Archivos para la categoría «Microdos»
Este mes de noviembre se cumple una década de la muerte de Cayayo Troconis. Entre los muchos eventos para recordar su aportación a la música contemporánea venezolana hay uno que me resulta reprochable: un grupo de fans de Cayayo está organizando una visita a la tumba del músico. En condiciones de privacidad, algo así no sería criticable y más bien sería loable. El asunto repudiable está en que este tour de la fatalidad ha sido publicitado a través de Facebook, revelándose a miles de personas información privada acerca del lugar donde se encuentra la tumba. Cayayo fue un músico extraordinario, pero también fue un ser humano. Y hay que distinguir muy bien entre ambos lados de su personalidad. Fue miembro de una familia muy numerosa, y en cuanto murió su funeral fue llevado de la manera más privada, silenciosa y rápida posible. Algo dice esto sobre la reserva que quería mantener la familia. Reserva a la que le fue dada una patada por este grupo de fans, cuyo verdadero interés pareciera querer apropiarse de la figura de Cayayo Troconis en beneficio propio, de figurar como representantes auténticos y terrenales cuando los únicos y verdaderos interesados en representar a Cayayo son sus parientes, a quienes, de hecho, no les fue consultado antes su opinión acerca de este tour de la fatalidad. Una vez más, las barreras entre lo público y lo privado ceden. Más allá de nuestro interés por la figura y por lo que musicalmente representa Cayayo Troconis, no podemos olvidar que tuvo un lado privado al que muchos de nosotros nunca fuimos invitados a pasar. Ahora, después de haber muerto trágicamente, forzamos la barrera y queremos hurgar de la manera más miserable y morbosa en su lado más humano. Si realmente les importa la figura de Cayayo Troconis, si realmente quieren respetar su legado, oigan su música, asistan a los eventos públicos que se están organizando, pero no se presten a participar en esta excursión de vouyeristas e interesados. (17)
La sencilla cámara de celular oculta de un estudiante universitario bastó para poner al descubierto el primitivismo y el miedo que abundan en amplios sectores de la sociedad venezolana y que, en este caso, resulta terriblemente indignante porque el expositor de la intolerancia fue nada menos que un profesor universitario de Derecho, cuya tarea debería ser la difícil formación de ciudadanos. El caso del profesor Pedro Alejandro Lava Socorro revela, además, el poder de la Web 2.0: a pocas horas de subido el vídeo a Youtube, ya contaba con miles de reproducciones y el perfil en Facebook del profesor homofóbico fue eliminado. Este es un paso importante en la sociedad de hoy, que cuenta con nuevas herramientas para impulsar el cambio de la propia sociedad, abriendo a todos el poder de la crítica y de la denuncia a través de noticias inmediatas y sin filtros. » Transcripción del discurso del profesor Pedro Alejandro Lava Socorro. (51)
Confieso que Lula no me cae mal. Todos hemos sido testigos de su evolución política desde el populismo más visceral de sus inicios —consecuencia de su formación sindical— hacia el pragmatismo de hoy en día. Consciente del papel histórico por el que atraviesa Brasil, a las puertas de convertirse en una nueva potencia mundial, va por el mundo reafirmando su nuevo peso político y económico. No en balde se echó a los hombros la candidatura de Rio de Janeiro para las olimpiadas de 2016. No el balde usó una frase muy manipuladora: «Esta es la candidatura de Sudamérica». Particularmente, me molestó porque no es cierto y se juega con la ignorancia existente allende los mares sobre la cultura de las naciones sudamericanas: la elección de Rio de Janeiro para las olimpiadas de 2016 es un triunfo únicamente brasileño, Sudamérica no es un país, ni siquiera una región homogénea. De hecho, Brasil es una isla enorme con cultura propia y muy distinta a la de sus vecinos sudamericanos. Espero que no haya venezolanos que, como ocurre cuando la Canarinha gana un mundial, vayan a Las Mercedes a celebrar. Eso me olería a apoyo imperialista. (2)
Resulta que ahora este Gobierno y, en especial su apéndice favorito, la Asamblea Nacional, con tantas materias de importancia para los venezolanos, se ponen a legislar para prohibir los videojuegos y los juguetes «violentos» porque fomentan la «agresividad y violencia» de los niños. En Estados Unidos, de donde proviene la mayoría de estos videojuegos, no hay prohibición sino alertas dirigidas hacia los padres en forma de clasificaciones. Es tarea de todo padre decirle a sus hijos qué es lo «bueno» y qué es lo «malo» e incluso prohibirles que compren tales artificios, pero no del Estado ni mucho menos del Gobierno de turno (porque de ser así, estamos renunciando a la libertad de elección e incluso a la educación familiar). La causa de la violencia en la que vivimos es mucho más profunda y pensar que la prohibición de estos juegos la limitará es realmente ingenuo. Además de hipócrita: el primero en fomentar la violencia y la agresividad en nuestra sociedad es el propio Presidente de la República, que ha hecho del lenguaje violento y el culto a las armas y al militarismo su sello personal. Si realmente están interesados en bajar un poco los niveles de violencia en la sociedad venezolana, pues empiecen a legislar para moderar las actitudes del primer mandatario nacional. (2)











