Archivos para la categoría «Microuno»

Si faltaba una prueba que demostrara lo esnobista que somos los venezolanos, ésta apareció de la mano de los handheld BlackBerry (es probable que el 99% de los usuarios venezolanos de BlackBerry ni siquiera sepa qué demonios es un handheld). Ya lo escribía hace tiempo: a los venezolanos nos molesta tener dinero y buscamos formas para deshacernos de él. Pero esta moda por los BlackBerry ya sobrepasa el límite del absurdo y la insensatez: dentro de poco tiempo olvidaré el nombre de mis contactos de messenger que lo han sustituido por el famoso BB PIN. Porque la moda de tener un handheld BlackBerry es el famoso pin. «¿Tienes BB pin?» Los esnobistas que tienen un BlackBerry pontifican el uso del BlackBerry diciendo que gracias al pin pueden comunicarse gratuitamente con otros usuarios de BlackBerry. Pero olvidan que para disfrutar de este servicio deben contar con la afiliación a un plan telefónico, y si a eso le sumas que debes mandar mensajes de texto a otras personas que no tienen un BlackBerry, bingo: te has hecho acreedor de una considerable renta mensual para presumir de tener un aparato que, estéticamente, es horrible. Este último detalle se puede pasar por alto si fuese un teléfono útil… pero no es el caso del handheld BlackBerry: si quieres teléfonos buenos compra un Nokia o un Sony Ericsson: cuestan mucho menos y desde estos puedes realizar las mismas funciones: navegar por Internet, enviar correos, enviar mensajes y tomar fotos que serán mejores que las pésimas que toma el handheld BlackBerry. Como ejemplo, esta entrada la redacté y la subí a mi blog usando mi teléfono Sony Ericsson c902. Si quieres reírte un rato sobre este nuevo episodio de nuestra venezolanidad, haz clic en este vínculo. (2)

Para los próximos meses se han anunciado interesantes conciertos en Venezuela (al menos para este autor: desde Fito Páez, pasando por Epica y llegando a The Cranberries y Metallica). Pero hay un problema que choca con la posibilidad de disfrutar de esta variedad que se nos ofrece: el precio de las entradas. En un país donde el salario mínimo es de Bs. 959, pagar por una entrada un precio que bordea esa cifra o que en muchos casos la supera se ha convertido en un asunto dispendioso que muy pocos pueden cubrir. El precio de las entradas para toda clase de conciertos y eventos en Venezuela ha llegado a un nivel disparatado. Entiendo que haya inflación, problemas con el control cambiario, que las productoras trancen sus operaciones en dólares, pero debe privar ante todo el sentido común. Creo que si los que asistimos a conciertos o eventos no nos organizamos de alguna manera, las productoras seguirán subiendo sus precios y los venezolanos seguiremos optando por una de las dos: 1) dejar de ir a conciertos o 2) aceptar las condiciones y apoyar el problema (aunque, conociéndonos, no nos gusta protestar y siempre creemos que mientras más caro, mejor… aunque nos cueste pagarlo). (0)

Aparentar ser ecologista está de moda entre los que actúan el papel de comprometidos y con conciencia por la sociedad y el medio ambiente. El ser ecologista está entre los primeros lugares del ranking para este tipo de personas. El otro día estaba saliendo del mercado y me conseguí a uno. Miró mis bolsas. Torció las cejas y me dijo: «¡Álvaro, estás usando bolsas de plástico! ¿Sabes lo contaminantes que son? Usa bolsas de papel, ¡pardiez!» Entonces le pregunté que cuántos árboles tienen que tumbar para crear una bolsa de papel. Mi amigo ecologista mi miró con profundo odio. Por unos momentos imaginé que mi amigo imaginó que me ahorcaba con una soga 100% de algodón. La paradoja del hombre ecológico es que es capaz de imaginar cómo matar a otro hombre cuando, al mismo tiempo, apoya la preservación de otras especies. Frunció el ceño y se marchó rojo como un tomate de la rabia. La paradoja del hombre ecológico está en que para preservar una cosa tiene que destruir otra. Conozco bien a mi amigo ecologista, y en él hay una autoculpación por el progreso humano. En sus sueños, desearía regresar a épocas primitivas. Es vegano furibundo porque no puede «dañar a un ser vivo», pero al mismo tiempo cuando comíamos juntos por su boca pasaba un holocausto vegetal: sus ensaladas eran de una frondosidad orgiástica y sin piedad. La paradoja del hombre ecológico está en que la vida misma para preservarse requiere alimentarse de otro ser vivo. (5)

Estoy rodeado de gente enferma. Pero enferma de verdad. Quizá ello influencie los temas que he tocado recientemente en este blog. Quizá ello me haga tocar el tema opuesto: el de las curas. Mi imaginación se ocupa en otros temas como para dejarse enganchar por teorías conspirativas como la muy extendida que argumenta que enfermedades como el cáncer tiene cura pero las farmacéuticas la ocultan. El cáncer me llama la atención. Quitando el hecho de que el cáncer no es una sola entidad, sino que se manifiesta de diferentes maneras como para creer que hay un tratamiento unitario contra toda la enfermedad, pregunto: ¿Alguien renunciaría a entrar en la Historia como el mayor benefactor en siglos de la humanidad, sin contar los beneficios económicos que obviamente un descubrimiento así traería, sólo por ganar dinero hoy día y enriquecer a una farmacéutica? Hay que ser iluso: la vanidad es el verdadero motor del progreso humano. (0)