Malas palabras
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Hace poco me quejaba en una nota de la pizarra sobre la pésima ortografía que tienen los operadores jurídicos de este país. Si hay algo a lo que le tengo manía —y créanme que me abundan las manías— es a un texto mal redactado, con signos de puntuación fuera de lugar o con ausencia absoluta de tildes. Simplemente descarto seguir leyendo un texto que está muy mal escrito, no pierdo el tiempo. Propuesta: deberían enseñar gramática, sintaxis y redacción en las facultades de Derecho de Venezuela.
Cómo entender frases como estas que se consiguen a diario en diversos expedientes (hay varias, pero esta es la que todavía me mantiene friéndome el cerebro): «el adolescente tomo tubo». ¿El adolescente tomó un tubo? ¿El adolescente tomado tuvo…? La respuesta me la sé porque seguí leyendo la sentencia, pero no se las diré porque no viene al caso (y así los obligo a visitar frecuentemente mi blog, porque quizá les dé La Continuación… quizá). En fin, seguiré en mi batalla moderada de resaltar tales faltas, aunque la ignorancia, como diría alguien, es brava.
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Marginalitas: a pesar de tales horrores, hay otros horrores que envidiaría Shakespeare o hasta el mismísimo Quentin Tarantino: si algo abundan en los casos que veo a diario en mi trabajo comunitario son historias de amor, violencia y sexo. Todos los ingredientes para escribir un drama de proporciones épicas. Como verán, ando entusiasmado y tal vez encuentren, pronto, una historia salpicada de mucho ketchup.
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Los doctores del mañana
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Etiquetas: Derecho, Shakespeare, TarantinoEntradas relacionadas:
26 Jun 2008 07:45 pm Comentarios











