Antirreflexiones mientras veo anuncios en tuinmueble.com.ve
Cada mañana abro tuinmueble.com.ve buscando alguna oferta de alquiler de apartamento o anexo en Caracas. Los anuncios que encuentro tienen precios exorbitantes o imponen condiciones discriminatorias: alquiler solo para dama de intachable reputación (?), solo para empresa reconocida, solo para embajadas. Precios impagables para un joven-profesional-de-clase-media-caraqueño como yo, pienso con fastidio. Y es que la actual legislatura sobre la materia ha encogido el mercado de alquiler generando con ello una crisis que seguro no previeron los cretinos legisladores cuando queriendo beneficiar a los inquilinos terminaron por joderlos con sus «buenas acciones».
¿Qué ha ocurrido de unos meses para acá? Pues son tantas las trabas que impone la nueva legislatura de alquiler que ha proliferado un mercado negro de la vivienda, donde el perjudicado es el que necesita un techo y alquila los pocos espacios que van quedando. Como yo: vivo en un anexo sin contrato notariado y con condiciones de monasterio: no-visitas, no-ruido, no-nada. El dueño no quiere responder ante unas leyes que no le protegen. Yo, sin más opciones por falta de ellas, acepto el conventillo. Para animarme pienso que esto es una medida temporal hasta que [inserte acá no sé qué]. Un mercado negro de la vivienda que ha llevado a otra cosa igual de curiosa: la conversión de muchas quintas de una o dos plantas en edificios precarios de hasta cuatro pisos (donde estoy) o más, ranchificando la ciudad con construcciones que no aguantarán un terremoto importante.
El scroll sigue bajando sin nada que encontrar y antirreflexiono en el apartamento decente que tuve que dejar porque los dueños (chavistas de patria-o-muerte-patria-y-viviremos-y-venceremos-patria-y-resurrección) no quisieron renovar el contrato por miedo a la ley que aprobó el mismo gobierno que ellos apoyan, un apartamento que ahora se llena de polvo, desocupado. Antirreflexiono también en unas gatas adorables que tuve que dar en adopción y en una flamante relación que pintaba para largo y que se desmoronó cuando nos quedamos sin un «espacio propio». Incluso las leyes malas interfieren en la vida de pareja. Ella no vivía conmigo, pero disfrutábamos de tener un lugar de encuentro que desapareció. La armonía que se vivía allí dio paso al distanciamiento, a los roces, a las discusiones. Le hubiese dicho para buscar un apartamento y pagarlo entre los dos (así yo tuviera que pagarlo casi todo), porque esa parece ser la única manera de poder pagar un alquiler hoy: pagando entre dos o más personas, a menos que quieras irte solo y termines dejando buena parte o todo tu salario en un alquiler. El socialismo es enemigo de los individualistas.
Pero no fue el caso, además que yo hubiera sido un tremendo egoísta de pedirle que dejara la estabilidad de vivir con sus padres en una de las mejores zonas de Caracas para irse a vivir conmigo quién sabe a dónde, para luego terminar igualmente peleando cuando apareciera la realidad de lo costoso que es la vida. No me vengan con cursilerías de autoayuda de que la vida es un constante fluir y que vivimos en la ilusión de la seguridad y que debemos arriesgarnos todo el tiempo, como me dijo una hippie a la que nunca le ha faltado techo ni dinero. Hippie pendeja. Yo en el lugar de mi chica no me hubiese ido de casa de los padres por más amor que existiese.
Imagino que a muchos jóvenes les ocurre lo mismo. Jóvenes que van llegando a los treinta y no ven posibilidad de establecerse en un piso sólo para ellos. Si hablamos de comprar un apartamento el asunto se vuelve imposible. Donde estoy pago una cifra exagerada que no se corresponde con el espacio, y menos aun con las condiciones absurdas de monasterio que mencioné antes. Como ventaja, o consuelo de despechado (porque en este país toda nuestra manera de pensar se ha ido adaptando al de una expareja despechada que trata de ver el lado bueno entre las cosas mayormente malas que está viviendo), tengo todo tipo de servicios y es una buena zona (dentro de lo que cabe decir «buena zona» en una ciudad caótica como Caracas), y por fortuna tengo los medios para costearlo.
