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Sobre Mudanzas

La brisa de la madrugada golpeaba con fuerza la ventana cerrada cuando Á perdió el sueño, se sentó en la cama y se dedicó a mirarla a su lado, dormida de espaldas. La desnudez de ella, iluminada por las luces de la torre este de Parque Central, la que se incendió cuando él todavía no vivía allí, al descubierto por las sábanas deslizadas al piso por el gustoso desorden de las horas previas. Tenía pocos meses con la chica, y la observaba con esa fascinación del que va explorando lo nuevo, del que se va familiarizando con las particularidades del cuerpo que se besa y se posee. Repasaba en sus sentidos el sabor de la piel canela de ella, miraba las ondas del cabello corto, la forma ondulada de los pechos, la curvatura poco acentuada de las caderas y la firmeza de los muslos a lo largo de la cama que empezaba a compartir con ella una o dos veces a la semana.

Uno de los temas que más trato últimamente en este blog y en @alvarorafael es la dificultad de los jóvenes venezolanos para conseguir un lugar decente donde vivir. Lo he tratado en dos relatos publicados por acá: Un hogar para Mónica y El derrumbe. Para cerrar estos ejercicios narrativos, hace poco escribí (salvo el último capítulo) un relato largo y que ahora desempolvo por acá: Mudanzas

Acerca de Álvaro Rafael

2 comentarios

  1. Y ha sido leído jovencito Rafael. Encontré un nocaos absoluto de necesidades especiales con una narrativa elegante y violenta. Tiene ese punto para arquear la línea con la imaginación y la sensibilidad más sartírica posible.

    Es para leerlo en cualquier tarde, en el metro, para detenerte ante su cosmopolitismo y todo los elementos de personajes tipo 1.

    Viva, soberbio.

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