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Escrito por en La vida estúpida de Sebastián Arana

Grúas de Caracas

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La imagen de un Jhonny Rotten desilusionado al borde del escenario, de cuclillas, con la mirada en algún lugar indefinido del público. Suena «No Fun», versión de The Stooges. Sid Vicious se desliza al fondo y en su rostro hay quien quiere ver un fastidio como presagio de la fatalidad; poco tiempo después lo encontrarán muerto de una sobredosis tras el asesinato no aclarado de su novia en Nueva York. La «última» presentación formal de los Sex Pistols pasa a la historia por la frase de Rotten: «¿Habéis sentido alguna vez que os han estafado?»

Saúl mira una y otra vez este vídeo en su laptop. Se pasea por su casa envuelto en una bata y que en pocas horas será cambiada por una bolsa negra. Sin el brillo de Sid, pero de existir otra vida le complacerá saber que sí compartirá una muerte enigmática. Las últimas semanas las pasa encerrado en el apartamento, escribe reflexiones sobre Caracas que espera mandar a cualquier concurso, escribe sobre la vida en los hoteles y repite la frase: «Dormir en una cama de hotel es dormir varias vidas», manda cartas a Amaranta perdonándola pero que no reciben contestación, la chica vive una luna de miel con el fotógrafo con el que se fue, Saúl se considera un Jhonny Rotten desilusionado al borde de caer fuera del escenario. La falta de apetito presagia que ha llegado al límite en el que ya no hay nada más interesante que hurgar en la vida.

El teléfono suena una vez más: en la grabadora se marca el número que está evitando. La contestadora se activa y graba la voz de un hombre molesto, luego de decir que es la tercera vez que llama, suelta: «Tendré que pasar a verte». Fin de la grabación. Bosteza y se deja caer sobre el sofá, el sueño rápidamente acude borrarle la mente.

La primera vez que oyó esa voz fue en aquella reunión en la que Sebastián, minutos antes, le propuso un negocio. Habían salido a dar una vuelta a pie por La Hoyada. Era domingo por la tarde y las calles estaban vacías y el asfalto irradiaba calor y se creaban pequeños espejismos. La silueta de una grúa oxidada se marcaba por delante de un sol, círculo enorme y naranja, que empezaba a esconderse detrás de las montañas. Llevaba años allí, en medio de la construcción abandonada de algún proyecto fallido, entre la maleza que trepaba las paredes cubiertas de grafitis y los escombros, delineando el borde de una ciudad entonces teñida de crepúsculo. «Mira Caracas repleta de proyectos fallidos, le dice Sebastián a Saúl, hay quienes pierden su tiempo buscando una identidad de ciudad en una que no termina de construirse…», y entonces el timbre de su voz demostró aburrimiento y deseos de zanjar pronto la idea, «tengo algo que contarte»:

Mira la Avenida Fuerzas Armadas: las calles picadas para construir el carril exclusivo de una línea de autobús postergada. Época electoral, el alcalde se aprovecha de nuestra mala memoria colectiva y anuncia, seguido por las cámaras y los aplausos de la comunidad organizada, el “inicio” de las obras. Cuatro días después el calor del mediodía desorienta a un obrero cuyo martillo neumático se desvía de los límites demarcados en el pavimento y el ruido del martilleo se ahoga en el estrépito de cuando el piso bajo sus pies se desmorona. Un enorme boquete lo ha devorado. Compañeros acuden corriendo a observar el enorme cráter, pozo, bóveda o cueva prehistórica descubierta en mitad de una ciudad desacostumbrada a los hallazgos arqueológicos. Boquiabiertos, algunos; otros apuntan sus linternas hacia un fondo que se traga la luz como un agujero negro. No transcurren muchos minutos cuando el área está acordonada, camiones de bomberos trancan el tránsito y la policía aleja a los curiosos y le quita las cámaras a unos periodistas a los que se les obliga a decir que lo ocurrido no pasa de ser un lamentable accidente laboral. Sin saberlo, aquel desafortunado obrero había descubierto la estación fantasma de Fuerzas Armadas del Metro de Caracas.

