Archivos para la categoría «Estado de política»

¿Por qué no soy nacionalista? » Porque el concepto Estado-nación surgió en una época ya muy superada de rebeliones llevadas a cabo por una naciente burguesía (siglo XVIII) que finalmente logró su único (y válido) objetivo de establecer Estados independientes y sometidos al imperio de la Ley. Porque uno no tiene la suerte de nacer en el país en el que nace porque no lo puedes elegir, simplemente naces allí. Porque el nacionalismo restringe tu manera de relacionarte con las novedades que ocurren afuera porque siempre creerás que lo tuyo es lo mejor o porque simplemente temes a la crítica de ser un alienado víctima de la transculturización. Porque el nacionalismo conlleva cierto grado de sectarismo y racismo. Porque es usado por las clases dominantes para idiotizar (aun más) a las masas. Porque el nacionalismo es invocado a menudo por tiranos (de derecha e izquierda) para justificar sus atropellos. Porque, en fin, me considero un ciudadano de mundo, favorable a una jurisdicción internacional, a la liberación de las fronteras, del comercio, al intercambio entre culturas como forma de enriquecimiento. Que no sea nacionalista no implica tampoco que sea indolente con mi país: todo lo contrario, busco lo mejor para él porque haciendo que el país donde naciste sea cada día mejor consigues que todos los demás lo sean. Por todo lo expuesto no puedo congeniar con el nacionalismo. (0)

Escrito por Álvaro Rafael en Estado de política, Estado social

Crimen en Caracas

Acabo de presenciar el robo de un carro. Todo pasó muy rápido: era mediodía y caminaba por la avenida Altamira Sur cuando veo que más adelante hay dos jóvenes de «apariencia normal» junto a un Optra estacionado en la calle, y es cuando del lado del copiloto baja una niñita como de 10 años y los tipos se montan y arrancan a toda velocidad hacia la autopista.

Caigo en cuenta de lo que pasaba cuando de un taller cercano salió gritando una mujer de unos 30 años: otra víctima más de los robos en la ciudad de Caracas. Lo que me indigna de todo esto fue el contexto en que se dio: con una niña de por medio que quedó (y quedará por mucho tiempo) aterrada, con una mujer que probablemente se reventó durante horas de trabajo para comprarse ese carro y con unos mecánicos que le echaron la culpa por dejar el carro abierto (¡la víctima tiene la culpa!). Pero lo que más arrechera me da es saber que, como abogado, es muy probable que esto quede en nada porque la corrupción en los organismos de seguridad inutiliza cualquier plan organizado para acabar con las bandas de este tipo. Pero si llegaran a detenerlos, luego está la corruptela de fiscales y jueces que venden la justicia al mejor postor para liberar a cuanto criminal que ahora anda por la calle.

Esto me indigna particularmente por la sensación de impotencia que tiene uno que legalmente forma parte del sistema de justicia venezolano. Porque uno sabe que si no actuamos para cambiar las cosas somos parte del problema. Pero en este país las cosas han llegado a un punto de degradación tal que el crimen es la ley, que el delincuente es admirado como ejemplo de la fuerza y la viveza criollas y donde las víctimas son responsables de los delitos que sufren. Es por eso que quien actúa bajo el respeto al ordenamiento jurídico es un pobre pendejo que pierde su tiempo y, peor aun, arriesga su vida.

Son muchas las quejas que tenemos sobre el tema de la inseguridad/violencia en Venezuela, apuntamos siempre nuestros dedos hacia el «otro», hacia el «pobre», hacia el que «no tiene nada y roba o mata por envidia», pero en ningún momento nos miramos en el espejo para darnos cuenta que nosotros también tenemos responsabilidad. Porque la culpa del delito está en quien mira y calla, en quien es condescendiente con el delito y el delincuente y quien, por último, deja que éste prolifere en la total impunidad en la que vivimos.

Es indignante, claro que lo es. Pero, como el video Rotten Town de oneChot, todos somos parte del problema y hacemos poco por cambiar la situación.

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Escrito por Álvaro Rafael en Administración, Estado de política, Estado social

Autoridad

Planeta en fuego es un blog genérico en línea desde hace cinco años. Durante todo este tiempo he respetado cada opinión emitida por los comentaristas de este sitio. En este blog tienen un espacio tanto los que les gusta lo que publico como aquellos que critican cada palabra que escribo. Cualquiera que navegue por este blog podrá leer infinidad de comentarios en los que se me ataca por emitir determinada opinión, comentarios que no elimino (a menos que sus propios autores me den una petición razonada, lo cual ha sucedido dos o tres veces en un lustro).

Respetuoso que soy de la libertad de opinión, así como yo expongo mis ideas, respeto a aquel que utilice las suyas en contra de mis ideas. En eso se basa la libertad de opinión y expresión: en oír o leer a quien emita una opinión que no te guste sin que saques un mazo para partirle la cabeza al otro (o, en otros casos, amenazando jurídicamente al autor de dichas opiniones).

Todo esto viene porque acabo de recibir un correo electrónico de un supuesto abogado que supuestamente representa a un cliente innominado (no da su nombre alegando una supuesta confidencialidad de su cliente) en el que se me «invita» a eliminar un artículo publicado en este blog referente al banco Banesco. En dicho artículo desmiento claramente una campaña difamatoria contra el banco. Este abogado alega que dicho desmentido lo que hace es, en cambio y sin que yo me lo proponga, colocarse del lado de la difamación.

