Escrito por Álvaro Rafael en Anticuarios, Personales

Elefantes

Entrevista a Thom Yorke, líder y cantante de Radiohead, El pop después del fin del pop, Pablo Gil, Ediciones Rockdelux, 2004:

—¿Qué es lo más importante que has hecho con tu música?

—Lo más importante es lo que dejas en la gente. La gente escribe cartas personales donde explican su relación con la música o con las canciones, cartas donde hablan de un período de su vida, de lo que hacían, de lo que les pasaba; y en este tiempo salió tal disco, y todas sus vivencias y recuerdos están relacionados con ese disco. Se vuelven como grabaciones caseras de vídeo para la gente, algo que escuchan y que se llevan a la tumba. Eso es sin duda lo más importante, absolutamente, porque es lo que yo también obtuve de la música. La primera vez que escuchas un disco que te impresiona es una sensación que guardas toda la vida, es la experiencia más profunda que has tenido nunca.

Tomado de Nocilla Experience, Agustín Fernández Mallo, con adaptaciones de estilo para el blog

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Hoy descubrí que hay momentos en que lo desconocido pareciera ser lo único a tu alrededor. En que estiras los brazos y el muro donde siempre te apoyabas ya no está cerca. En que sientes que han tirado tus zapatos y ahora andas a trompicones sin tener claro tu camino. Son momentos duros y que no quisieras vivir. Pero cuando llegan te sirven para madurar y para darte cuenta de cosas importantes que tienes.

Y entre esas cosas está este blog. De seguro las notificaciones de nuevas entradas estarán llenando tu buzón (o la carpeta de spam), de hecho mi actividad por aquí está en picos muy altos. Estoy escribiendo hasta con los codos. Y hablo de la importancia de este blog porque todas esas cosas que me gustan están aquí: las entradas, los comentaristas, la música. Y es que gran parte de las cosas interesantes que me han pasado en años recientes (lo bueno y lo malo) han estado relacionadas con Planeta en fuego.

Es en momentos como estos, además, en que vuelves a tus orígenes, como rastreando los espacios que te dieron confianza y confort. Como buscando el calor y la estabilidad de las etapas gratas para poder así seguir el recorrido ya sin traspiés, sin importar que todavía andes descalzo. Me detuve entonces a pensar en esas cinco cosas a las que vuelvo cuando necesito confort y ganas de reír como un auténtico tonto. Y acá va la lista, ¿cuáles son las cinco cosas a las que vuelves tú?

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1

Dermis Tatú

Con ellos fue una relación extraña: si bien me gustaban desde que sacaron su disco, me di cuenta de que esta era la banda cuando me fui a vivir a Lima a mediados de 1999. Fue un momento rudo de mi vida: me había ido para allá con mis padres con la intención de radicarnos, yo tenía entonces 16 años y llegaba a una ciudad que, aunque atractiva y ordenada, me resultaba desconocida, fría y nostálgica. Nunca logré adaptarme al colegio, a los familiares con los que nunca crecí y así mi única compañía era el disco La violó, la mató, la picó que oía repetidamente en un casete con un sonido tan malo que, cuando mi hermana anunció que nos visitaría en diciembre, le pedí que se trajera el disco original que tenía mi hermano. No sólo se trajo el disco: también la demoledora noticia de que el mes anterior había muerto Cayayo Troconis. Cuando eres un adolescente y ves morir a tu ídolo quedas jodidamente shockeado y lo que sentí fue como una segunda pérdida: ahora el disco que me acompañaba en esa especie de exilio lo cantaba alguien que acaba de irse.

Al poco tiempo regresamos a Caracas y la música de Cayayo me influyó por varios años más. De hecho, este blog tiene mucho material de la banda. De hecho, también, gracias a los temas sobre Cayayo conocí a las tres personas a las que les dedico Planeta en fuego: los archivos.

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2

La danta blanca, Rafael Rivero Oramas

Álvaro Rafael y la danta blanca

Este fue el primer libro que leí. En realidad, leí junto con mi mamá alrededor de los seis años. Cada tarde nos sentábamos a leer este libro ilustrado de aventuras, y creo que fue con él que comprendí que algún día yo quería escribir libros. Mi padre tenía entonces una empresa de distribución de libros y a la biblioteca de la casa nunca le faltaron buenos tomos. Mis padres se esmeraron en darme una buena educación en casa, algo que siempre les estaré agradecido. Les debo mi inagotable curiosidad por saber siempre cada vez más y no quedarme nunca con dudas.