Suele suceder que en las proyecciones de las obras de los subterráneos se planifiquen estaciones que finalmente nunca abrirán por diversos motivos. Cuando en los setenta se inician los trabajos de construcción del Metro de Caracas, sobre el mapa de una ciudad en pleno apogeo urbanístico se pusieron varias tachuelas. Cada una representaba una estación. Algunas fueron canceladas antes de iniciar su construcción, otras, como ésta, siguió un rumbo destinado a quedar bajo toneladas de burocracia y desvíos de fondos públicos. El escándalo fue tal que en las oficinas de las diferentes administraciones esta estación quedó desechada, abandonada y por último silenciada. Bueno, en realidad especulo. Quizá la verdad sea que nadie le prestó atención a esta obra ni se preocupó de la corrupción y así nuestra mala memoria hizo el resto. No convenía darle a conocer a los ciudadanos que bajo la ciudad por donde caminan a diario se mueven túneles de otra ciudad esperando ser habitada cuando el caos se apodere de la superficie. Sigo especulando.

Saúl seguía el paso por las calles del centro de Caracas. La última vez que estuvo por esa zona había llegado en bicicleta con su LOMO para tomar unas fotografías de los «lugares culturales de la vieja Caracas» que colgó en una página y que ninguno de sus amigos que las vio supo ubicar. De aquel voluntarioso Saúl no quedaba ni rastros. Se había vuelto un ser dócil, dejó de congregar gente en su casa y su aspecto era cada vez tan ruinoso como su salud: la tos le impedía mantener conversaciones largas y con frecuencia se quejaba de dolores musculares. Aun así, en las últimas semanas acompañaba a Sebastián a dónde éste le dijera y no dudó en embarcarse en aquella travesía que empezó en los sótanos de un local de reparación de electrodomésticos cercano a la iglesia de Sagrado Corazón de Jesús. En realidad, ahora soy yo quien especula.

En aquel momento Sebastián apuntó su linterna hacia el anden y las ratas se refugiaron en los rieles. «Un poco de limpieza basta», dijo, con una mueca irónica que pronto se transformó en el fastidio que últimamente guiaban sus palabras. Si Sebastián había dejado la comodidad de su casa en Santa Eduvigis el mejor lugar para continuar su camino hacia la estupidez era lejos del orden, lejos de la normalidad, lejos de la sociedad establecida: en el mundo subterráneo. En la extraña tranquilidad que le brindaba una estación fantasma del metro de Caracas. «Siéntete cómodo, S», dijo Sebastián, y se arrojó en un sofá que seguro arrastró una noche a su cueva desde de la basura superficial. «En minutos tendremos visitas».

Saúl miraba sorprendido, o mejor dicho, imagino que miraba sorprendido a lo largo de un andén apenas iluminado tal vez por velones o algún modo de iluminación primitivo que Sebastián había instalado. Pudo preguntarle cómo conoció aquel lugar, no lo sabemos con claridad, la historia que te cuento en este momento se filtra de una boca a otra y llega a mis oídos como el fino hilo de una voz que se apaga. Lo cierto es que estuvo allí. A partir de ese momento estaría allí otros días. En el mundo subterráneo de un Sebastián apoltronado en un sofá del cual salían resortes retorcidos, con una mirada de satisfacción como el rey de las tinieblas que pretendía ser, complacido de la suciedad del ambiente, de la humedad apenas recortada por algún ventilador industrial, de ese extraño territorio que había conquistado.

Se oyeron unos golpes al otro extremo del túnel. Imagino que Saúl se sobresaltó, que la luz de linterna que lo iluminó algún efecto de sorpresa habría tenido en él. Entonces oyó por primera la voz. Seguro esperó unas palabras que encajaran con el ambiente sombrío. Pero eran más bien saludos amigables de un hombre y una mujer que se acercaban con enormes zancadas. En ese momento Sebastián le propuso lo que luego me contaría Valeria. «Aumentemos el monto de la apuesta», y en seguida explicó que salir con Dwuasileth y con Yargulis, como hasta ahora ellos venían haciendo, era poco para descender, que si querían tocar fondo debían convertirse en explotadores y luego, eventualmente, ser explotados ellos, «en esta parte del juego entran Sumalla primero y luego el Oriente», dijo, encendiendo un cigarrillo, o imagino que lo encendió para darle rigidez a sus palabras. No siguió más: los visitantes ya estaban al lado.

