Crimen en Caracas

Acabo de presenciar el robo de un carro. Todo pasó muy rápido: era mediodía y caminaba por la avenida Altamira Sur cuando veo que más adelante hay dos jóvenes de «apariencia normal» junto a un Optra estacionado en la calle, y es cuando del lado del copiloto baja una niñita como de 10 años y los tipos se montan y arrancan a toda velocidad hacia la autopista.

Caigo en cuenta de lo que pasaba cuando de un taller cercano salió gritando una mujer de unos 30 años: otra víctima más de los robos en la ciudad de Caracas. Lo que me indigna de todo esto fue el contexto en que se dio: con una niña de por medio que quedó (y quedará por mucho tiempo) aterrada, con una mujer que probablemente se reventó durante horas de trabajo para comprarse ese carro y con unos mecánicos que le echaron la culpa por dejar el carro abierto (¡la víctima tiene la culpa!). Pero lo que más arrechera me da es saber que, como abogado, es muy probable que esto quede en nada porque la corrupción en los organismos de seguridad inutiliza cualquier plan organizado para acabar con las bandas de este tipo. Pero si llegaran a detenerlos, luego está la corruptela de fiscales y jueces que venden la justicia al mejor postor para liberar a cuanto criminal que ahora anda por la calle.

Esto me indigna particularmente por la sensación de impotencia que tiene uno que legalmente forma parte del sistema de justicia venezolano. Porque uno sabe que si no actuamos para cambiar las cosas somos parte del problema. Pero en este país las cosas han llegado a un punto de degradación tal que el crimen es la ley, que el delincuente es admirado como ejemplo de la fuerza y la viveza criollas y donde las víctimas son responsables de los delitos que sufren. Es por eso que quien actúa bajo el respeto al ordenamiento jurídico es un pobre pendejo que pierde su tiempo y, peor aun, arriesga su vida.

Son muchas las quejas que tenemos sobre el tema de la inseguridad/violencia en Venezuela, apuntamos siempre nuestros dedos hacia el «otro», hacia el «pobre», hacia el que «no tiene nada y roba o mata por envidia», pero en ningún momento nos miramos en el espejo para darnos cuenta que nosotros también tenemos responsabilidad. Porque la culpa del delito está en quien mira y calla, en quien es condescendiente con el delito y el delincuente y quien, por último, deja que éste prolifere en la total impunidad en la que vivimos.

Es indignante, claro que lo es. Pero, como el video Rotten Town de oneChot, todos somos parte del problema y hacemos poco por cambiar la situación.