Av. Bolívar

·

Run to the hills

run for your lives!

Run To The Hills*

Iron Maiden

·

Cada vez que veo un turista extranjero en Venezuela siento compasión. Con muy pocas excepciones regionales, Venezuela no es un país que trate bien a los turistas (ni siquiera a los nuestros, si no me creen vayan de paseo por el calvario de cualquier terminal de transporte nacional).

Al parecer, cuando vemos un turista nos empeñamos en portarnos peor: una vez presencié cómo un mesonero se burlaba gestualmente de unos japoneses, y, hace algún tiempo, cómo en otro restaurante el cajero le cobraba a unos holandeses el doble. Casos que parecen leves si los comparamos con la experiencia que pasó la agrupación portuguesa Madredeus cuando quedó en medio de una balacera por la autopista Caracas-La Guaira y un intento de asalto en una misma noche y de cómo un comerciante italiano perdió más que su Rolex en Cota Mil.

Esta tarde observé a una pareja sueca a punto de atravesar Avenida Bolívar de Caracas y crucé los dedos esperando que lo hicieran sin llevarse una mala impresión de nosotros.

Pues todo esto que contaré ocurrió meticulosamente así, sin exageraciones: cuando el semáforo peatonal cambió a verde ellos y yo cruzamos, un motorizado que se comió la luz casi se lleva a la chica; del susto y porque la rapidez con la que cambia el semáforo de esta avenida te obliga a correr, nos quedamos parados en la isla de la avenida y, allí mismo, ¡hay un perro muerto desde hace dos semanas! En fin, ya sólo quedaba cruzar tres carrilles para llegar al otro lado, y en eso un hombre que corre se come la luz roja y casi causa un choque múltiple, ganándose el corredor la grosería respectiva que empieza por m… Cuando el semáforo peatonal cambió a verde otra vez… cuatro automóviles se comieron la luz.

Al final, cuando por fin terminamos de cruzar la avenida, el chico sueco le dijo algo gracioso a la chica (todavía nerviosa) para aliviarla. En ese momento, pensé en la anécdota de Nietzsche y el caballo según la versión que cuenta Kundera en La insoportable levedad del ser: estando en Italia, el filósofo alemán presenció la agresión de un caballo y entonces corrió hacia él y lo abrazó para protegerlo y pedirle perdón por la crueldad de los humanos. En ese mismo momento, me provocó correr y abrazar a esa chica sueca y pedirle perdón por comportarnos así con los turistas. ¿Ya ven por qué siento compasión por los turistas?

·

* Si conocen la letra de esta canción notarán la parábola.Venezuela