SMS de terror

El tema de las llamadas telefónicas intrigantes es común en los thrillers. Estás caminando sin mayor preocupación y de pronto el teléfono público que está a tu alcance repica a tu paso. La curiosidad te lleva a levantar la bocina y al otro lado una voz desconocida y muy ronca dice tu nombre y agrega una frase amenazante. Giras y la persona que mirabas hace rato trotar cae fulminada por un francotirador.

En mi caso, son las llamadas que me cuelgan de números que no conozco las que me mueven la imaginación. Imagino del otro lado a un lector molesto con alguna entrada que publiqué y que consiguió ubicarme (ego), un conocido que ha sido secuestrado y la única llamada que le concedieron fue a mí y se le acabó la pila del celular. Ideas así de oscuras, con un soundtrack de Bauhaus. Tienen que ser así, frisando lo gótico, porque si la persona que llamada resulta ser solo una señora que se confundió de número al llamar a su hija para felicitarla por haber aprobado un examen de matemáticas, entonces no hay intriga y no vale la pena imaginarse nada más. La historia pierde tensión y ya.

No obstante, incluso en las equivocaciones puede haber elementos de mucho gore, de cine B y de amenazas latentes a tu vida. La tecnología ha traspasado las llamadas y ahora los mensajes de texto tienen las líneas que formarán un guion macabro. Como hoy lunes. Le doy importancia, guiado por alguna fuerza carente de lógica, a los primeros mensajes de texto que recibo los lunes. Es inicio de semana, esperas algún saludo amistoso, algunos deseos de éxito, algún mensaje de esos que te dan ánimos y ganas de salir a comerte el mundo, pero esta semana los primeros que me llegaron fueron estos:

SMS 1: Hola, viste la noticia de…? A ella la conocía tu hermana. A la pobre la secuestraron, cobraron el rescate, la violaron y por último la mataron.

SMS 2: Disculpa, ese mensaje no era para ti.

Mis nervios van a estallar. Cierro los ojos, cuento hasta diez. Esto no está pasando. En el mundo de los ojos cerrados reina la tranquilidad, la lluvia cae en forma de donas, en los altavoces suena música de Kevin Johansen.

Es inicio de semana, ten una buena semana, me repito. Ahora mi celular repica. Es un número desconocido. Siento que del otro lado la voz gutural del secuestrador dirá que no era un error y el próximo serás tú. Contesto la llamada con algo de altanería, pienso retar a esa voz desde la comodidad de mi oficina a primera hora del día: Movistar te informa… Por los momentos vuelvo a la calma. Pero sabemos, muy bien por las películas, que la calma es el presagio de un hecho inesperado y que nos levantará de las butacas. Espero, solo espero.