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3

Los cuadernos

Cuadernos de Álvaro Rafael

Hubo una época en la que escribía entre 20 a 40 páginas diarias. Tenía entre 19 y 24 años y no sé cómo rayos hice para llenar todos esos cuadernos de la foto. Dudo que gran parte del material escrito en ellos sea de mediana calidad: nunca me he considerado escritor, simplemente soy un tipo que desde niño inventa historias por entretenimiento y para no olvidar el idioma que hablo tan poco en persona.

Los tediosos compromisos universitarios y laborales me alejaron de este vicio y perdí el ritmo de escritura. Hoy, con la universidad en el pasado y el trabajo con mucha libertad, he retomado la manía de escribir en cualquier parte. De hecho, si pasan estos días por el Centro Plaza de Caracas me verán escribiendo allí.

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4

España y Malta

Es algo tan reciente que te extrañarás que lo incluya en esta lista. Todo lo contrario, que sea incluido demuestra que me basta con apilar sobre mi escritorio todos los recuerdos que traje del viaje, con ver cualquier foto y con recordar la manera como lo pasé para motivarme a realizar otros viajes. El otro año quiero ir a Argentina, aunque es probable que tenga que ir a México.

Y si el punto anterior te extrañó, el que cierra la lista seguro lo hace más:

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5

Del tamaño de un elefante

Álvaro Rafael y el elefante

Y estás aquí porque así de ese tamaño tantas veces te dije te quiero y porque así de ese tamaño aún lo sigo haciendo, porque a pesar de que las distancias son enormes todavía logras sacarme una risa, porque todavía me remueves el alma. Porque nunca me dejas indiferente y porque siempre logras que alguien como yo vea las cosas de una mejor manera. Y ese es un gran logro, es lo mejor que haces por mí. Todo lo demás que pudiera escribir aquí ya lo conoces.

En este mare mágnum de vida que llevo había dejado pasar que fue junio el mes que simbólicamente elegí como aniversario de este blog que ustedes leen fielmente —ya sea porque llegan por error y les gusta criticar o porque simplemente vienen para bajar música de Dermis Tatú. De hecho, cuando hace cinco años descubrí lo que eran los blogs (buscando, vaya caradurismo el mío, música de Sentimiento Muerto) y decidí que era la mejor vía para publicar mis dibujitos y mis textos, no dudé en que estaría vinculado a la banda de Cayayo Troconis y por ello escogí una frase enigmática de la canción H para darle nombre a esto: cada grieta en el cerebro es un planeta en fuego. Sin quererlo, esa vinculación a la obra de Cayayo me llevó a relacionarme con personas que han determinado muy buenos momentos. En este quinto aniversario de Planeta en fuego, no encuentro mayor agradecimiento que a ustedes, los que leen entradas como estas, porque demuestran una fidelidad de la que siempre estaré agradecido y es por ustedes que este blog, con sus pausas y desaciertos, se mantiene en línea. Gracias. (2)

Lecturas sugeridas » En el correo me invitaban a leer un cuento acerca de Cayayo Troconis. Pensé, antes de pinchar en el vínculo del cuento en Prodavinci, en lo difícil que debe ser contar, en la extensión siempre rigurosamente breve de un cuento, la vida de un personaje fundamental en dos décadas del rock venezolano. La impresión de inexactitud previa a la lectura se fue diluyendo al comenzar un cuento que, aunque trata de Cayayo, no es estrictamente de Cayayo: es un cuento de fanáticos para fanáticos. Del fanático que persigue recopilar los elementos de la vida del músico que marcó el destino de muchos que pararon haciendo música o escribiendo en blogs como este. La figura de Cayayo se convierte en la clave para entenderse a sí mismo. El cuento se titula Dejar la peluca, de Carlos Ávila, y para leerlo sólo tienes que hacer clic acá. (1)

Escrito por Álvaro Rafael en Rock venezolano

Ondulado, Cayayo Troconis

Hace algún tiempo Martín Dostal me comentaba de la existencia de un tema electrónico en el que participa Cayayo Troconis. Desde entonces quedé intrigado y buscando de todas las maneras posibles esa canción. Hoy recibí un correo de Martín Dostal en el que me decía que el título de la canción era Ondulado y me pasaba un vídeo producido por su hermana Gloria (directora del vídeo de Ausencia) en el que sale Cayayo Troconis en El Ávila. Gracias a ambos por compartir este asombroso trabajo y a Gloria por su aporte del mp3. Acá va el regalo navideño.

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Imagen de previsualización de YouTube

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Letras

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