Es probable que esta no sea la última entrada que publique por el año. Pero tomando en cuenta que faltan dos semanas para que termine 2010 y que, si todo sigue su curso, no pasará nada relevante, escribo este resumen del año 2010, que, como todo resumen en este blog, es quizá la entrada más cursihonesta de las que publico a lo largo de doce meses. Este año no ha sido el mejor de todos. A diferencia de muchas personas que apuran el final del año y dicen que esperan que termine diferente a como empezó, yo quisiera todo lo contrario: que termine como empezó. No siempre logras tener lo que te propones: pórtate bien a lo largo del año y no necesariamente tendrás un regalo esperándote debajo del árbol. Tampoco verás a ciertas personas reunidas a tu lado para fin de año. Por lo menos, yo no. Algunas no las echaré de menos, francamente. Otras, me gustarían que estuviesen acá de un modo distinto a como están ahora. Pero nos enseñan a ser gratos, a valorar lo que tenemos, aunque no sea siempre lo que queramos. No sé de qué sirve la gratitud. De hecho, he llegado a cuestionar cosas como que te digan que eres un gran tipo si a la postre los grandes tipos terminan solos el año escribiendo en un blog. La verdad que no quiero pensarlo tanto. Como te decía, no ha sido el mejor de los años. Al menos agregué al bagaje de mi experiencia nuevas ciudades que conocí, un nuevo taller de narrativa al que me seleccionaron y los buenos libros que leí. Este año se divide en dos, casi de manera equilibrada entre los primeros buenos meses y últimos meses no tan buenos: la partida la ganó, por un mes, los meses menos buenos. Podría sonar a que me quejo o incluso que soy pesimista. Pero no es así. En el fondo nunca guardo rencores, siempre dejo pasar las cosas, aunque me veas desanimado. Tarde o temprano vuelvo a ser el mismo tipo jodido que tiene la disposición para hacer las cosas mejor. Nunca dejo de estar agradecido con las personas que estuvieron aquí, qué ahora están acá a su manera, que espero que me sigan más allá. También lo estoy con los lectores del blog, en particular con los que regresan, gracias por los comentarios. Espero que tengan un buen final de año. Brinden por cosas mejores, yo, como Calamaro: brindo por lo que tuve porque ya no tengo nada... pero no es un momento triste, ya que brindo con amigos. Brindo por el futuro con la noche de testigo ♫. Adiós. (6)

Das Leben der Anderen

Escrito por en Asides, Reseñas

Das Leben der Anderen

Estás en un país con un gobierno socialista. La policía secreta te sigue los pasos: sabe cuáles libros lees, las veces que haces el amor con tu pareja, la cantidad de zapatos que compras al año. Instalan micrófonos ocultos en tu apartamento. Interceptan tus telecomunicaciones. Incluso tienen un registro de tu máquina de escribir y saben qué escribes tú.

La película es Das Leben der Anderen (2006, ganadora, entre otros premios, del Oscar a la película de lengua no-inglesa), de Florian Henckel von Donnersmarck, y está ambientada en la República Democrática Alemana en el año 1984, aunque tiene muchas semejanzas con ese país de soplones e informantes (vía Conatel y modificación de la Ley Resorte) que quiere instaurar este Gobierno. La recomiendo que la vean para que comprendan un poco los peligros ante los cuales nos enfrentamos.

Cuidado, Julian Assange te vigila

Escrito por en Estado de política, Estado social

Julian Assange

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Un elemento importante para la caricaturización que se hace de la burocracia comunista en La insoportable levedad del ser (novela frecuentemente citada en este blog) de Milan Kundera es la delación y el espionaje. Era una práctica usual en la Checoslovaquia comunista que las autoridades del país instalaran micrófonos ocultos para grabar las conversaciones más triviales de los oponentes del régimen para luego difundirlas por la radio (práctica copiada en la actualidad por nuestro Gobierno, véase un día entero la programación de VTV).

Puedes ser una persona respetable como el escritor Jan Prochazka, uno de los líderes de la Primavera de Praga, pero bastaba con que la radio checoslovaca transmitiera discursos en los que decías malas palabras o hablabas mal de alguien para que la gente se «[indignara] más con su querido Prochazka que con la policía secreta». Porque a pesar de que «la gente emplea palabras groseras de la mañana a la noche (…), cuando oye hablar por la radio a una persona conocida, a la que aprecia, utilizando la palabra “mierda” en cada frase, se siente decepcionada».

El Estado comunista checoslovaco estaba siempre pendiente de cuidar las frágiles mentes de sus gobernados. Y las frágiles mentes se escandalizaban y exigían castigo. Eso justificaba la instalación de micrófonos ocultos.

