El exceso de normas altera tu vida

Escrito por en Estado de política, Estado social

Sociedades libres

Quiere usted pasar el fin de semana en la playa con su novia y entonces el papá de ella le exige como requisitos para que pueda salir con usted:

  1. fotocopia de cédula de identidad,
  2. examen de salud vigente,
  3. inspección del vehículo (si no tiene propio, fotocopia del boleto en transporte de reconocida reputación),
  4. constancia de la reservación del hotel (si es casa particular, fotocopia de título de propiedad, si no lo es, carta de invitación sellada por autoridades municipales),
  5. le dice que le mandará inspectores para que verifiquen que «no están haciendo nada malo» y, por último,
  6. le manda a llenar carpetas con seguro de viajes, últimos estados de cuenta y una declaración jurada de que se limitarán a bañarse en la playa y de que a la vuelta ambos se someterán a exámenes médicos.

 Podrá este padre creerse un hombre previsor y cuidadoso del bienestar de su hija, pero en la práctica está entorpeciendo la relación normal entre una pareja; en otras palabras, está haciendo todo lo posible (intencionalmente o no) para que esa relación termine arruinada.

Esta es una situación claramente exagerada, pero en la vida real para realizar trámites sencillos nos han acostumbrado a aceptar como normal la imposición de una serie de requisitos absurdos y engorrosos. El Estado, a través del gobierno de turno, impone una gran cantidad de normas, leyes y reglamentos a sus ciudadanos que alteran el normal desenvolvimiento de las relaciones humanas. Una sociedad puede, fácilmente, desarrollarse libremente con una legislación limitada y básica: no matar, no lesionar, no robar.

Todo lo demás puede fácilmente ser normado de manera tácita entre particulares, adultos y responsables.

La precuela

Escrito por en Fueginos, Ideorama

La precuela

Gary Duff, guionista de Hollywood de respetable trayectoria, ganador del Pulitzer por su novela The Cry of the Mirrors, conversador entretenido aunque tampoco deslumbrante en las fiestas de Los Angeles y figura reconocible en las de Nueva York, atraviesa una etapa de exuberante creatividad.

Está a punto de arrancar la escritura de su nueva novela que llevará por título The Silence of Empty House, primera parte de lo que espera sea una trilogía colosal de historias entrelazadas acerca del amor, la muerte y la venganza desde entreguerras hasta la actualidad.

Sin embargo, sucede un hecho que paraliza este inicio: recibe el encargo de escribir un guion laberíntico para la precuela de Memento.

Imposible negarse a la suma de dinero propuesto que le serviría para afrontar su inminente divorcio con una actriz mediocre devenida en voz secundaria para películas animadas: Melissa Harting.

Duff se embarca en un proyecto que le consumiría todo el día. Su trabajo «creativo» se traduce en «desarrollar lo ya pensado por otro». Se convierte así en cómplice de la cobardía de ejecutivos temerosos de afrontar nuevos proyectos, entregados a la garantía de éxitos fáciles de taquilla.

El relato transcurre con Gary batallando contra los llamados de su creatividad, la mayor parte domado por el sistema hasta que, hacia el final, se enfrenta a las consecuencias de haberse rebelado.

Eurocopa 2012: pronóstico y cuadro de cruces

Escrito por en Asides, Deporte

Eurocopa 2012

En el pasado Mundial de Fútbol de Sudáfrica 2010 acerté unos cuantos partidos de la fase final y al finalista España, al que dejé como subcampeona ante una Brasil que para mi satisfacción ni siquiera llegó a semifinales.

La Eurocopa suele ser el torneo más competitivo de todos cuantos los hay en el fútbol, y para esta edición en Polonia y Ucrania no veo algún equipo que esté por encima del resto. Seré breve, estos son mis pronósticos del cuadro final, puedo equivocarme estrepitosamente: gana Alemania.

Cuadro final Eurocopa 2012

La moral vegana: una crítica a cierta militancia

Escrito por en Estado social

Lisa la vegetariana

Adoptar una dieta libre de carnes es una opción válida, tanto como no hacerlo. Conozco de primera línea las dificultades que tienen los vegetarianos y veganos para ser rigurosos con su alimentación cuando la mayoría de las opciones presentes en el mercado facilitan el consumo de una amplia variedad de carnes. Pero con mucha disciplina la cumplen, son fieles a sus principios. Conozco sus puntos de vista porque he asistido a reuniones de grupos vegetarianos/veganos, y son opiniones espirituales/filosóficas respetables. El asunto se tuerce cuando salen a relucir aspectos cuestionables de algunas personas que asumen el estilo de vida vegetariano/vegano con una creencia de superioridad moral frente a los que no tienen el mismo modo de ver la vida de ellos, creencia que en algunos casos llega a tener claros visos de intolerancia e intransigencia.

