Mi correo

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Un extraño correo

Me llegó un extraño correo que se saltó todas las barreras del spam. No conozco al remitente, pero supongo que es una nueva forma de salvación vía electrónica: el correo lleva por título el de por sí escandaloso Internet, sí tiene cura, y el mensaje menciona la noticia de desintoxicaciones a la adicción de Internet en China basadas en el Tao y, si no te pones serio, disciplina militar contigo para desengancharte del vicio. Lo marco como spam: es un viernes a las 4 am y no quiero que me acusen de ser adicto a Internet.

Últimamente mi correo empieza a tener vida propia: a él le llegan salutaciones por año nuevo de gente que no conozco, promociones de fotocopiadoras ecológicas, viajes por tres euros a Stonehenge, felicitaciones (?) por la muerte de un familiar desconocido en Kenia que dejó una fortuna en un banco tenebroso y si no te avispas (mi correo, claro) no cobrarás un solo centavo. Otro peor: un correo me indica que si no lo reenvío a 1.000 personas el mundo volará en pedazos al salir el sol (¿en cuál país?) y yo seré el único responsable de toda esa hecatombe. Marcado como spam.

Tengo miedo de que un día de estos mi correo electrónico se rebele contra tanta liberalidad de andar marcando como spam tantos correos extraños. Temo encontrar una mañana en mi bandeja de entrada un correo electrónico en el que yo sea mi propio remitente pero no lo haya enviado yo: me lo haya enviado mi propio correo. Sé que mi alter ego electrónico me daría un ultimátum: o me dejo de arrogancias y aires de superioridad o él empezará a contestar los correos por su cuenta. Claro, me diría mi propio correo en tono de amenaza, serán correos plagados de groserías para indisponerme ante mis contactos. «Tengo fotos comprometedoras tuyas», agregará el muy maldito, no sé a qué se refiere, soy tan aburrido como para tener guardadas en mi correo fotos de mi pipí.


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Páginas de citas

Correos que merecen especial atención son los provenientes de páginas de citas: con frecuencia llegan a mi correo invitaciones para que me registre en amorenlinea.com, amigos.com, cybercupido.com, desesperadosporelsexo.org, amortukky.com.ve.

Entras a esas páginas, le das una mirada a las fotos o a las descripciones y encuentras adolescentes con dos hijos buscando marido, viejos acechando chamitas, divorciados presuicidas, desempleados simpáticos, licenciadas bipolares, lolitas de Petare, sadomaquistas evangélicos, masturbadores crónicos, promesas del reggeaton, violadores con buenas intenciones. Toda una fauna de la desesperación en línea que me basta para marcar todas esas direcciones de correo como spam.

Reflexión: La gente sí complica por el sexo. O mejor dicho: por la falta de sexo. No hablo del amor, que en el fondo todos queremos amar y ser amados y todas esas cosas que salen en tarjeticas cursilonas, sino de ese quesuísmo que en pocos minutos de visita percibes en ese tipo de páginas. En lugar de andar perdiendo tiempo virtualmente se deberían ocupar en salir al mundo real, ya que, sin importar si eres guapa/o o no, siempre hay otra persona que también tiene las mismas necesidades, y una de las cosas más fáciles que hay en esta vida es tener sexo con otra persona. Conclusión: marcado como spam.


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Venezuela como spam

El reloj marca las 5 am y recién empieza a salir el sol. Otro día ha llegado y desde mi ventana no veo llegar a los cuatro jinetes del apocalipsis. El mundo no se ha acabado por no reenvíar aquel correo. Tampoco me ha llegado ningún correo de ultimátum. A mi correo llegan pocos correos que sean realmente para mí. La mayoría son correos de notificaciones de Planeta en fuego: un comentario nuevo, un nuevo usuario registrado. Correos de mi trabajo. Otros correos son de mis amigos y conocidos, todos están etiquetados para así releerlos de cuando en cuando (tengo la costumbre de releer con gusto ciertos correos). Envío correos: cartas muy extensas, una foto de algún animalito de ojos brillantes, algún vídeo absurdo.

Antes de publicar esta entrada en mi blog reviso una vez más mi correo. Llegó uno nuevo a la carpeta de spam. Lo abro y veo que lo envió un desconocido que suele enviar cadenas histéricas y de ultraderecha. El título del correo dice: Salvemos a Venezuela. Por un buen rato me río con una mezcla de burla y tristeza: nuestra salvación está en la basura.