A estas alturas del partido me resulta increíble, hasta un poco bochornoso, que haya gente que diga con total desparpajo que no votará ni por Capriles ni por Chávez. Que preferirá abstenerse porque ninguna opción «le parece». Quizá yo suene extremista, pero es que la situación a la que hemos llegado es igualmente extrema e implica dejar a un lado nuestro cinismo e incredulidad para posicionarse de un lado o del otro. No estamos ante una elección corriente, no es que dejemos de votar ahora y lo haremos en otras elecciones después, porque en realidad estamos ante una situación histórica de gran envergadura, con dos proyectos de país radicalmente opuestos, y el resultado que salga de aquí afectará cualquier futura elección. ¿Se puede uno lavar las manos y seguir como si nada de esto estuviese ocurriendo? ¿Crees que el silencio o la no-inclinación ayudará a abrir una tercera vía? Probablemente seas arrastrado por la opción que profundamente consideras como la peor. // La supuesta neutralidad que muestran algunas personas la tratan de pasar como una demostración de ser mente amplia, hasta cool, por no encasillarse entre un bando y otro. En situaciones normales la neutralidad podría ayudarte, pero otra vez repito: no estamos ante una situación normal, y la neutralidad ante esta situación equivale a complacencia. // Y criticar esta complacencia no es faltarle el respeto a la postura política o apolítica (?) de alguien, sino llamar la atención de que estas actitudes de darle la espalda a las cosas y no participar ya han demostrado en el pasado lo inútiles que han sido. // No son tiempos para mirar desde el borde del camino cómo se escribe la historia, sino para tomar uno mismo el camino y avanzar, hacia la dirección que quizá consideres la menos mala, la mejor o la única alternativa. Pero quedarse detenido en medio del camino no es una opción, hasta huele a cobardía.