Saúl despierta y consigue a su alcance la libreta en la cual anotaba las citas que le había programado a Yargulis para la semana siguiente: un cliente en Santa Fe, abogado conocido por haber defendido a un sindicalista famoso los meses posteriores al paro petrolero, al parecer encantado con los cabellos ensortijados de Yargulis; otro, un antiguo comediante de Radio Rochela venido a menos, que ahora se gana la vida haciendo stand-up de chistes babosos para un público desagradable que llena bares sórdidos de Sabana Grande y Chacaíto; otro, un ingeniero aeronáutico socio de una aerolínea de envíos que ya había invitado en un vuelo privado a Dwuasileth a Los Roques y que dejó que le tomara fotos durante el sexo que ella luego envió a Sebastián. Fotos porno que ahora decoraban lo que podía llamarse la habitación de Sebastián y que le servían a él para sentirse humillado: «La humillación nos quita la humanidad», decía, mirando las fotos de su novia con este amante, con otro, fotos que cuando salía a la superficie se encargaba de entrar a cibercafés para publicarlas en páginas caseras venezolanas.

En las páginas finales de la misma libreta estaban los nombres de otro tipo de clientes: un joven médico residente en el Periférico de Catia que se mantenía despierto durante las jornadas de fines se semana esnifando cocaína; un viejo profesor universitario de estudios internacionales de la UCV que se le veía rodeado de estudiantes en El Trompezón o en el Ling Nam de Los Chaguaramos con libros de Bakunin agujereados donde escondía piedritas de crack; una estudiante que encendía un porro para tragar sus estudios de ingeniería industrial en la UCAB. Clientes del más diverso estrato, en los puntos más distantes entre sí de la ciudad y siempre fieles.

Sebastián había notado la rentabilidad en el negocio, quería riesgo, quería más, quería subir el precio de la apuesta. Le había exigido a Saúl que no le respondiera más las llamadas a Oriente. Saúl camina por la casa, mira una vez más el vídeo de Jhonny Rotten en su laptop y ahora enciende la televisión: juego de la NBA. Alguien llama a la puerta. Imagino que creyó que era Sebastián, o que creía que era Sebastián. Especulo, seguro sabía quién era. Para sorprenderse hace falta un alma, él ya no la tenía, lo deja pasar, hay una discusión, finge que discute, el visitante enciende la radio para ocultar los gritos, los vecinos lo asumirán como otra noche de farras del hijo de la autora de autoayuda, llaman a la policía que desiste de ir, empiezan los forcejeos y llegan hasta el balcón. Un cuerpo que empuja a otro hacia el vacío. Jhonny Rotten, desilusionado, pregunta al público:

¿Habéis sentido alguna vez que os han estafado?

El vídeo se detiene y aparece la lista de sugerencias de Youtube. Nadie esa noche abrirá otro vídeo.

Las culturas se enriquecen cuando intercambian entre sí costumbres, inventos, idioma. Le debemos mucho al ingenio chino, le debemos mucho a la civilización grecorromano, le debemos mucho a la cultura española (de hecho, me considero hondamente hispanoamericano). Usamos una lengua que no nació en nuestro continente, comulgamos con religiones que se originaron allende los mares, vestimos con una tradición occidental. Toda esta mezcla nos hace únicos en la diversidad del mundo. Esta mezcla es innovadora, nos impulsa a evolucionar. Pero de allí a adoptar partes del folclore de otras naciones la distancia es más larga y querer llegar hasta ese lado de las barreras que nos diferencian tiene como consecuencia el parecer enanos culturales e imitadores lamentables. Halloween no es una tradición nuestra, ni siquiera el Halloween que se celebra en Estados Unidos tiene que ver con el origen de esta celebración, que es una deformación de tradiciones celtas (luego cristianizadas) relacionadas con el cambio de estación y que fue llevada a Norteamérica por la diáspora irlandesa. Por eso celebrar Halloween en un país tropical como Venezuela, sin estaciones ni influencia celta, tiene un sabor de exotismo ridículo y consumista. Yo no veo en un suburbio de Kentucky a unos niños saliendo disfrazados de diablos de Yare ni en Iowa a una familia anglosajona comiendo una hallaca. Porque los estadounidenses tienen una cultura y un folclore propios, y no se dejan seducir por lo que viene de otros países en paquete de consumismo. (1)

