Escrito por Álvaro Rafael en Antiayuda, Estado social, Misantropías

Frances Farmer

La verdad es que no somos un país lo suficientemente dichoso como para ser tan infelices. No tenemos el Estado de bienestar de los países desarrollados como para tener una escena de black metal[1] ni chicos enloquecidos que entran a escuelas armados hasta los dientes. La verdad es que nuestras preocupaciones son menos banales: sobrevivir a las estadísticas de criminalidad nos impide concentrarnos en tormentos metafísicos. Es por ello que quienes intentan hacer la parodia del artista, como diría Fito Páez, y, en este caso, el artista atormentado, se encuentran ante una labor muy voluntariosa y los resultados muchas veces son pretenciosamente falsos. Pero como últimamente ser atormentado está en boga, he aquí algunos pasos útiles para ser un perfecto artista atormentado:

1. Coloque entre sus influencias a artistas (auténticos) que murieron jóvenes: no importa que usted no haya leído Heavier Than Heaven o crea que Love Will Tear Us Apart es una hermosa canción de amor, nombrar a seres turbulentos y complejos que encontraron la muerte en circunstancias trágicas le hará parecer un enfant gâté.[2]

2. Reitere a cada momento que tuvo una infancia traumática… aunque nunca quiera hablar de ella (claro, no sonaría muy dark afirmar que aún llora cuando recuerda que tan sólo fue una vez a Disneyland y que en Navidad en lugar de unos patines Rollerblade le regalaron unos Mattel).

3. Cuando le pregunten por la relación con su padre, lance la mirada al vacío, quédese unos minutos en silencio y luego conteste: «¡Jódete!», antes de marcharse iracundo (o voluntariosamente iracundo).

4. Si no desea ser tan misterioso, afirme que creció en un hogar marcado por el abuso y las peleas. Diga que su padre era alcohólico y que su madre nunca estuvo en casa para brindarle amor (aunque lo más probable es que su padre sólo se lanzara unas copas de whisky los viernes por la noche en el Lee Hamilton y que su madre se la pasara bronceándose como un pollo en brasa mientras hablaba con sus amigas en el club Puerto Azul). Por favor: no diga que sus padres murieron en un accidente al estrellar el carro con un camión cargado de indígenas, eso ya lo inventó un genio como Jim Morrison.

5. Váyase una temporada a la casa de unos tíos en Miami o en Europa en plan de estudio o de turismo y luego monte la historia de que fue huyendo de las drogas regaladas y el sexo sin sentido o que fue a hacer una purificación budista después de jornadas enteras en raves.

6. Júntese con personas que estén dispuestas a comentar en sus círculos de amistades que usted bebe sangre humana y que apologiza el suicidio como forma sublime de morir. De seguro ellos escribirán en Wikipedia artículos que describan su estilo de vida como autodestructivo.

7. Tómese una sesión de fotos en blanco y negro en los que resalten su imagen de jodido y maldito desprecio hacia el mundo, su nauseabunda oposición a las costumbres burguesas y su rebeldía indomable ante la moderación y el decoro. No olvide una fotografía en la que aparezca encendiendo/fumando un cigarrillo (y si es un marijane, de perlas). ¡Una bocanada tormentosa no tiene parangón!

8. Mantenga una imagen andrógina. Esto no sólo le hará ganar admiradores apasionados en ambos bandos, sino que creará la leyenda de turbios conflictos sexuales sin resolver.

9. Aunque el dinero se le desborde de los bolsillos, use unos Converse desgastados y no se peine. Si en cambio la última vez que vio un billete de 100 fue cuando jugó monopolio en el colegio, use unos Converse desgastados y no se peine. No olvide llevar camisetas con lemas provocadores y símbolos contraculturales o con el retrato de Sid Vicious o Allen Ginsberg.

10. Para los pretendientes a escritores: si tiene algo de talento musical, forme una banda de dark ware, postpunk o nümetal y no la promocione en el mainstream. Si carece de talento, pues mucho mejor: permanecer underground no sólo le dará una imagen de rebelde antisistema, sino que será la mejor manera de que nadie conozca sus despropósitos musicales.

11. Para los pretendientes a músicos: tírese una de poeta maldito y publique un poemario; aunque es seguro que la única maldición con la que esté relacionado en su vida sea cuando el lector termine de leer su verso y exclame: «¡Maldita sea, perdí mi dinero en este bodrio!»