Esa superioridad moral los lleva a meter en el mismo saco a los que maltratan animales por diversión (corridas de toros, circos, peleas de animales, cacería), a los que experimentan con animales (por razones científicas) y a los que tienen una dieta basada en el consumo de carnes.

Es decir, confunden (sin mala voluntad, vale decir) aspectos éticamente antagónicos y distantes para defender el no-consumo de carne. Porque no hay relación entre el que mata por matar como aquel que mata y come para sustento propio. Pienso en un caso que fue objeto de debate: el accidente aéreo de Los Andes, cuando la necesidad llevó a los sobrevivientes a un extremo impensable: la antropofagia. Lo que en condiciones sociales normales hubiera sido una conducta reprochable (comer carne humana, en este caso, de hombres muertos), ante circunstancias de vivir o morir fue entendido incluso por la iglesia. De igual modo, pienso en el permiso que concede la tradición judía de negar a Dios si de esta manera se preserva la vida propia. El consumo de carne no se hace por diversión, sino para vivir.

De allí que criticar a quienes tienen una alimentación cárnica, de creerlos seres intrínsecamente reprochables porque hacen algo condenable ante la moralidad de ellos, es una muestra de poca aceptación de nuestras diferencias humanas. La imagen que ilustra esta entrada hace referencia a un episodio de Los Simpson titulado «Lisa la vegetariana». La segunda de la prole amarilla descubre el vegetarianismo, y cual evangelista emprende una cruzada contra las costumbres carnívoras de los infieles, encabezados por Homero que prepara un suculento cerdo para honrar en una parrilla «pagana»; Lisa termina arruinando el banquete, se pelea con su «troglodita» padre y por último conoce a Paul McCartney y su (fallecida) esposa Linda, quienes le dan una lección acerca de que las conductas propias no se deben imponer a los demás, quienes por ser diferentes a uno no dejan de ser buenos seres humanos. Happy-ending.

Si hay algo que apoyo sin cuestionamientos es el trato ético hacia los animales y los derechos que estos tienen: esto es oponerse al maltrato, al abandono de mascotas, al comercio de especies, a los circos que tienen animales, a las cacerías, al uso de pieles, a los sacrificios; lo cual no implica que renuncie a mi dieta cárnica, que tampoco es exclusiva de la especie humana: es muy común en la naturaleza. Estudios demuestran que la evolución hacia el homo sapiens sapiens se debió al tránsito que dieron las primeras poblaciones hacia una alimentación con alto contenido en proteínas (carnes). De allí que adoptar el vegetarianismo/veganismo es una conducta asumida de manera voluntaria (muy respetable, repito) desde un plano espiritual, filosófico y cultural, propio del desarrollo de la conciencia humana.

Debe haber respeto por las diferentes opciones alimenticias, tanto de parte de los que comen carne como de los que no lo hacen, ya que unas personas no son mejores que otras por adoptar determinada conducta. Lo cuestionable está en asumir que una postura propia es la correcta, la ideal, la verdad, porque de conductas correctas se pasa fácilmente a la «corrección» de los diferentes, de los equivocados, de los infieles e impuros, y vaya que la humanidad ha tenido que pagar en vidas humanas tantas correcciones.

Mayami nuestro (1981), Carlos Oteyza

Escrito por en Estado social

Si de algo ha servido aquel video del que ahora ya nadie quiere hablar y que trata un tema del que nadie nunca quiso hablar, es que ha traído al debate cuestiones como qué somos los venezolanos, cómo nos vemos a nosotros mismos y la manera como nos relacionamos con el país.

Se ha escrito mucho, muy buenos artículos y otros no tanto, pero lo mejor de todo es que se han rescatado algunos documentales de verdad que también hablan de nosotros, hablan tanto que nos sentimos molestos, incómodos.

Uno de esos documentales es este, del que había oído hace tiempo pero recién tengo la oportunidad de verlo: Mayami nuestro, en el cual se presenta aquel país de fantasía de finales de los setenta y principios de los ochenta, cuando el dólar barato daba la oportunidad a los venezolanos de ir los fines de semana a Miami a dilapidar el dinero producto de la bonanza petrolera.

Un país dormido, que vivía en el sueño de creer que este es un país rico, y que cuando despertó se encuentró con el Caracazo y que luego se aventuraba a los golpes de Estado de 1992.

 

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