Escrito por en Estado social

Juan José Padilla

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Una discusión forzada

La polémica sobre la tauromaquia no está entre mis principales intereses. Esto no quiere decir que sea indiferente al tema; simplemente, vivo en un país (Venezuela) donde las corridas de toros son escasas y en una ciudad (Caracas) cuyo mayor coso taurino (Nuevo Circo) es un edificio que lleva décadas cayéndose a pedazos y cuyo uso actual está destinado a otro tipo de actividades. Por los motivos anteriores, cada vez que oigo hablar sobre corridas de toros eso me suena a pasado remoto, a espectáculos que se dan en países lejanos. Mi nivel de interés hacia esta polémica es el mismo que pudiera tener un caraqueño común por las peleas de niños en Tailandia o un indonesio por la práctica de engordar niñas en algunas regiones de África.

Son tantos los temas que ocupan nuestra atención como venezolanos (la delincuencia, la economía, la política) que apasionarse en discutir a favor o en contra de la tauromaquia, en un país donde esta actividad ya es algo residual y en vías de extinción, me resulta un tema de discusión forzado y ajeno a nuestra realidad y tiempo.

Repito algo que mencioné al principio (porque sé muy bien que en ocasiones una idea necesita repetirse para que pueda ser entendida por la mayoría): esto no implica que uno carezca de una opinión sobre este tema, y la mía se decanta hacia la consideración de las corridas de toros como un espectáculo repulsivo.

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Involucionando: una ventana a la antigua Roma

 

Poner a un animal a luchar hasta su muerte contra un hombre que lleva las de ganar tiene de espectáculo lo mismo que tuvo en la antigua Roma el poner a un hombre a luchar hasta su muerte contra un animal que tiene las de ganar.

Las corridas de toros son un espectáculo bárbaro, y luego de siglos de superación (o al menos, de disminución) del oscurantismo, guerras y tantas otras estupideces humanas yo no pagaría un centavo por involucionar en una plaza de toros.

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Aunque no te guste: un asunto cultural

 

Sin embargo, hay gente que todavía le gusta ver corridas de toros.

Es algo innegable y basta con ver cómo en España o México aún se llenan algunas plazas de toros y cómo ciertos toreros se pasean por algunos países como auténticas estrellas mediáticas.

La tauromaquia, aunque ya sin la fuerza que tuvo en el pasado (algo notorio por el cada vez más reducido circuito taurino en su país más representativo, España), sigue siendo un asunto enraizado en la cultura de algunos sectores de la sociedad, aunque quienes se opongan activamente a ella (los antitaurinos) aleguen que la tauromaquia no es «ni arte ni cultura, sino tortura». Pero que a nosotros nos desagrade algo en particular no implica que a los demás también les deba desagradar (por ejemplo, a mí no me gusta que algunas religiones sigan circuncidando a los niños recién nacidos, pero mi opinión difícilmente logre persuadir a una persona que toma esto como un hecho cultural y, más bien, creerá que el equivocado soy yo; tampoco me gusta el boxeo, pero hay gente que le encanta ver a dos sujetos en calzoncillos pegándose hasta que uno de ellos muerda la lona).

 

Antitaurinos caníbales

El caso Juan José Padilla

 

Argumentos los hay tanto a favor como en contra de la tauromaquia, todos válidos para cada grupo (aunque si hay alguno que sale más beneficiado de este debate es, paradójicamente, el de los taurinos, quienes gracias a esta polémica que despierta su actividad mantienen activa una profesión cuyo interés no dudo que eventualmente sea el mismo que tiene en la actualidad en Venezuela: ninguno).

Los argumentos, sin embargo, en ocasiones saltan las barreras de la inteligencia y caen en el terreno de la visceralidad y la venganza, perdiéndose así toda validez y volviéndose simplemente injurias. Digo esto por el reciente incidente que sufrió el torero español Juan José Padilla, terrible hecho que para mi desagrado ha despertado la burla, cuando no los aplausos, de determinados sectores antitaurinos, que han inundado foros y redes sociales con los más deplorables comentarios.