12. Para los pretendientes a pintores, escultores, instaladores o afines: consígase en sus noches de farra a varios individuos que estén dispuestos a picar su anzuelo de formar una banda de rock-espacial-experimental-videoart. Quizá no lleguen muy lejos, pero ganará puntos siendo el genio creativo detrás de la banda, además de que tendrá cervezas gratis.

Por último, recuerde lo que decía Borges en El aleph: «El trabajo del poeta no estaba en la poesía; estaba en la invención de razones para que la poesía fuera admirable». De esa manera, aspirantes a artistas que no tengan cosas interesantes ni innovadoras que decir no se desanimen: si ustedes son capaces de crear una imagen misteriosamente atractiva y violenta entorno a su figura y que con ello nadie se fije en la (mala) calidad de su obra, todo lo que hagan será seguido por un corte de aduladores y groupies que le darán fama. Pues total, ¿no es eso lo que buscan?

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» Artículo también publicado en Panfleto negro.

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[1] Por cierto, el autor de este blog anda oyendo en los últimos días Mayhem.

[2] Para mi sorpresa (y disgusto), este término no aparece en la edición en español de Wikipedia. Una vez más entiendo cómo polacos, italianos, portugueses y neerlandeses nos superan en la enciclopedia en línea más popular. Así que me tuve que dar a la tarea de crear el artículo, así entienden mejor la expresión en esta parte; por los momentos el artículo es muy somero, pero requería crearlo con prontitud para esta entrada (nota del autor).

Escrito por Álvaro Rafael en Personales, Relatos, Rock venezolano

Relato corto de un martes caraqueño

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Martes. Desperté entrada las 9 am y miré el libro de medicina que estaba sobre mi escritorio: no acudir a mi oficina y trabajar desde mi casa se presentaba como la mejor opción el día que el primer presidente negro en la historia de EUA tomaría posesión.

Recuerdo que tuve un sueño: soñé con que al fin conseguía, en los anaqueles más apartados de una librería tenebrosa, la edición en español de Miedo y asco en Las Vegas de Hunter S. Thompson, que hace algún tiempo me recomendó vía messenger un amigo. La verdad me despertó en mi habitación repleta de libros de autores estadounidenses de segunda mitad del siglo XX: Kennedy Toole, Bret Easton Ellis, Palahniuk, pero no estaba el del creador del periodismo gonzo; realmente la pereza es excelente para borrar sueños: a mitad de la mañana había olvidado los detalles del sueño y sólo sentí amargura por recordar la decena de cuentos a medio terminar y el corazón me decía que, joder, ¡tienes arritmias!

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Mitad de la mañana. Desayunaba pensando en las posibilidades que me presentaba partir de un detalle casi nimio en las primeras páginas de un cuento que actualmente escribo para acabarlo. Los estadounidenses tienen la asombrosa capacidad de convertir todo en un espectáculo. Las trompetas acompañaron la entrada de varios miembros del establishment. «Si extiendo ese hecho justificaré un final quizás poco emocionante, pero sí creíble», pensé. Pitos a Bush, hijo. Historias, relatos cortos, cuentos… Necesitaba despejar mi mente y en la noche acepté una invitación de Virginia para ir a la Cinemateca Nacional.

Suelen pasar buenas películas y soy de los pocos raras avis entusiastas del cine venezolano. Una función nocturna serviría para jugar con la imaginación, pensé. Soberbia equivocación. De entrada una nube llorosa que respondía al cacofónico nombre de Kaapu Ekquinú (jdadjajdhjrtmñ), dibujada aparentemente por un niño de tres años, presentaba el argumento central del cortometraje La nube: no pidan argumentos, una nube no piensa. La cosa es sencilla: una nube se aleja sin querer de su colectivo social y en el andar de falsas ideologías new age descubre que la individualidad es el peor de los monstruos y que la felicidad está en relacionarse con seres similares… Asco: recordé que hace algún tiempo le comenté a una amiga que si bien necesitamos relacionarnos con seres similares la igualdad lleva al aburrimiento: ¿qué coño podemos aprender de nuestra propia figura reflejada al espejo? Curiosamente, esa nube amiga se perdió de mi cielo. ¡Sorpresa! El autor de semejante disparate-visual-cortometraje-ideologizante-uh-ah-uh era el mismísimo Farruco Sesto. Mirando sus dibujos quedaba claro por qué lo enviaron del Ministerio de la Cultura al de Vivienda y Hábitat. Pronto recalará en el de la Mujer y finalmente le crearán el Ministerio Farruco para que su persona no aumente el número de desempleados.

