Es momento de que le pongamos fin a esto por este año. Los lectores asiduos de este blog seguro han notado que esta ha sido una temporada floja, una de las de menos entradas publicadas en los últimos años. A pesar de que me embarqué en la publicación por partes de dos relatos extensos (La vida estúpida de Sebastián Arana, inconclusa, y El derrumbe), confieso que este año me he alejado un tanto del cuidado de Planeta en fuego; la razón de esto ha sido fundamentalmente de índole laboral. Lo cierto es que termina este año impar, que por alguna irracionalidad de las tantas mías que tengo los detesto, y entrando en la parte personal (como toda entrada de final de temporada) ha sido un año de mucha mayor calma que el pasado (que ya huele a lejanía). Quizá debería tener esa capacidad que tienen muchas personas para dar emotivos discursos por el año que termina; pero yo no soy así, y sería deshonesto. Simplemente les doy las gracias a las personas que han estado aquí conmigo, y a los lectores que caen eventualmente por esta página, por hacer de este proyecto la mayor constancia que tengo. Solo espero que el año par que viene sea interesante; ya nos volveremos a ver. Sean honestos, no se dejan ilusionar por la euforia del momento, traten de ver más allá del presente y pregúntense si lo que ahora hacen tiene las cualidades para ser recordado más adelante como una experiencia enriquecedora o tan solo como un vago instante. Sigan allí.