Actitudes de este tipo contrarían la lucha contra las corridas de toros, porque no se puede ser antitaurino, oponerse al sufrimiento de un animal y luego aplaudir morbosamente cuando un hombre es herido en plena faena. Si hay antitaurinos que celebran esto, dudo que tengan interés genuino por el bienestar de los animales y más bien me convenzo de que muchas veces detrás de estas posturas hay una motivación esnobista.

Es entonces cuando las diferencias entre los antiguos romanos y ciertos antitaurinos actuales se difuminan y ambos grupos pasan a ser el mismo público que aplaude rabiosamente y con placer la tortura de otro hombre.

Escrito por en Asides, Rock venezolano

Luego de un descanso vuelve a la movida musical la banda TODAS LAS ABUELAS, quienes se formaron a principios del año 2000 realizando varias presentaciones en locales del país y en distintos festivales como el festival NUEVAS BANDAS. Siempre apostando por la buena música y la diversión Josué, Alex, Vlad y Germán llegan con su primer sencillo titulado «La Mapajota» cargado de ironía distorsiones y ritmos latinos. Este promocional es un abre boca del álbum y fue grabado en Alpha Lyra producciones en Caracas bajo la producción y mezcla de Carlos el «Choco» Torres.

El próximo paso de la banda será su primer disco llamado KURDIKOFF se encuentra aún en postproducción y estará listo para su lanzamiento el 15 de noviembre, en las principales disco tiendas del país.

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Página web

Twitter: @chacatafly / @gmandrummer

Integrantes:

Josué Gualtieri: Voz/guitarra.

Alex Irae: Guitarras/programación

Vlad Gamboa: Bajo/guitarra /coros

Germán Fuenmayor: Batería/percusión

Localidad:

Caracas Venezuela

Género:

Pop rock

Escrito por en Asides, Rock venezolano

Lepster es una banda de hard rock fundada en el año 2007 en la ciudad de Tinaquillo por el guitarrista Junior Julien y los hermanos Vegas, Efraín (batería) y Alexander (bajo), estos dos últimos terminaban sus estudios de secundaria mientras Julien cursaba 4 año de secundaria y ejecutaba el saxofón en una pequeña orquesta donde conoció a Lorenzo Escamilla, quien además de ingresar a la misma secundaria pasó a formar parte de la orquesta ejecutando la guitarra acústica.

Los tres primeros componentes (Junior, Efraín y Alexander) habían compartido tarima en una banda que no demoró en disolverse. Junior propuso a Lorenzo el formar una banda ya que ambos compartían gustos similares en la música además ya contaba con la participación de los hermanos Vegas.

Sin vocalista, sin bajo, una batería de madera, una guitarra, un solo amplificador y sin nombre, empezaron los ensayos. Asistían a ensayar en la casa de los hermanos Vegas mientras pensaban en un vocalista modelo para el estilo de música que perseguían y casualmente Junior en esos meses había estado asistiendo a la casa de un viejo amigo que vivía a unos pocos kilómetros de los hermanos Vegas, su nombre, Deibys Artigas, quien procuraba cantar con frecuencia llamando la atención de Junior, de inmediato la propuesta de que si quería ser parte de la banda se hizo presente, Deibys Artigas aceptó con la condición de tocar el bajo y además tenía poco interés en cantar.

Engañado, Deibys Artigas empezó a asistir a los ensayos de la banda que además era guitarrista y ayudó a los integrantes de la banda a ensayar con equipos completos. En este sitio Efraín Vegas en un momento de ocio encontró un papel con una figura impresa y un pequeño nombre «Lepster», el cual decidieron adoptar, además, lo encontraban agradable ya que tenía una pequeña relación con el personaje Hannibal Lecter elaborado por el novelista Thomas Harris.

La formación quedó de la siguiente manera: Deibys Artigas (voz), Junior Julien (Guitarra Principal), Alexander Vegas (Segunda Guitarra), Lorenzo Escamilla (bajo), Efraín Vegas (batería). Cabe destacar que Lorenzo Escamilla no ejecuta la guitarra desde un principio y se destaco durante estos primeros meses como bajista y la banda tuvo su primera presentación con esta formación en los carnavales 2007 de la región origen de la banda. Además mostraron su primera canción compuesta por Junior Julien, una canción con aires heavy llamada «Sueños». La canción tuvo gran aceptación tomando en cuenta que era ejecutada por adolescentes de 14 años (Deibys), 15 años (Lorenzo y Junior), 16 años (Alexander Vegas) y 18 años (Efraín Vegas), de hecho las fechas de cumpleaños de cada uno de ellos de esa época quedaba un poco retirada aún.