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En los actuales momentos pareciera ocurrir algo similar con WikiLeaks. Y, como pasaba en la novela de Kundera, acá la gente se escandaliza ante las malas palabras de los funcionarios diplomáticos estadounidenses en lugar de horrorizarse de algo mucho peor: que otra vez hay micrófonos ocultos dispuestos a grabar y a transmitir nuestra privacidad (en este caso es la voz de un delator aparentemente movido por razones alejadas del deber por la verdad).

Así como los micrófonos checoslovacos, encargados de desprestigiar a los oponentes del régimen comunista mediante la exhibición del lado más vulgar de ellos, las «revelaciones» que WikiLeaks ha filtrado (como una novela de suspenso por entregas publicada en diversos diarios) no pasan de ser chismorreos que en su mayoría no aportan nada nuevo, ni siquiera son pruebas de delitos (no son Watergate ni las denuncias de maletines repletos de dólares que viajan en aviones del Estado venezolano), sólo son opiniones (muy desafortunadas, es cierto) de funcionarios diplomáticos, y hasta estos momentos opinar no es delito, ni siquiera cuando hablas mal de alguien (por eso no me extraña que los mayores entusiastas de WikiLeaks sean gobiernos de países que están estableciendo legislaciones para criminalizar la opinión [Gobierno de Bolivia habilita una página con material de WikiLeaks]).

Repito: lo que ha «revelado» WikiLeaks no aporta nada nuevo, pero en cambio destruye mucho.

Porque, en lugar de ponerse en favor del derecho a la libertad de información como lo hicieron con Asesinato colateral, estos documentos poco útiles dinamitan el delicado ejercicio de la diplomacia e inflan el ego de una persona que parece salida de una película de ciencia ficción como lo es Julian Assange, cuya vida está marcada por unos secretos que él no revelará (de hecho, borró su blog, al que sólo se llega a través de historiales web).

Como diría Walter Martínez (en su época vieja) los países no son amigos, sino aliados circunstanciales. Para que uno pueda vivir en un mundo medianamente tranquilo existe la diplomacia. Y la diplomacia se basa en establecer negociaciones muchas veces incómodas y se mueve como un elefante en una cristalería. En la diplomacia hay mucha hipocresía y conveniencias. Además, tampoco es secreto que los diplomáticos analizan las situaciones de los países donde están afincados y emiten opiniones a sus gobiernos. Eso no sólo lo hace EUA: lo hacen los diplomáticos de Venezuela, de Rusia, de Cuba, de cualquier país. Puedes no creerlo y unirte a quienes piensan ingenuamente que podemos vivir en una aldea de gentes desinteresadas. Pero no es así.

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Más allá de los cargos por los cuales se le está acusando (cargos que le fueron levantados el 20 de agosto, tres meses antes de la publicación de los documentos de la polémica), Julian Assange (y con él, WikiLeaks) violó algo sagrado que, al parecer, como que ahora no le interesa a nadie en esta época de sobreexposición en la que vivimos: el derecho a la privacidad.

El derecho a la privacidad, el derecho de poder comunicar en un entorno privado opiniones que no necesariamente debe conocer otro. En tu propia vida también hay cosas que no quisieras que otros sepan.

Cada persona tiene su propio espacio, donde actúa con la libertad de saber que no habrá micrófonos ocultos grabando. Los diplomáticos no son la excepción. Las opiniones que ellos han emitido, por lo que conocemos a cuentagotas por WikiLeaks, son opiniones. ¿Acaso tú no emites en una reunión opiniones que pudieran ser poco agradables para la persona que faltó? No creo que te gustaría que esas opiniones salieran de ese ámbito y afectaran tus relaciones personales.

Si se apoya a WikiLeaks justificando que actúa contra el país más poderoso del mundo, no veo por qué no se tendría que apoyar que el país más poderoso del mundo espíe y publique información de cualquier persona.

De hecho, a George W. Bush y Julian Assange los une la «defensa de la libertad», sin importar que para ello haya que violar el derecho del otro.

Creo que en lugar de andar defiendo a priori a Julian Assange y ver teorías conspirativas hasta en la sopa debería valorarse con más detenimiento el peligro de convertirnos en una sociedad a la caza de revelar los secretos de otros. Porque tarde o temprano los micrófonos apuntarán hacia ti.

PS: Lo que WikiLeaks hizo ya no se puede borrar, por lo que resulta reprochable el boicot asumido por empresas Amazon, PayPal, MasterCard, Twitter.

