El moro (2000),

Álvaro Rafael.

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Su solitario trabajo como vigilante nocturno en una ensambladora de autos le obliga a mantener un horario incómodo. El choque de un vehículo en la autopista Francisco Fajardo, los vidrios quebrándose y el sonido de los metales retorciéndose, el anterior silbido desesperado de los frenos y el ulterior grito lejano de la boca de una mujer herida que pide auxilio, y un perro aullando y otros persiguiéndolo, gatos maullando eclipsados por una luna llena y las bolsas de basura arrojadas desde lo alto de un edificio, y las risas de una pareja anónima dentro de un auto, y los demás por la autopista, y el rozar de las aguas pestilente del río contra las rocas, y el transitar incesante a veces, solitario después, conforman los sonidos atormentadores de la medianoche.

Él camina por las largas e infinitas instalaciones de la fábrica, iluminadas por el neón que en un chirrido agudo calcina a los insectos voladores. Y silencio y calma otra vez. De pronto, un vehículo enciende sus luces, se ve a lo lejos, al final del corredor, acercándose por la misma vía, es el suspenso y el temor de algo extraño que se aproxima. Y el auto, lento y pernicioso, va avanzando con unas fuertes luces que encandilan la vista con el reflejo de ellas, y que él dice, en un lenguaje propio del silencio, nada.

Así, su jornada termina. El sol recién sobresale tras la verde e infinita montaña, los empleados bajan presurosos del Metrobús y una mujer bate la edición del diario. Así, su fin. Se sirve en un vaso de cartón un negro bien caliente antes de partir a casa, donde su esposa le esperaría con un buen —o tal vez, afectuoso— desayuno con más de cena. Se da cuenta de cuán temprano es, y que si se apresura lograría llegar a tiempo para despedir a su pequeña hija, y así darle la tradicional bendición y desearle el mayor de los éxitos en su examen. Saca de su bolsillo unas monedas, aguarda en la parada el autobús y luego sube, y espera que el conductor avance presuroso y entusiasmado, aunque luego recuerda que esta noche será otra noche de vigilia.

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