Luego de su primera presentación y sucesivos ensayos Lorenzo Escamilla se hace cargo definitivamente de la guitarra dejando en el bajo a Alexander Vegas. Durante esta época de inicios la banda se vio afectada por la poca disponibilidad de lugares de ensayo en su región, además, la ausencia de instrumentos se hacía notar.

Para principios del 2008 la banda cobro estabilidad al entrar a grabar unas maquetas en un estudio independiente en las adyacencias del hogar de Deibys Artigas, estos temas venían siendo trabajadas por Lorenzo Escamilla y Junior Julien, una versión de la canción Venezuela en Heavy Metal de Pablo Herrero y José Luís Armenteros fue preparada por Junior Julien demostrando una capacidad muy alta para arreglos musicales a muy corta edad.

La banda se estableció rápidamente y paso a ser conocida en el underground de la región, además las influencias empezaron a hacerse notar en la banda entre las cuales están Jimi Hendrix, Led Zeppelin, Guns and Roses, Mr. Big, Alter Bridge, Dream Theater, Saratoga, AC/DC, Aerosmith, etc. Durante los meses siguientes la banda participo en eventos de la región y fue obteniendo alta popularidad lo que los llevó a obtener contratos de carácter privado.

Deibys y Lorenzo empezaron a desenvolver su faceta como compositores y arreglistas activando a la banda en un proceso creativo para una oleada de nuevos temas y fortalecimiento del sonido llegando a componer entre Lorenzo, Deibys y Junior 10 temas principales. De esta manera entre presentaciones en festivales, fiestas, ensayos en estudios de grabación en la ciudad de Valencia, composiciones y adquisición de equipos se va los años 2008 y 2009.

El miércoles 26 de mayo de 2010 la banda ganó el primer lugar en las ferias del Mango en San Carlos, la capital del estado Cojedes, donde, el viernes 28 abrieron el show y compartieron tarima junto a Desorden Público. Además, el 14 de noviembre del mismo año se presentaron en las Ferias Internacionales de Valencia, estado Carabobo, donde demostraron a un público diferente una música diferente, teniendo gran aceptación por parte de los presentes.

La banda presentó una audición el día Sábado, 02 de octubre en la plaza Monte de Oca para clasificar como participantes en el Festival de Rock 100% Venezolano quedando de tercer lugar como la banda con mas puntaje en las audiciones y en primer lugar en el género o bloque en el cual participaron (hard rock/rock and roll).

El Festival de Rock 100% Venezolano – Plaza Monte de Oca, se llevó a cabo desde el 9 de diciembre hasta el 12 de diciembre. Lepster se presentoó el día domingo 12 en el género de Hard Rock/Rock and Roll, en el cual quedaron en primer lugar por su destacada presentación. A principios del 2011 se presentaron en la 1ª Feria del Rock 100% Venezolano – Mérida.

Temática de la banda

Hacemos música con contenido analítico y de crítica social, nos enfocamos en la cotidianidad de la vida, relevando el comportamiento inapropiado de la sociedad, además tenemos música dedicada al disfrute y la gracia aunque bien dicen que «un chiste es una verdad con risa». En un futuro no muy lejano la conceptualidad será plato fuerte en nuestras producciones.

Sitios Web:

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Integrantes:

Deibys Artigas  – Vocalista.

Lorenzo Escamilla – Guitarra.

Junior Julien – Guitarra.

Alexander Vegas – Bajo.

Efraín Vegas – Batería.

Para Contrataciones Manager:

Lic. Mike Duarte

ManagerLepster@gmail.com

Género:

Hard rock.

Influencias:

Guns and Roses, Jimi Hendrix, Alter Bridge, The Who, Led Zeppelin, Mr. Big, Queen.

Ciudad de Origen:

Tinaquillo, Estado Cojedes, Venezuela