Escrito por Álvaro Rafael en Misantropías, Relatos

Malabaritas malaspecto UCV

Digamos que la chica se llama Jadna. Sufre el complejo UCV: salió del colegio creyéndose una chica bohemia, aunque ni ella misma sabía definir lo que era esa palabra. Simplemente soltaba niñerías como que ser bohemio era ser hippie y perder el tiempo entre Bellas Artes y Plaza de los Museos. Por eso mismo debía estudiar en la UCV, la universidad donde está Tierra de Nadie y estudian todos los bohemios como ella. Por eso mismo concursó en todas las pruebas internas: desde comunicación social hasta antropología. No quedó en ninguna carrera.

Se sentía más bruta de lo que realmente era, o podía ser. Juró que se tomaría un año sabático, el año siguiente debía intentar una vez más ingresar a la UCV, la universidad a la que quieren entrar todos los chicos (y ya no sólo los bohemios). Así que se inscribió en un propedéutico en Las Mercedes. Era el más caro de todos, pero sus padres apoyaban el deseo de su hija de ser ucevista: no sólo es una universidad gratuita, sino que su hija tenía que tener título universitario.

Jadna fue a todas las clases, hizo amigos y el día del examen final del propedéutico sacó la mejor nota. Al mes siguiente no quedó seleccionada en la UCV. Lloró, y con unos cuantos correazos encima, Jadna finalmente cedió ante sus padres y optó por una universidad privada y sin mucho esfuerzo quedó en la USM. Estudiaría comunicación social. El sueño de ser estudiante bohemia nunca se fue. Sólo que ahora, en una universidad de modelos y misses cabezas huecas, la cosa era más heavy. Ser bicho raro en la UCV es bastante sencillo. Ser bicho raro, tener la cabeza hueca como Jadna y estudiar en la USM ya complicaban terriblemente las cosas.

Los semestres fueron pasando y ella prefirió no acompañarlos: repitió hasta el hartazgo y el límite del crédito de las tarjetas de sus padres. Sus padres, cansados, le dieron un ultimátum: o trabajaba o terminaba en un TSU de la avenida Baralt.

Así fue como Jadna consiguió el empleo en el McDonald’s de Santa Mónica. Cada tarde, al dirigirse hacia su trabajo, el Metrobús pasaba frente a la UCV. Los ojos se le aguaban cuando veía a los malaspecto jugar fuchi o hacer malabares en la entrada de la universidad. Mientras preparaba papas fritas y la cara se le llenaba de grasa pensaba en su vida ucevista: caña, rock y sexo, más nada. En cambio, estaba pudriéndose en la monotonía casi burocrática de una universidad de hijitos de papá donde ella era la más fea y la más rara y la más Jadna. Al menos quedaba el consuelo de Facebook: despotricar cada día en contra de su universidad y afiliarse a todos los grupos de estudiantes de la UCV, aunque ella fuese en cambio usemista.

Muchos años después, cuando por fin Jadna llegó al último semestre de su carrera, se enteró de que el Gobierno había intervenido la UCV y eliminado las siniestras pruebas de ingreso. Los ojos de Jadna, secos de tanto llorar, dieron por primera vez en años señales de brillo. ¡Qué carajo la maldita tesis sobre el efecto de la televisión sobre la pantalla de las televisores de plasma! (total, cualquier bodrio de tesis en la USM es aprobada).

Jadna, al borde de los treinta años, pateó la carrera que había sacado adelante tras años de escupir McPollos y envidiar a los malaspecto (que seguían siendo los mismos en el mismo lugar de siempre) y se fue directo a la UCV a inscribirse en educación. Orgullosa, con una sonrisa que abarcaba todo el rostro, entró a la sala de inscripciones y con el mismo arco en su boca, pero al revés, salió cuando descubrió que ya se habían agotado los cupos. ¡Malditos! ¡Otra vez le habían robado el sueño de ser ucevista! Esta vez fue una niñita que había llegado de Delta Amacuro la que le había arrebatado el último cupo. Era la primera vez que estaba en una ciudad como Caracas. La acompañaba su mamá, quien le prometió que la llevaría a celebrar su ingreso a los estudios superiores paseándola por la bella ciudad de Caracas. Jadna escuchó esa promesa y sonrió otra vez de alegría: quizá la llevaría a comer McPollo en McDonald’s.

