Archivos para la categoría «Personales»

Tirarás con cuantos quieras, pero el amor no lo harás jamás. Canción suave (Despecho No. 2), Caramelos de Cianuro. 1 — Hubo un tiempo en que la mención de esta banda no causaba irritación: eran los tiempos de Harakiri City, el cual considero uno de los mejores discos de rock venezolano, con canciones tan emblemáticas como la anterior y que ha sido el soundtrack de muchos despechados (que nunca fue mi caso, pero me gusta igualmente). 2 — En esta época de sexo fácil y donde abunda por espacios como este la idealización del sexo per se, donde la sobreexposición del erotismo termina por trivializar el juego entre una pareja y, en fin, el sexo se convierte en un cascarón al que se patea sin remordimiento, me uno a la lista de los que consideran el sexo sin amor/cariño o casual como la peor muestra del vacío en que hemos caído. 3 — El sexo sin amor (o, medianamente, sin cariño) es una experiencia terrible y mecánica, la reducción a la simple bestialidad, la renuncia a lo que somos como seres humanos y la bala en la recámara de un revólver que tarde o temprano atravesará nuestras cabezas porque una vez que el hombre entra en el plano de una existencia sin sentido, donde algo tan maravilloso como el sexo se transforma en una rutina de fácil consumo, donde los polos de la vida (Kundera dixit) se tocan, la vida misma no tiene valor. (0)

Escrito por Álvaro Rafael en Personales, Relatos

Frances Farmer

Mi hermana es una mujer sensata. Por algo lleva veinte años de casada, tiene tres hijos que van a buenos colegios y universidades, vive en una casa grande y cuando cruza la ciudad para visitarme lo hace en un auto de lujo propio. Me ve y suele darme consejos. En definitiva, sigo siendo el hermano menor al que debe cuidar. Y yo, obviamente, sigo siendo el hermano menor que nunca hace caso. El insensato, el inmaduro, el impulsivo, el que todas se las sabe.

Últimamente me ha dado recomendaciones personales. Me ve todo el tiempo sumido pintando cuadros y con una botella de coñac siempre sobre la mesa. Cuando viene me oye atendiendo llamadas o me encuentra con visitas. Cuando se marchan me recomienda que debería relacionarme con gente normal. Claro, lo dice de buena fe, lo dice como la hermana que me cuidó mucho tiempo cuando éramos niños y en quien desarrolló el instinto maternal que luego pergeñaría en sus tres hijos. La normalidad, para ella, viene siendo todo lo opuesto a lo que soy: un bicho raro. Un bicho raro con la pared llena de reconocimientos profesionales, pero bicho raro al fin. Un gran bicho raro al borde de los treinta años que, a pesar de ello, quiere un poco de estabilidad. Y ella lo sabe. Ella sabe que la estabilidad no la puedo conseguir con la larga lista de amistades y relaciones a lo largo de la vida que le he enumerado. Obviamente, es el mejor de los consejos que no tomaré en cuenta.

Porque la normalidad para ella es que me reúna con gente convencional. Y los convencionalismos me dan grima. Me dan sueño. Me aturden. Me provocan náuseas que amenazan con sacar por la boca mi estómago volteado. ¿Qué puede hacer con gente convencional alguien con mentalidad tan perversa como la mía? ¿Asumir como normalidad el hecho de salir con alguien al cine para ver la comedia de turno, aceptar invitaciones a comer fritangas en la calle porque quien me invita no tiene dinero para algo mejor, ir a un parque de diversiones o a una playa repleta de matones y putas, regalar ramos de flores y peluches en fechas previamente marcadas como aniversarios (yo que tengo pésima memoria), callarme la boca cuando lance gustosamente blasfemias y escupa sobre el nombre de Dios? ¿Hacerme amigo de alguien con amigos que le gustan la música del momento, que no haya leído un libro en su vida, que baile pegado y que piense que una Polar un viernes por la noche mientras se ven películas de acción quemadas en un DVD es el mayor de los placeres? ¿Gente que vive con sus padres, que tiene que verse en hoteles o peor aun en plazas para estar con su pareja, y no espera nada de la vida porque vea con horror la trascendencia o que asuma la posteridad sólo como cosas de muertos?

Y no es que mi hermana haga todo eso, de hecho, ella es muy tranquila y quizá hasta esté al margen de la normalidad que me pide. Pero bueno, ella ya está establecida y quiere que yo me establezca.

Pero ¿establecerme en esa normalidad? Asco. No comulgo con el matrimonio, ni con los hijos. Me gusta la idea de la compañía, pero la compañía que no implique sumisión ni renuncia a la individualidad. Y ello se opone radicalmente a la normalidad. La normalidad está intrínsecamente relacionada a la conformidad. Y la conformidad va de la mano en el tedioso recorrido de la vida con el convencionalismo. No. Mil veces no. Yo voy por todo lo contrario: me gusta la intensidad, mi espíritu busca la emocionalidad al máximo, el placer infinito, el susto en cada acción inesperada. Por eso evado ese consejo de buscar gente normal. Porque yo no lo soy. Porque no tengo nada que buscar en esa gente. Porque las personas que han entrado en mi vida no han sido normales, y no lo digo peyorativamente. Todo lo contrario: he tenido el gusto de conocer y seguir conociendo personas felizmente extrañas. Juzgarlos a ellos sería condenarme a mí mismo. A este sujeto extraño que también soy. A este sujeto extraño que seré. Quiero una estabilidad similar a la que comenté al principio que tiene mi hermana, ¿quién no? Pero una estabilidad a mi manera. Una estabilidad sin convencionalismos. Una estabilidad emocionante.

Escrito por Álvaro Rafael en Asides, Personales, Viajes

La Sagrada Familia

El próximo mes de julio estaré viajando a España (y, posiblemente, a algún otro país europeo). En los planes está recorrer Madrid, Girona, Barcelona y Valencia (y luego iré a Malta).

En cierta medida es un viaje exploratorio. Aunque conozco bastante bien la situación crítica que atraviesa España, quiero analizar posibilidades de estudio e incluso de trabajo (sí, otro inmigrante más). Ya les estaré contando cómo me va en el viaje, el primero que hago fuera de nuestras fronteras en diez años (algo inaceptable para quien le gusta la idea de viajar y conocer nuevos lugares).

¿Alguna recomendación para cuándo esté por allá? ¿Alguna invitación de los lectores españoles de Planeta en fuego? Estaré llegando a Madrid el 15 de julio y estaré de vuelta a Caracas, en teoría, el 5 de agosto.

PD: Para fin de año estimo hacer otro viaje, esta vez más al sur de nuestro continente. ¿Aceptas la invitación?

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Reseña de la primera parte del viaje: Barcelona.

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Se supone que cada fin de año uno dice que el que se va ha sido un año interesante. A finales del año entrante se asegurará lo mismo. Vivimos siempre en la repetición: cada año pasó muy rápido o muy lento; qué bueno que se acabe; ha sido un año muy bueno, el entrante será mejor; lugares comunes. En fin. No me voy a extender. Este año ha sido como todos: termina. Este blog se despide hasta 2010. Ah, y por cierto: la nueva década comienza en el año 2011. (0)