Diego Arriba - Corte Internacional de Justicia

Hoy el precandidato presidencial Diego Arria introduce una demanda directa contra Hugo Chávez y algunos de sus colaboradores en el Tribunal de La Haya. Leyendo la declaración del demandante queda claro que esta acción tiene una intencionalidad política [en minúsculas], lo cual termina por asemejarlo al chavismo en ese intento por judicializar la política venezolana (mientras Arria va a tribunales internacionales para demandar a Chávez, los chavistas llevan a los tribunales nacionales a dirigentes de oposición).

Más allá de sospechar que esta demanda quedará en nada, lo preocupante es que esta acción podría obstaculizar las aspiraciones de los que queremos un cambio de Gobierno de manera pacífica, democrática, electoral y Política [en mayúsculas], ya que quien ahora detenta sin muchos escrúpulos todo el poder con menos razones lo entregaría tranquilamente cuando a cambio de abandonarlo se le ofrece la cárcel.

Si a Luis XVI se le hubiera puesto a elegir entre el poder absoluto o la guillotina, habría luchado a muerte por terminar su reinado con la cabeza puesta. La oposición venezolana no solo debe ganar las elecciones: debe hacer Política (y esta se hace lejos de los tribunales y en ocasiones amerita tomar decisiones incómodas).


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Instituciones de la Revolución bolivariana

Las instituciones del Estado venezolano están controladas por el partido de Gobierno. Y quien no quiera aceptar esto es porque se tapa los ojos con las manos (teñidas de rojo).

En lugar de servir de manera imparcial a los intereses del Estado (como cuerpo que representa a toda la colectividad nacional, sin distinciones políticas), las instituciones de Venezuela se han pervertido de tal manera que ya ni muestran pudor en ocultar sus simpatías políticas hacia ese pastiche que se llama Revolución bolivariana (ejemplos: las fuerzas armadas responden al presidente, la actual fiscal general de la República, antes de serlo, se jactaba de estar con el proceso ante sus alumnos cuando era profesora de mi Facultad, la página web de la Asamblea Nacional tiene una simbología y noticias de actos proselitistas propios del PSUV, la Controlaría y la Defensoría están dirigidas por antiguos militantes del partido de Gobierno, el TSJ se amplió para darle cabida a magistrados que no se sonrojan al corear las consignas del chavismo cual magistrados del horror de la Alemania nazi).

Es extensa la lista de las instituciones venezolanas que se han quitado la etiqueta de «Estado» para ser apéndices del partido de Gobierno, actuando en beneficio exclusivo del Gobierno.


2

Un poco de sentido común: es momento de la Política

 

Quien tiene el poder absoluto no lo suelta… a menos que se le ofrezca algo a cambio. Para los gobiernos no democráticos el poder no es un medio para conseguir un fin; es un fin en sí mismo (1984, Orwell), y para lograrlo desmotan los contrapesos del Estado (las instituciones).

Entonces, quitando un momento la visceralidad e indignación que provoca ese control enfermizo que hace el partido de Gobierno de las instituciones del Estado y las medidas abusivas que toman para favorecer sus intereses:

¿Cree usted sinceramente que un Gobierno que lo tiene todo va a soltarlo así, de buenas a primeras, solo porque se lo pida la oposición (así gane las elecciones)?

Si su respuesta es «sí» o «sí, y además ¡hay que llevarlos presos a todos!», es porque también se tapa los ojos (con ingenuidad). Hemos llegado a un punto de perversión del sistema tal que pensar en una transición democrática normal no es realista. Es allí cuando se deben dejar a un lado las tripas y darle paso a la cabeza. Es momento de la Política.


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Las transiciones son negociaciones en las que todos deben ceder algo

 

La oposición venezolana debería aprender de dos transiciones que, en su momento, fueron criticadas por considerarlas como blandas y continuadoras del régimen anterior: la transición española y la transición chilena. En ambos casos, las fuerzas democráticas (y también, las no tantas) debieron sentarse en la misma mesa con los represores (salvando las distancias entre estos últimos y el actual Gobierno venezolano, aquellos eran Represores [con mayúscula], que mataban y desaparecían, algo que dificultaba más la situación de quienes debían sentarse del otro lado de la mesa, que no sabían si luego les esperaba el garrote vil o el exilio).

En estos dos casos se utilizó la Política y no la justicia ni la fuerza bruta: ambas partes negociaron, ambas partes cedieron en muchas de sus pretensiones, pero en todo caso la oposición siempre aceptó una realidad: que estaba negociando contra un Régimen todopoderoso que controlaba las instituciones y las armas, y como tal estaba en condiciones de inferioridad: los demócratas españoles aceptaron a regañadientes la monarquía, la bandera, las instituciones heredaras del franquismo; en Chile fueron más allá y aceptaron la constitución de Pinochet y que él siguiera como comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y luego como senador.

En la actualidad, nadie cuestiona el carácter profundamente democrático de España o Chile.


4

Los errores de Arria y la Venezuela postchavista

 

El error de Diego Arria es querer judicializar la política venezolana en instancias internacionales. Esto no es nuevo: lo hace el chavismo en Venezuela.

El error de Arria es amenazar a los que por ahora tienen el poder con llevarlos a la cárcel cuando lo abandonen. Y en estas circunstancias, ¿cree usted que quien tiene todo cambiará esto por la cárcel?

El error de Arria es darle al chavismo dirigente una excusa para asustar al chavismo de base diciéndoles: «Nos van a meter presos si dejamos el poder, por ende no debemos dejar que nos lo arrebaten».

El error de Arria es comparar al régimen de Chávez con los de Gadafi, Hussein o Castro (y con lo terrible que ha sido para Venezuela, las distancias que separan a este régimen de aquellas auténticas tiranías son enormes).

El error de Arria es creer que habrá un bloqueo contra el gobierno de Venezuela.

El error de Arria es, por último, regalarle al chavismo otra excusa para se aferre al poder y, por lo tanto, cierre más las salidas políticas a la oposición.

Más allá de si la demanda de Arria tiene peso o no para ser considerada, la Venezuela postchavista no se puede ir estableciendo bajo la amenaza de una retaliación político-judicial, la Venezuela postchavista se debe ir moldeando con Política, aceptando de malas que se deberá negociar con las mismas instituciones chavistas para que estas faciliten el tránsito hacia un nuevo gobierno y ello implica aceptar que del otro lado de la mesa habrá un movimiento (con sus dirigentes, nos gusten o no) al que se le deberá respetar y garantizar sus derechos de participación en la política nacional, todo esto con un solo fin: el cambio político de manera pacífica, democrática y electoral. Cuando se intenta confundir la política con la justicia, las dos pierden y con ello perdemos todos.