Cadáver exquisito - Santa Muerte

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Una persona se ha realizado dos exámenes de salud y el primero sale positivo en una enfermedad posiblemente terminal y el segundo sale negativo. Tiene tres opciones: 1) someterse a un tercer examen que aclare definitivamente su condición (si sale positivo, entonces podrá iniciar rápidamente un tratamiento; si sale negativo, elimina el factor estrés-incertidumbre); 2) no someterse a ningún otro examen y vivir en la más absoluta indiferencia/negación (total, nadie es inmortal y uno vive lo que el destino decida) y 3) no se somete a ningún otro examen costoso, ahorra ese dinero y, si en unos meses sigue vivo, se realiza esa cirugía estética que siempre ha soñado.

Si su opción es la a, padece de sensatez. La persona de este caso (real) eligió la tercera opción: quizá tenga cáncer, pero prefiere esperar, ahorrar y someterse a una cirugía estética (en ese órgano posiblemente comprometido por la enfermedad), sin contar que la palabra futuro es una incertidumbre (doblemente real, como se leerá después).

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La verdad que me inquietó su decisión. No sólo por el riesgo, sino en especial porque es una persona muy pobre. Todas sus necesidades las ha supeditado a un ahorro atroz no para ayudar a su salud ni pensar en su propio progreso o el de sus hijos, sino para lograr una apariencia de belleza sobre todas las cosas. Bueno, no es el primer caso: en el país de las misses y las telenovelas, existe la tendencia a la frivolidad y a la apariencia que llega al límite de ignorar riesgos y necesidades urgentes sólo por conseguir esa ilusión de bienestar y belleza que se impone sobre la sensatez y la proyección.

Hace tiempo escribía en este mismo blog sobre por qué no está difundida la costumbre de ahorrar: culturalmente, no se asocia el progreso con el ahorro y la educación. Si a eso le sumamos que la inflación devalúa nuestros ahorros o que la violencia devora miles de venezolanos cada día, la consecuencia es esperable: el futuro es una vaguedad y, como tal, necesitamos vivir en la certidumbre del momento, y el momento es lo que vemos, el momento es la apariencia, el momento es leve y no se detiene en consecuencias.

El momento es liquidar el salario en ropa cara, en celulares de última generación, en equipos de video, en cerveza y en juegos de azar, en belleza…, y luego ingeniárselas cuando las cuentas a fin de mes no den para comer. Pienso otra vez en la persona de este caso: ¿Cómo se las ingeniará cuando el médico le diga que su futuro no pasará de este momento, de ahora?

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