Si eres seguidor de este blog quizá ya sepas distinguir entre las entradas de no-ficción, ficción y realidad ficcionada (ejemplo de este último caso, La librería porno). Si aún no tienes esa capacidad de desentrañar mi pensamiento (ni yo lo puedo hacer), acá te traigo un relato de los primeros. / Desde que descubrí que masticar chicles me sirve para liberar tensión me he vuelto adicto a los Trident. Trident de menta fresca, de eucalipto, de mora azul. Es un vicio cuando estás en una reunión con Gente Importante salivando como un enfermo por estos chicles libres de azúcar y recomendados por el Colegio de Odontólogos de Venezuela. / Esta mañana, de camino a mi oficina, me detengo en el mismo kiosko donde siempre compro, junto a la Torre Británica de Altamira Sur, para proveerme de mi dosis necesaria para un día que será muy largo. / Le pago al kioskero, le doy las gracias (que no me retribuye) y sigo mi camino hasta descubrir que los chicles están mojados. Me devuelvo y con respeto le pido que me cambie los chicles. La garra del kioskero me arrebata el empaque, lo abre todo, deja caer los chicles sobre el tablero del kiosko y dice que no están mojados. Sin mediar palabras empieza a apretarlos, se niega a cambiármelos porque dice que no será él quien pierda, le pido sentido común, que mire que sí, que están mojados, él dice que vienen empaquetados, que es imposible, se exalta, empieza a manotear, mi adrenalina se dispara, mi tensión explota ante mi penoso síndrome de abstinencia de Trident, lo maldijo, me maldice, la gente de alrededor se detiene para observar esa improvisada discusión a las 7 am que parece salida de La conjura de los necios. Y entonces sucede. / Contra la cara del kioskero agresivo, tacaño y bruto se estrella una bandada de chicles y empaques cerrados no mojados que salieron volando desde mi mano. / A su coñotumadre le replico con un pedazodehijodeputa. / Habré perdido 6 bolívares (de paso, los vende un bolívar más caros), pero siento que me puse del lado de todos los usuarios-consumidores que alguna vez hemos sido maltratados por malos vendedores. Por ahorrarse unos seis miserables bolívares perdió a un cliente diario. Pero espero no ser el único: si leíste hasta acá, espero que te solidarices conmigo y si pasas por allí no le compres más a ese tacaño, miserable y volátil kioskero ubicado junto a la Torre Británica de Altamira Sur. Disculpa mi exaltación: no he consumido Trident en todo el día. (3)

Librería porno

Escrito por en Relatos

Librería porno

La Librería Ilustra, la librería real de este relato real (?), desapareció del Centro Letonia de Caracas. No corren buenos tiempos para la pornografía.

Hay días en los que despierto pensando que todo es un montaje. Que detrás de las cortinas hay cámaras, que debajo del sofá hay un micrófono apuntado hacia el teléfono, que incluso tú unas veces eres parte del reparto y otras, un espectador. Sé que esta idea no es nada original y que una literatura sobre este tema llena catálogos de novelitas intrascendentes.

Es difícil no pensarlo cuando estás en el Centro Letonia de La Castellana sentado en un café, tomándote un té frío, corrigiendo un manuscrito premonitorio (que tal vez publique algún día en este blog) y de pronto ves que en el mostrador de la librería de enfrente se exhiben DVD de porno duro junto a libros de Simone de Beauvoir. Algo así como una desacralización del feminismo más burdo y hormonal con la explotación más indecente en formas de pechos de silicona al aire. Tan indecente que te impulsa a ir hacia ese lugar con un anuncio que dice: Librería Ilustra.

Allí están, en el segundo piso de una librería más bien pequeña y claustrofóbica, un personajillo bajo y entusiasta del hardcore barely legal y un librero joven, hablando de una reciente visita de Victoria Lanz, del hermoso rostro de la relativamente debutante Gigi Rivera (la chica de la foto de abajo y, en realidad, el gustoso pretexto para escribir esta nota), del inmenso culo de Kristina Rose entrenado en el fisting y de las tetas hermosas de Lela Star algunas veces con piercings, mientras yo, tan ingenuo yo, buscaba entre la sección de cómics el volumen 6 de Scott Pilgrim (que, al parecer, tendré que seguir esperando hasta el otro año a que llegue a Venezuela).

Fue entonces cuando pensé otra vez en el tema de los montajes. Que la Librería Ilustra (que es «real», está allí, anda a verla) es una fachada para vender porno. Entre volúmenes de la gran literatura de muy buenas editoriales y a precios muy bajos, se mueven personajes curiosos, como si el director de esta obra los hubiese ubicado mal en otra escena o como si fuesen actores descansando de esta gran trama que es la vida de una persona. Los actores cuando tienen que elegir repasar sus guiones terminan yéndose a librerías porno.

Salí de la librería buscando en los negocios y oficinas de alrededor esos posibles errores de montaje o las enormes tramoyas dejadas por un descuidado obrero. Sé que tú ahora eres un espectador. Sé que echas un ojo a diario a este blog. Si la vida es, en efecto, una improvisada obra de teatro, sólo espero por el día en que ese director incluya en el reparto de mi vida a la bella Gigi Rivera.

Gigi Rivera