Las camisetas de fútbol

Se acerca el Mundial y con él empezarán a brotar los «aficionados» que creen que el fútbol es un deporte que se juega cada cuatro años o que Messi es jugador de la selección de España.
Los mismos aficionados que se pondrán una camiseta de España, Italia o Brasil o de cualquier otro equipo de los populares para ir a celebrar los triunfos en Las Mercedes, cuando la mayoría de ellos perdió más antepasados luchando del lado de Guaicaipuro que de Juan Rodríguez Suárez, o que ni siquiera tiene idea de quién fue Garibaldi ni que Brasil tuvo una monarquía propia.
Somos un país de modas y el fútbol, como deporte comercializado, no escapa a ello. Es más: el fútbol-mercado necesita fanaticada que compre camisetas. Y si tomamos en cuenta que al Mundial sólo van 32 naciones de las 208 inscritas en la FIFA, el mercado es mucho mayor en los países cuyas selecciones no irán a la cita de Sudáfrica.
Soy amante confeso del fútbol. Es uno de los pocos deportes que me atrae (junto al rugby y en menor medida el fútbol americano y el tenis, todos deportes de gran esfuerzo mental, aunque a simple vista no lo parezcan). Disfruto como pocas cosas un buen partido de fútbol y me emociona ver a determinados equipos y jugadores y dejo a un lado mi parquedad habitual cuando de hablar de fútbol se refiere. Particularmente, me gustaría que el Mundial lo ganara Inglaterra o Países Bajos, pero de allí a usar una camiseta de estas naciones con las que no tengo vínculos sanguíneos o de generar una serie de discusiones y fanatismo que ni un hooligan seguro demuestra por la selección de la rosa, estoy muy lejos.
Cuando tengan el deseo de querer gritar apasionadamente por los colores de una nación que no es la suya ni la de sus padres o abuelos, pregúntense si en España, Italia o Brasil se ponen una camiseta de nuestra Vinotinto. Si lo hacen es porque se la compraron cuando vinieron a hacer turismo en Venezuela o porque sienten compasión por la única selección sudamericana que nunca ha ido a un mundial, desgraciadamente (y uso deliberadamente esa palabra dramática cargada con cada dolorosa derrota desde que sigo a la Vinotinto antes de que Caramelos de Cianuro le compusiera una canción). Díganme entonces si vale la pena ponerse la camiseta de otro equipo.
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08 abr 2010 12:07 am 5 comentarios











Como afirmaste, Venezuela es el país de las modas y este mundial no será la excepción. Como aficionada al fútbol me refugiaré en casa o visitaré a algún amigo que comparta la misma afición. Mi manía es observar detenidamente los pases, los tiros de esquina, los tiros libres, en fin, aquellos detalles que perderías de vista si asistes a un restaurante con pantalla gigante, repleta de enajenados mentales de naturaleza temporal, es decir, la demencia durante la duración del torneo.
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Hay mucha gente que va a uno de estos equipos extranjeros por cualquier cosa, pero la verdad es que los venezolanos sentimos cosas muy especiales y muy variadas por los argentinos, los españoles o los brasileros. No así por los gringos, Camerún o Grecia. Creo que tiene que ver con nuestros migrantes, quienes hicieron vida entre nosotros. Me gusta pensar eso.
Nota: y que nadie diga que no usaríamos la camisa vinotinto o que no desvivimos por lo nuestro de vez en vez, o que no el béisbol conquistó a todos este año?