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Función dos. Comando X. Todos mis sueños de ser guionista de películas se desmoronaron al ver que en este país se financia el mar de groserías y prejuicios que constituye la trama de este bodrio. El argumento de esta película es sencillo-básico, del tipo: pobrediablo se hace pasar por millonario para enamorar a hija de plutócrata que comanda grupo paramilitar que pretende llevar a cabo serie de atentados para derrocar gobierno. Las risas del público de fondo cuando el amigo del protagonista gordito y feo decía No, guevón, esa mierda es una mariquera tuya, cabrón me hacían ver que el espectáculo de abucheos a Bush de la media mañana era más decente y entretenido. Función cancelada, salimos a mitad de la película.

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Noche. ¿Conocen la Plaza de los Museos de noche? Si no la conocen, les invito a reciclar sus deseos de viajar al barrio rojo de Ámsterdam (si es que todavía existe o aún no han estado allá) y vayan a esta zona de Caracas para conocer todas las variedades de finas hierbas. Inevitable no dar contra tu voluntad un micro-viaje-cósmico mientras recorres este paseo de humos hasta llegar al Ateneo, visitado esa misma mañana por grupos-enemigos-de-la-ultraderecha que pintarrajearon sus paredes con lindos graffitis que-piden-cerrar-este-espacio-cultural, tan democráticos ellos.

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Más noche. A pocos metros de mi edificio apareció todo un personaje de la cultura underground caraqueña. «Pana…, epa (sonríe), ¿tendrás unas monedas para algo de comida?», dice Monopunk. Obvio que él no buscaba comida. Obvio que yo no tenía un centavo encima ya a esa hora para darle. «No, pana», y sigo mi marcha.

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Ultra plus noche. Ya en mi casa, lanzó sobre el escritorio el libro de medicina que me saludó al iniciar la mañana. EUA tiene un presidente negro en la Casa Blanca y yo aún no consigo Miedo y asco en Las Vegas. ¡Venezuela, en fin! Me conecto como «no conectado» al messenger y lo dejaré en ese estado hasta el día siguiente, como es mi costumbre. Inicio Winamp y veo que lo último que reproduje fue el disco de Viniloversus que pasé a mp3 a partir del ejemplar original de Jhoan que se lo autografió aquella noche en Discovery Bar el pana Roro (Rodrigo dixit: «Para Victoria [esposa de Jhoan] de Roro. Con mucho cariño, gracias por el apoyo»). «Una buena banda lo demuestra tocando en vivo, y estos tipos saben tocar en tarima y variar cada una de sus presentaciones», pensé, al tiempo que apago la televisión y dejo que el disco suene unos minutos, mientras me acuesto en cama pensando que las siguientes horas, hasta la madrugada, apuraré el final de este cuento cuyo detalle nimio resultó ser su salvación.

Mañana será otro día, una copa de vino no cae mal mientras das vueltas a las palabras con las que terminarás el cuento que te ha ocupado las últimas semanas. Tal vez las palabras, inconscientemente, sean parecidas a las que soñé durante mi paso por aquella librería tenebrosa. El final, sin embargo, será una apuesta a lo desconocido.

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Escrito por Álvaro Rafael en Misantropías, Reseñas, Sonidos del mar

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Steel Pulse en Caracas - Entrada

Escribir una crónica sobre el concierto de Steel Pulse en Caracas me tomaría más tiempo de lo que duró el propio concierto, así que vale tan sólo un resumen (joder, ya gasté mucho tiempo escribiendo hasta aquí)…

Resumen del concierto de Steel Pulse en Caracas: tardé tres horas en llegar y el concierto duró alrededor de la hora. Fin.

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Steel Pulse en Caracas

Steel Pulse,

Concha Acústica de Bello Monte, Caracas (2008)

Álvaro Rafael.

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La presentación estuvo muy por encima de lo que ofreció la empresa organizadora del evento, que falló en escoger como lugar del concierto una zona residencial donde no se pueden presentar actuaciones a altas horas de la noche (lo cual, obviamente, acortó la presentación de la banda) y en la empresa de seguridad del evento.

Otro detalle criticable fue la colocación lateral/casi frente del escenario de un maldito andamio. Como era de esperarse, no faltaron los marijanes a mi alrededor (incluso uno en manos de un chico en sillas de ruedas). En fin, tardaré días en digerir que malgasté 4 horas de mi vida por culpa de la mala organización del concierto. Oigo ahora algo de Soda Stereo para pasar el mal trago: si la memoria no me falla, la entrada a ese concierto costó menos y el concierto duró tres veces más.

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