Uno de los primeros correos electrónicos que envié, a finales de los noventa, fue a la CONMEBOL. En el correo criticaba la (des)organización que presenta el que es actualmente el torneo de fútbol más antiguo de selecciones nacionales, la Copa América. Han pasado más de diez años y todavía sigo esperando respuesta. No la habrá: la CONMEBOL se empeña es llevar al campo deportivo lo que es Sudamérica: un territorio donde reina la improvisación (en un principio, el torneo se celebraba de manera irregular cada dos, tres o cuatro años… incluso pasaron décadas para que se volviera a celebrar), el paternalismo (es un torneo al que las selecciones llegan por invitación, y no porque se ganen la clasificación), los arreglos por debajo de la mesa (en los últimos campeonatos, sospechosamente el anfitrión siempre abre el torneo jugando contra la selección teóricamente más débil), las cosas hechas por ensayo y error (invitar o querer hacerlo a países que no son americanos, como Japón o España) y hasta el complejo de inferioridad latinoamericano frente a Estados Unidos (siendo ésta, junto a la frecuentemente invitada selección de México, la mejor selección del norte del continente, la CONMEBOL invita, insisto, a selecciones no americanas…. como Japón). Las sugerencias que envié en aquel correo a la CONMEBOL, como simple aficionado del fútbol, eran en realidad pocas: 1) abrir el torneo a las demás selecciones del continente americano (incluir, por ende, a la CONCACAF) para hacerlo un torneo más competitivo y verdaderamente americano, 2) de esta manera, ampliar el torneo de doce a dieciséis selecciones, 3) que sea un torneo al que se llegue por una ronda previa de eliminatorias, para que así sea visto con mayor interés por los aficionados y jugadores en lugar de ser, para muchos de los anteriores, como un compromiso deportivo al que se debe ir cada tres años y al que muchos grandes jugadores eluden, participando en algunos casos selecciones alternativas, y 4) alagar de tres a cuatro los años entre torneos (lo cual, al parecer, será ahora así). Sé que si nos cuesta organizarnos como naciones y somos el subcontinente que tiene la mayor cantidad de organismos internacionales inútiles, será difícil revitalizar un torneo que dista mucho de ser, en cuanto a calidad y hasta en entretenimiento, al otro gran evento futbolístico continental, la Eurocopa, pero el riesgo que corre el torneo es que sea ganado por un poderoso adversario que cuando llega se hace hegemónico: el aburrimiento.