Luego de varios años de trabajo y ausencia patológica de vacaciones (salvo un mes fuera del país hace tres años, que espero repetir pronto) tengo unos ingresos elevados en comparación con lo que gana gente de mi edad que conozco, gente que empieza con su primer trabajo, que se dedica a lo que estudió y que gana sueldo mínimo. El sueldo mínimo del venezolano vive en un universo paralelo donde todo es abundancia y felicidad; en nuestro universo quintorrepublicano no conoce de realidades, de aspiraciones juveniles, ni siquiera de amor-sexo. Si eres joven, ganas sueldo mínimo, tienes pareja y no cuentas con un «espacio propio» (como seguro es el caso de la mayoría) buena parte de lo que ganas al mes se te puede ir en una salida de noche: cine Bs. 90-170, cena Bs. 200-400, hotel Bs. 450-950, desayuno Bs. 150-200 = una noche de amor cuesta Bs. 890-1.720. Con estos precios el sexo se vuelve un lujo al alcance de unos pocos, y un lujo del que solo pueden disfrutar una vez al mes, lo cual podría explicar la amargura y la violencia del venezolano, país mal cogido.
Mientras se abre el anuncio de un anexo en El Marqués antirreflexiono en esas personas a quienes los años les van cayendo encima viviendo con los padres y que seguirán haciéndolo muchos años más, quizá hasta que mueran los padres y hereden la casa que éstos sí tuvieron opción de comprar en un viejo país que sí le daba oportunidades a los jóvenes (como decía el conocido bloguero que terminó viendo que la mejor opción para un joven profesional venezolano es largarse del país, como efectivamente él hizo con su pareja).
Mi retina refleja ahora un apartamento de una habitación en La Candelaria a Bs. 15.000 y mis ojos se inyectan en sangre. ¿La Candelaria a quince palos, pero a quién se le ocurre que La Candelaria vale eso? Esto no debería ser así. Antirreflexiono que debería haber una flexibilidad de leyes que abra el mercado de viviendas. Que fomenten que los jóvenes puedan salir de sus casas y hacerse con las riendas de sus vidas, sin tener que dilapidar todos sus ingresos en un espacio o tener que vivir en comunas. Algo mejor y no esta falta de equilibrio en las relaciones entre propietario y arrendatario.
Si me la hubiese tirado de miserable, bien podía haberme quedado en el viejo apartamento hasta que me hubiera dado la gana. La petición de dejar el apartamento me la hubiese pasado por el forro. Pero uno es de las raras avis que critica la viveza criolla como una de las responsables de que vivamos en una sociedad corrupta y por eso cumple (o pretende cumplir) con las leyes de este país. Me fui por las buenas, aunque las buenas no me quisieron acompañar.
Abro cada día tuinmueble.com.ve y también porlapuerta.com y confieso que me pasa por la mente:
Maldita sea, Álvaro, debiste tirártelas de chavista y quedarte a lo arrecho en ese apartamento.
La rara avis está en peligro de extinción. El demonio que te habla desde uno de tus hombros hace tiempo que mató al ángel que estaba en el otro lado. Pareciera que hemos llegado al punto en que la supervivencia te obliga a ser tan perverso como el sistema de perverso es. Hay algo llamado integridad, palabra que suena parecida a imbecilidad, que te dice que no, que uno debe ser la diferencia.
Sigo esperando la aparición de un anuncio extraño que ofrezca un apartamento a un precio que no implique que uno trabaje sólo para pagar un alquiler ni tener que buscarse otra persona que te quite privacidad. Hoy no hay nada interesante, en realidad ni siquiera un aviso nuevo. Cierro la página, me paso las manos por la cara y sigo con el trabajo de cada día.
16 mar 2013 1 comentario