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La sencilla cámara de celular oculta de un estudiante universitario bastó para poner al descubierto el primitivismo y el miedo que abundan en amplios sectores de la sociedad venezolana y que, en este caso, resulta terriblemente indignante porque el expositor de la intolerancia fue nada menos que un profesor universitario de Derecho, cuya tarea debería ser la difícil formación de ciudadanos. El caso del profesor Pedro Alejandro Lava Socorro revela, además, el poder de la Web 2.0: a pocas horas de subido el vídeo a Youtube, ya contaba con miles de reproducciones y el perfil en Facebook del profesor homofóbico fue eliminado. Este es un paso importante en la sociedad de hoy, que cuenta con nuevas herramientas para impulsar el cambio de la propia sociedad, abriendo a todos el poder de la crítica y de la denuncia a través de noticias inmediatas y sin filtros. » Transcripción del discurso del profesor Pedro Alejandro Lava Socorro. (51)

Escrito por Álvaro Rafael en Estado social, Misantropías

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De lo que trata esta entrada es sobre el tema de conversación en mi universidad estos días. Para no estar a la zaga, en mi universidad se ha puesto de moda la divulgación de fotos y videos amateurs de esos que no quisieras que vieran tus padres. ¡Oh, sí, horror de horrores! En la última semana nuestros correos han sido destinatarios de dos historias diferentes que tienen como protagonistas a dos chicas estudiantes de mi facultad.

La sociedad es una cosa extraña: no deja de criticar el quebrantamiento de la intimidad de las personas pero, por otra parte, no evita estar al tanto de la vida de sus integrantes y comentar sobre cada uno de ellos. ¿Un ejemplo? Cuando desgraciadamente murió la princesa Diana el dedo índice de medio planeta apuntó a los grandes medios de comunicación y los acusó casi menos que de ocasionar su muerte…, a los pocos días, las mismas personas devoraban las ediciones especiales sobre sus funerales. ¿Otro ejemplo más grave aún? La primera potencia del mundo hace alarde de su violación sistemática de la privacidad de sus gobernados. El Gran Hermano orwelliano ha llegado, y lo peor es que le hemos abierto la puerta y recibido cordialmente.

Y se ha recibido cordialmente porque, pese a que hablamos de protección a la intimidad, se descuida estúpidamente dicha intimidad exhibiéndose ante ojos que nunca llegan a ser privados. La chica de las fotos se dejó tomar esas fotos por su mejor amiga quien, al chocarle la atención que aquella recibía del chico que a ella le gustaba, decidió publicar las fotos; ¿no pensó la chica de las fotos en la posibilidad de pelearse alguna vez con su amiga que le tomó esas fotos? Pero la que se lleva el premio de este «exhibicionismo tonto» es la chica del video: si acaso hay un lugar precisamente menos indicado para desarrollar actividades extracurriculares es ¡un aula de clase! ¡Joder, qué estaba pensando! Este video adquiere el atributo de ser erótico-cómico a la vez: sólo a ella se le ocurre hacer eso en un salón ¡con pared de vidrio! y ser grabada por su amante y ¡por otra persona escondida! Es decir: por allí estará rodando la versión 2.0 del video.

Es inevitable no hacer comentarios compasivos sobre las dos desafortunadas chicas protagonistas actuales de estas conversaciones (los hombres no aparecen en dichos materias… y, sinceramente, en una sociedad machista como la nuestra, dudo que les importa aparecer), pero a la vez estas historias son un gancho que atrapa, que se convierten en tema de conversación entre hombres y mujeres en la infinita comedia de la vida humana. Saber sobre la vida de otro siempre ha sido material de atracción para muchos; hablar siempre de uno mismo es muy aburrido y egotista, a menos que te llames Woody Allen y te cases con tu hija adoptiva.

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Escrito por Álvaro Rafael en Estado de política, Estado social, Misantropías

Pupitres arrojados en el campo de la USM

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El día de hoy varias facultades de la Universidad Santa María elegirán a sus autoridades para los Centros de Estudiantes.

De más está decir que reinó la improvisación y la desinformación. Muy pocos conocen la conformación de las planchas y sus ideales (véase aquí), muchos más son los que no sabían qué día preciso eran las elecciones (quien escribe, otro estudiante más de la facultad de Derecho, se enteró de la boca de un obrero del cafetín que las elecciones ya no serían el lunes sino hoy jueves, joder…, ¡qué canales de comunicación!) y todos los estudiantes de Derecho aún nos preguntamos por qué diablos nos despojaron a última hora la oportunidad de elegir directamente a nuestras autoridades, ya que serán elegidas indirectamente (es decir, votarán únicamente los delegados, claro, si estos aparecen…).

Veamos cómo transcurre la jornada en una universidad enrarecida por los acontecimientos de los últimos días, cuya foto que ilustra este post espero sirva para mostrar el caos con el que hemos convivido esta semana inútil y sin clases.

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