Pim Pam Pum, Alejandro Rebolledo

Escrito por en Lecturas sugeridas, Literatura

La primera vez que oí hablar de la novela Pim Pam Pum de Alejandro Rebolledo fue en la 92.9 FM. La década de los noventa terminaba y si vivías en Caracas tenías que sintonizar esta radio. Era su época dorada, cuando organizaba las octavitas en el Poliedro y tenía los mejores programas de radio. Uno de ellos era Rockadencia, conducido entonces por Guillermo Zambrano, Gofedeco y en ocasiones soporíferas por Andrés Kerese. También era la época en que Adriana Lozana era directora de Urbe y anunciaba la primera novela de la editorial: Pin Pan Pun (en aquel momento con N). Como buen adolescente perdido en el mundo quedé fascinado con las reseñas de esa novela que hacían por la 92.9 FM y que rápidamente se convirtió en un escurridizo objeto de culto (que, lamentablemente, nunca llegué a conseguir). Recuerdo la aparición de su autor en Rockadencia: una vez por semana invitaban a una persona para que recomendara libros (¿recuerdan la presentación de ese segmento que comenzaba con un «Si El viejo y el mar te sacó escamas en el escroto»? Por allí pasaron Carlos Zerpa, Enrique Enríquez, Roberto Echeto, ¿alguien recuerda el nombre de aquella chica que hacía tan buenas recomendaciones, y que era amiga de los tipos de Iguanas de trapo?), y me llamó la atención esta perla que soltó Rebolledo, que ahora recuerdo vagamente: «Leer no te hace más inteligente». Los años pasaron, uno creció y se resignó a no encontrar nunca esa novela que llegó a ser finalista del premio Rómulo Gallegos. Hasta que me enteré de que la gente de Ediciones Puntocero la está reeditando. El próximo jueves 21 de octubre será presentada en la Feria del Libro de Baruta. Algo de los noventa regresa estos días. Y vale la pena volver.

Texto sin título

Escrito por en Microlectura, Relatos

Texto sin título de Álvaro Rafael

South Park y El guardián entre el centeno

Escrito por en Microuno

Últimamente South Park se está convirtiendo en mi mayor referente. Entre su humor escatológico, ramplón y polemicista se dejan colar críticas a muchos estereotipos universales. Como en el episodio que vi hace poco. Hay obras de arte que están rodeadas de un halo de misterio y casi atemorizan con su sola mención. Una de esas obras es El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, novela mayormente conocida por estar asociada a Mark David Chapman, el asesino de John Lennon, y por ser la obra referente de ciertos personajillos que se consideran a sí mismos como rebeldes e iconoclastas (iconoclastas pero que admiran este ícono desactualizado de rebeldía). Particularmente El guardián entre el centeno me parece una novela tediosa, innecesariamente extensa y nada escandalosa para quienes nacimos a partir de los años ochenta (y estamos saturados de temas relacionados con drogas, violencia y sexo). Si pretendes leerla esperando encontrar imágenes impactantes o porque la has oído citada por esos mismos personajillos de poses rebeldes y lenguaje para adolescentes cabezahuecas (imagino que ya sabes a quién me refiero), saldrás como los personajes de la serie: mortalmente decepcionado y preguntándote ¿dónde el misterio? Puedes leerla, pero como documento histórico de lo que era ser antisocial en los años cincuenta.

Leones del Caracas, ¿mucho más que un equipo?

Escrito por en Estado social

Hace tiempo publiqué una crítica acerca del desafortunado recibimiento que se les dio a los Tigres de Aragua tras ganar la Serie del Caribe. Como el lector promedio llega por casualidad a Planeta en fuego y busca con rapidez la información que lo trajo hasta acá, la mayoría leyó terriblemente mal aquel artículo y lo asumió como una diatriba contra el equipo y hasta como una declaración antinacionalista. Por lo tanto, veo necesario escribir esta aclaratoria para que los hipersensibles que lean esta nota sepan que —si bien considero el béisbol como un deporte poco inteligente, muy aburrido y para tipos sin grandes cualidades físicas—  no pretendo criticar a los Leones del Caracas ni a su fanaticada… simplemente a quienes manejan la imagen y promoción de muchos de nuestros equipos deportivos.

Leones del Caracas

Una de esas cuestiones que ronda constantemente en mi cabeza tiene que ver con el escaso interés que demuestran muchos (y grandes) equipos deportivos venezolanos por crear una imagen distintiva propia. A pesar de que mueven grandes sumas de dinero (con crisis y sin ella) y que en el país hay excelentes agencias de creativos, son muchos los equipos (ya sean de béisbol, fútbol o básquetbol, los deportes más populares en Venezuela) que optan por plagiar sin pudor los símbolos, logos, colores y lemas de otros equipos.

¿Quieres ejemplos? Acá va una lista de la vergüenza:

1. El escudo del Lara FC (izquierda) imita el escudo del AC Milan (derecha).

Logo Lara FC

2. El Llaneros de Guanare FC (izquierda) copia el ya de por sí extraño emblema de la Federación Española de Fútbol (derecha).

