras: «Quizá no te guste su música, pero tienes la obligación nacional de apoyar a Simón Díaz y sentirte culpable si apoyas primero a Cerati».

Quienes estos días han manifestado apoyo a Gustavo Cerati no lo hacen porque sea un argentino arrecho, porque haya vendido tantos discos, porque sea famoso en toda Latinoamérica (cosa que me interesa poco): lo hacen porque sienten afinidad por lo que representa su música.

Es cuestión de gustos, así de sencillo y aunque le duela a muchos. De la misma forma que un seguidor de la música de Simón Díaz (uno de verdad, no uno de esos payasos nacionalistas que ahora se rasgan las vestiduras) no se siente obligado a apoyar públicamente a Cerati. No crucemos las fronteras: un seguidor de la música llanera, de las gaitas o de cualquier estilo pretendidamente «nacional» seguro que no lamentó la muerte de un venezolano como Cayayo Troconis (de seguro que muchos espontáneos seguidores de Simón Díaz ni sepan quién fue Cayayo).

¿Y acaso esa falta de apoyo automático sea algo malo? No: sería bien hipócrita al menos de parte mía salir a decir que la música de Simón Díaz es parte de mi vida. No lo es, y ni siquiera lo es de mucha gente que sale ahora en su defensa sólo porque siente que han escupido sobre su nacionalismo y alguien debe salir en defensa de la Patria mancillada.

Simón Díaz es hoy para algunas personas la excusa para calmar la idea de la Patria entregada a un extranjero (un argentino). Por favor. Si te gusta Simón Díaz, sal a manifestar tu apoyo en lugar de criticar a quienes manifiestan apoyo por otro. ¿Vivimos en dictadura cultural? No lo creo, cada quien es libre de manifestar su apoyo a quien haya marcado su vida. No creo en la solidaridad automática. En ella sólo creen quienes se dejan arrastrar por las pasiones más bajas.

Cerati en Caracas

Escrito por en Sonidos del mar
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Cerati en Caracas. Sin más palabras. Esperemos que las cosas mejoren.

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Fotos porno en Facebook Caracas

Escrito por en Estado social, Microdos, Misantropías

Tengo una cuenta en Facebook para enterarme de eventos, para que me contacten fácilmente y para ver cómo etiquetan a mis amigos en fotos porno. Sí, fotos porno: anoche un tipo que no conozco, seguro en una crisis de despecho y tragos, publicó fotos porno con su novia (¿ex reciente?) y se dio a la minuciosa tarea de etiquetar en zonas muy sensibles de la foto a varios amigos de su (¿ex?)novia (entre ellas, una amiga en común por quien me llegó la notificación). Esta mañana las retiró o las censuraron. Se habla a cada momento de la estupidez de tomarse fotos/vídeos porno. En realidad no creo que sea estúpido: en el sexo toda clase de juegos se vale, sin embargo hay que tener un mínimo de inteligencia para saber con quién se juega. Y un tipo evidentemente inestable como este sujeto no es el mejor de los jugadores. Si no te importa que un tercero te vea desnuda y andando a gatas con un corsé, entonces no sólo te tomes fotos: publícalas. Pero si tienes el temor de que otros las vean y le pides a tu pareja que no las publique por nada del mundo, entonces te jodiste: tarde o temprano esas fotos tienden a salir (si no, que se lo pregunten a esta chica). Y no creo que te agrade que tus fotos estén dando vueltas en muchos foros y complementando fantasías eróticas de una legión de onanistas.