—Mi hermana se casa el próximo mes en Chile y me está invitando a su boda. ¿Y sabes quién se presentará esos días por allá? ¡Morrissey!

—Sí, lo sabía…, lo leí el otro día en Twitter. Vaya suerte que tienes a veces; cuando pensaba ir al supuesto concierto que Morrissey daría en Caracas el año pasado, el pobre enfermó. Creo que te odiaré un poco cuando publiques las fotos.

—No lo hagas, que de seguro te traigo memorabilia. Volveré para tu cumpleaños, ¿qué quieres de regalo?

—Me encanta cuando haces preguntas tan ingenuas porque de esa manera te puedo responder con mucha sinceridad: te quiero a ti una noche. Una noche entre 365 noches de un año, ¿dime si no es la mía una petición modesta?

—Modestísima, la verdad. Sabes que eso ya no es posible.

—No te he detallado esa salida. Me bastaría con una cena en Persépolis, como en los viejos tiempos. Has sonreído al responderme. Eso quiere decir que mi petición no te ha molestado, de lo contrario la reacción de rechazo hubiese sido inmediata. Vamos, que si no rompes un poco con la rutina te vas a aburrir de andar tanto tiempo con el mismo hombre.

—Tú nunca te cansas de inventar.

—Las circunstancias me obligan a hacerlo, de lo contrario el tedio ya me hubiese secado el cerebro. Pero mi petición no es un invento, no veo por qué no podrías aceptar una modesta invitación de una noche, si lo amas no tendrías dudas de salir conmigo.

—Suena lógico, aunque no consideras el hecho de que me meterías en un tremendo rollo.

—Has vuelto a sonreír. Es algo que últimamente no se te da con mucha facilidad. He notado en tus correos y en las palabras que utilizas un tono un tanto sombrío, diría que hasta desengañado, que no encaja con tu temperamento alegre y cordial. ¿Has cantado últimamente: I was wasting my time, trying to fall in love?

—No, he cantado: It was a good lay, good lay, it was a good lay, good lay.

—No dejas de sonreír. ¿Lo amas?

—Estamos juntos.

—No te veo muy entusiasmada.

—Me he llegado a acostumbrar, y a esta edad ¿no es el amor eso? ¿Dar paso a la costumbre y la tranquilidad y dejar a un lado las emociones desmedidas?

—…perder la pasión.

—…no. No esperes que exteriorice grandes muestras de alegría y pasión por encontrarme en una relación estable. Estoy bien así, estamos bien así. Ya las cosas no son como hace unos años, en que la juventud pareciera, quizá por la inmadurez, tener esa necesidad de reafirmar ante el mundo el amor entre dos personas, y el amor no deja de ser, en realidad, una cosa eminentemente privada.

La procesión va por dentro, buen título para una obra de teatro para doñas en Teatrex o Escena 8.

—Es una canción de Kevin Johansen, también.

—Vale, me queda claro lo que pensaba. Hace rato noté que mirabas la hora; sé que has sacado mucho tiempo de tu trabajo. Me contarás más al respecto cuando regreses a reseñarme tu experiencia Morrissey.

—Está bien, créeme que será así. Volveré para tu cumpleaños.