Logo Llaneros de Guanare FC

3. Los escudos del Monagas SC, del FC Zulia, del Trujillanos FC y del Caracas FC (los cuatro primeros) son adaptaciones del viejo escudo del FC Barcelona (el quinto, por lo visto, la mayor «inspiración» deportiva en Venezuela).

Monagas SC, FC Zulia, Trujillanos FC, Caracas FC

4. En el béisbol, el uniforme de Caribes de Anzoátegui es una copia del uniforme de los Atléticos de Oakland (aunque recientemente han matizado el parecido).

5. El antiguo Pastora de los Llanos usaba los muy particulares colores y la tipografía de los Diamondbacks de Arizona.

6. En el básquetbol, hasta hace poco los Toros de Aragua BBC (izquierda) no se sonrojaban al usar el logo de los Chicago Bulls (derecha) como propio.

Logo Toros de Aragua

Si eres detallista (es decir, de los buenos lectores de este blog), pudiste haber notado que plagiamos los símbolos de equipos pertenecientes a ligas con mayor proyección que las nuestras (con lo cual estos casos de plagio se hacen más bochornosos). ¿Y por qué ocurre esto? ¿Porque ya todo está creado y sólo buscamos inspiración, porque somos flojos creativamente, porque queremos rendirle tributo a esos equipos? Últimamente estoy llegando a creer que lo hacemos porque somos un país deportivamente enano (sí, a pesar de los éxitos en el béisbol pero… ¿en cuántos países este deporte es practicado y tiene influencia más allá de sus fronteras?) y carecemos de una identidad deportiva propia que podamos proyectar (y no sólo pasa en el deporte: pasa en la cultura, en la música, etcétera, donde seguimos rezagados de toda vanguardia y copiamos como algo nuevo y original todo lo que ya es pasado), y en lugar de tomar a esos equipos como referencia lo que hacemos es imitarlos.

Tú nunca verás un grupo de bonaerenses reunidos en una cantina porteña para hablar de la fundación de un equipo de fútbol que vestirán con los colores del Deportivo Táchira. Ni una peña de gallegos organizando en Ferrol un equipo de fútbol que llevará por nombre Deportivo Caracas. Tampoco unos blancos anglosajones jugando en un equipo de béisbol llamado Magallanes de Seattle. No lo harán porque tienen una cultura y una identidad deportiva propias que nosotros aún no tenemos. Nosotros seguimos siendo como el hermano menor que quiere imitar al hermano grande.

Esta carestía de un sello distintivo se ve incluso en el deporte más popular: en el béisbol. Recientemente los Leones del Caracas sacaron un cartel que publicita un abono especial (llamado Combo gradas) para la nueva temporada 2010-2011 de la Liga Venezolana de Béisbol. Nada que me llamara la atención hasta que me fijé en el eslogan caraquista:

Mucho más que un equipo.

Para el fanático promedio venezolano este eslogan no dirá mucho, pero para el que sepa un poco de deportes le reventará en los oídos como una burda copia del tradicional e internacionalmente conocido eslogan del FC Barcelona: Més que un club.

Quisiera creer que esto es una casualidad. Pero con el prontuario anteriormente listado, resulta inevitable pensar que el nuevo eslogan de los Leones del Caracas pasa a ser el nuevo fichaje de la imitación que asola la imagen deportiva de nuestros equipos, con el agravante disparatado de querer comparar (sin ánimos de ofender a su fanaticada) a los Leones del Caracas con lo que significa el FC Barcelona, un equipo que constituye uno de los símbolos más poderosos con los que cuenta el nacionalismo catalán, cuyo eslogan (més que un club) identifica esa transcendencia social y cultural en la vida catalana que, por otra parte, no tiene un equipo del que sólo se habla durante los casi cuatro meses de temporada beisbolística.

No estoy pidiendo que nuestros equipos implanten un lema de gran calado como el del Atlético de Madrid (Papá, ¿por qué somos del Atleti?), ni que lancen campañas como la reciente de TyC Sports para la selección Argentina de fútbol o inviertan en la expansión de nuestras ligas afuera como lo hace la NBA y recientemente la MLB.

Pero no queda mal que si queremos tener equipos deportivos que den la talla a nivel internacional, a parte del entrenamiento se requiere la creación de una imagen propia, una identidad que haga que nuestros equipos estén en igualdad de condiciones y no corriendo detrás de los «inspiradores». Para eso hace falta que se reactive la creatividad, porque (y aunque suene a cliché) la verdadera riqueza de un país no está en la abundancia de sus recursos naturales, sino en la capacidad creativa (y competitiva, agrego yo) de su pueblo. Mientras esto no ocurra y sigamos imitando a los equipos de otros países, Venezuela seguirá de colista en los campeonatos mundiales de deportes (y de creatividad).