La mala suerte de Vicente

Vicente se encontró con que ese día el aire acondicionado de su oficina en el Multicentro Empresarial del Este se había dañado. Como la ventana de su oficina da hacia el estacionamiento, las temperaturas fácilmente pueden superar al mediodía los cuarenta grados centígrados. Como es el jefe, se dio el día libre y, para pasar el tiempo, salió con la idea de tomarse uno de esos shot verdes que venden en el Hard Rock Café del Sambil, pero terminó caminando por ese enorme y laberíntico edificio caraqueño donde está su oficina.

La semana pasada habían inaugurado en el primer piso un laboratorio clínico. A manera de promoción están ofreciendo dos exámenes de laboratorio por el precio de uno, algo que Vicente tachó de mal gusto y de profundo ánimo mercachifle. En realidad es algo común en muchos laboratorios de Caracas, pero no se lo dije. Por algún motivo que no me contó (o más bien omitió para no contradecirse), ahora le atrajo aquella promoción y pasó para hacerse un perfil veinte y un análisis de esperma.

Hoy le han dado los resultados de su análisis de laboratorio. Según me contó, el médico, afligido, le preguntó si quería ser padre. Cuando supo la respuesta desinteresada de Vicente, cambió de cara y le informó que el pH de su semen es tan elevado que literalmente sus espermatozoides se queman en su acidez.

Difícilmente será padre, lo cual no le quita el sueño. Por suerte, dice, siempre ha salido con chicas de mala pinta que (al menos dicen) no quieren ser madres. No sabe si contárselo a su actual chica, me pregunta si valía la pena comentárselo. Conociendo a Vicente, y el infortunio que le arrastra y su buen tacto para los malos negocios, yo sonrío con malicia: la naturaleza ha sido sabia en anular su peligrosa estirpe. Así que me resulta indiferente lo que le diga.