Flaco favor el que le hace a su supuesto representado: cada usuario alarmado por estos rumores que trate de encontrar información en buscadores como Google, encontrará en los primeros lugares el desmentido de dicho rumor en Planeta en fuego, lo cual, en última instancia, juega a favor del banco.

Por respeto esencial a la libertad de opinión, tanto de los comentaristas de dicho artículo como del autor de este blog, me veo imposibilitado de eliminar esa entrada (cuyo vínculo coloco al final de este artículo, para que juzguen de qué lado de la balanza me coloco: del lado de la mentira o de la verdad). Si el respeto a la libertad es más poderoso que el temor de los hombres valientes y poderosos, esa entrada seguirá publicada.

http://www.planetaenfuego.net/archivos/ley-banco-socialista-venezuela-falsa-informacion-intervencion-banesco/

PS: Envié un correo al remitente del correo donde le explicaba lo mismo que expongo anteriormente. Al cabo de unos minutos recibí una respuesta del abogado, en la cual aclara que todo fue un malentendido, cito: «Somos una consultora que se dedica, entre otras cosas, a asistir a nuestros clientes a proteger su reputación o la de terceros (…). De solo hacer la más preliminar de las indagaciones noto que tu blog es de trayectoria y claramente no hay difamación, tu nota hace explícita mención a la condición apócrifa del texto que cita». Pues bien, le doy valor a un correo aclaratorio, porque da señas del interés porque prevalezca la verdad en todo este caso. Lo justo es que se respete la libertad de expresión, que es gracias a ella que los rumores pueden ser acallados.

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Escrito por Álvaro Rafael en Estado de política, Estado social

Defensores de la Patria venezolana

Hace minutos pasé por la plaza Alfredo Sadel en Las Mercedes donde están haciendo un concierto en honor a Cerati. Un viejo me preguntó que qué era eso, y cuando le respondí el viejo, antes de irse, comentó aireado si le harían lo mismo a Simón Díaz, que era uno de «los nuestros».

Comprendí que acá el tema se está manejando con mucha emocionalidad, con conceptos de fácil consumo para personas impresionables como los de Patria, «primero lo nuestro que el apoyo a artistas extranjeros», el trágico «lo nuestro es lo mejor». Allí donde habla el corazón es de mal gusto que la razón lo contradiga.

Acá nadie pone en duda que Simón Díaz (y que Ilan Chester, también enfermo estos días) sea un maestro en su género, un ícono de la cultura popular venezolana y que la situación que atraviesa sea triste y lamentable. Es un artista con una carrera admirable y espero que se recupere pronto. Pero quienes en este momento salen en su defensa no son necesariamente sus seguidores, sino personas que con una muestra de indignación, coraje y desprecio se rasgan las vestiduras por la falta de «las mismas manifestaciones de apoyo que se le ha dado a un cantante no-venezolano». Es decir, la postura que se adopta para atacar directa o indirectamente a quienes han manifestado apoyo hacia Cerati está sustentada en el nacionalismo fanático.

El nacionalismo es siempre paternalista y te dice: si no te gusta algo, te la calas. En otras palabras: «Quizá no te guste su música, pero tienes la obligación nacional de apoyar a Simón Díaz y sentirte culpable si apoyas primero a Cerati».

Quienes estos días han manifestado apoyo a Gustavo Cerati no lo hacen porque sea un argentino arrecho, porque haya vendido tantos discos, porque sea famoso en toda Latinoamérica (cosa que me interesa poco): lo hacen porque sienten afinidad por lo que representa su música.

Es cuestión de gustos, así de sencillo y aunque le duela a muchos. De la misma forma que un seguidor de la música de Simón Díaz (uno de verdad, no uno de esos payasos nacionalistas que ahora se rasgan las vestiduras) no se siente obligado a apoyar públicamente a Cerati. No crucemos las fronteras: un seguidor de la música llanera, de las gaitas o de cualquier estilo pretendidamente «nacional» seguro que no lamentó la muerte de un venezolano como Cayayo Troconis (de seguro que muchos espontáneos seguidores de Simón Díaz ni sepan quién fue Cayayo).

¿Y acaso esa falta de apoyo automático sea algo malo? No: sería bien hipócrita al menos de parte mía salir a decir que la música de Simón Díaz es parte de mi vida. No lo es, y ni siquiera lo es de mucha gente que sale ahora en su defensa sólo porque siente que han escupido sobre su nacionalismo y alguien debe salir en defensa de la Patria mancillada.

Simón Díaz es hoy para algunas personas la excusa para calmar la idea de la Patria entregada a un extranjero (un argentino). Por favor. Si te gusta Simón Díaz, sal a manifestar tu apoyo en lugar de criticar a quienes manifiestan apoyo por otro. ¿Vivimos en dictadura cultural? No lo creo, cada quien es libre de manifestar su apoyo a quien haya marcado su vida. No creo en la solidaridad automática. En ella sólo creen quienes se dejan arrastrar por las pasiones más bajas.



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