El ahorro y la venezolanidad

Escrito por Álvaro Rafael en Estado social - Ir a Comentarios

Dinero en llamas

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Hay un hecho en el venezolano promedio me ha intrigado: ¿Por qué el venezolano de clase media baja/baja (estadísticamente mayoritario) se empeña en destruir su dinero en costosas bagatelas mientras vive al mismo tiempo en la miseria?

Pongo de ejemplo un caso que observé en mi oficina y que me parece típico de nuestra idiosincrasia: la alegría embargó la modesta casa del señor Jonson cuando transformó las utilidades de fin de año en un moderno televisor de plasma, en el mejor DVD del barrio y en la fiesta con mayor concurrencia que haya podido presenciarse en toda la zona. Para mediados de enero, el señor Jonson anda irascible y drena su molestia en la señora María por la falta de dinero para sostener a Dickinson Miguel, Jonson Júnior, Frebert José y la pequeña Yhormarýh.

¿Por qué esta falta de previsión, tan común del venezolano promedio? ¿Un deseo de no ver morir el dinero ante la siempre ascendente inflación?

¡No!

Para aclarar este detalle de la venezolanidad (y, en cierta medida, del ser latinoamericano), hay que echar mano del pensamiento del doctor Úslar Pietri sobre otro aspecto ciertamente relacionado. En un reciente artículo publicado por Pedro Penzini López en la revista ZETA («La siembra del petróleo», nº 1561), se cita a tan atípico venezolano en cuanto a lo que él llamaba el «divorcio entre riqueza y trabajo».

Según Úslar Pietri, el venezolano está genéticamente condenado: en la época colonial, a diferencia de algunos países anglosajones, la mayoría poblacional estaba compuesta por esclavos (o descendientes en algunas ramas de esclavos). El esclavo era sometido con la fuerza más brutal a desempeñar un trabajo por el cual, obviamente, no recibía retribución alguna, trabajo por el cual no podía menos que sentir un desprecio natural. Así, fue imprimiéndose en el patrón genético un modelo que no asociaba trabajo con dinero, y, por extensión, tampoco asociaba trabajo con progreso económico y social.

Por lo tanto, regresando a nuestra caso, cuando Dickinson Miguel obtenga su primer salario no pretenda usted que lo deposite en una cuenta de ahorro o lo invierta en su educación…, no: Dickinson Miguel merece algo mejor: durante quince días sacrificó su juventud y su tiempo, su genética le pide una gratificación por ese odioso y molesto trabajo: merece los mejores zapatos de entre sus amigos, merece salir a rumbear con ellos a la mejor discoteca (para su estilo) de Sabana Grande y no sólo invitarlos, sino invitarles las bebidas hasta donde pueda alargar ese sueldito. Si por la mente de Dickinson Miguel pasan conceptos vagos y nebulosos de ahorro, que por supuesto no dará esa palabra porque dentro de su vocabulario no se ha estampado ese vocablo, no será más que para reunir varias quincenas con las que comprar el último celular de moda con adaptador para su futuro Home Theater que desea adquirir después de reunir más quincenas. Frebert José mira a su hermano y lo admira. En su pequeña mentecita empieza a dibujarse ese día en que ganará su primer salario; así, sus privaciones actuales (y antepasadas) desaparecerán. Algún día tendrá más de un hijo, quienes muy seguramente pensarán como él.

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3 lectores han participado en el tema «El ahorro y la venezolanidad». Únete a la discusión y agrega tu comentario.

  1. 15 May 2006 en 3:44 pm Marian

    Es así.
    El venezolano promedio tiene una visión cortoplacista de su futuro.

    Les pagan el sueldo, y parece que el dinero les ruega ser gastado de inmediato.

    Como dice la sabiduría popular: “Pan para hoy…hambre para mañana”

    Por cierto, qué interesante leer la hipótesis de la causa genética de ese comportamiento. Siempre lo he criticado, pero nunca lo había relacionado de ese modo.

    Saludos!

  2. 26 Nov 2006 en 8:39 pm josefina

    son unos estupidos

  3. 26 Abr 2010 en 3:54 pm ANA

    Me parece interesante el artículo porque es importante conocer nuestra cultura, para comenzar a cambiar los patrones de conducta de nuestros jóvenes.

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