La medalla «nuestra» de Rubén Limardo: la apropiación de su éxito

Escrito por en Deporte, Estado social

Cuando en un país con escaso peso internacional en las artes, en las ciencias, en la cultura, en la política, en la industria o en el deporte como Venezuela (salvo contadas excepciones, que son eso) alguien logra un reconocimiento fuera de sus fronteras, no es de extrañar que algunos connacionales conviertan las espontáneas y muy válidas muestras de orgullo y celebración por ese triunfo en un éxito «propio», y pasen a «reclamarlo» y a defenderlo con severidad ante cualquier tipo de cuestionamiento de quienes creemos que ese logro es mérito de quien lo consigue y no de quien lo ve a la distancia. Así, estas personas proyectan sobre ese éxito ajeno el deseo de gloria propio, lo sobredimensionan y lo viven con una creencia de notoriedad internacional y chovinismo, cuando tan solo tienen una cosa que los vincula al «exitoso»: la misma nacionalidad. Es como el padre que celebra los triunfos que nunca tuvo él mismo con el hijo deportista, o la madre que no terminó la carrera orgullosa de su hija que se graduó en la universidad.

Pasa muchas veces que esta costumbre de apropiarse del éxito del «legionario», del que «pone en alto la bandera nacional fuera del país», influye en el «exitoso» de tal manera que es mal visto si su triunfo no se lo dedica a su país. ¿Cuántas veces hemos visto a un venezolano que al conseguir un premio internacional se lo dedica, antes que a sí mismo, a su patria? Muchas. Me gustaría ver algún venezolano que se atribuyera únicamente a sí mismo el éxito que ha cosechado aquí o en cualquier parte.

En cambio, no es usual ver a un actor inglés o alemán que gana el Oscar dándole las gracias a su país ni a la Reina o Canciller (no hablo de los franceses o chinos, porque ellos son ultranacionalistas). Tampoco lo es ver a un grupo musical estadounidense o irlandés dedicarle hasta el llanto el premio a sus anónimos vecinos de barrio cuando gana un premio en otro país. Eso no los hace menos inglés, alemán, estadounidense o irlandés. Simplemente, ellos se saben parte influyente del mundo, no tienen que llevar su Patria al mundo cual Quijote que asume las armas para darle prestigio a La Mancha. En otras palabras, no tienen esa urgencia de darle notoriedad a su país porque tienen asumido que ya la tiene. Mientras que los ciudadanos de países pequeños y con escasa repercusión exigen convertir todo triunfo de alguien de los «suyos» fuera de las fronteras en una gloria nacional y que aquél sea atribuido a la Patria, y, por extensión, a ellos, los ciudadanos de países influyentes, salvo hazañas memorables y de alcance global, no lo hacen.

Ejemplo: como siempre nos gusta compararnos con Estados Unidos, habría que preguntarse si este país recibió como héroes nacionales a las ganadoras de la medalla de bronce en esgrima, las hermanas Hurley. Salvo en su pueblo natal, lo dudo. ¿Por qué? Porque están acostumbrados a tales niveles de éxito que solo celebran las victorias de Michael Phelps (quien consiguió algo memorable y de alcance global), y con él tienen de sobra fervor nacionalista para presumir por un buen rato.

Todo lo anterior viene por el caso de Rubén Limardo y la reacción que ha generado su medalla de oro ganada en los recientemente finalizados juegos olímpicos de Londres. No había publicado antes un comentario sobre este asunto, principalmente por desinterés, pero también porque tocar estos temas en un país tan nacionalista como Venezuela hiere sensibilidades y mueve al insulto fácil, a las acusaciones de no querer al país y a los deseos de que nos «vayamos demasiado» por «apátridas». Pero a las muchas muestras desaforadas de verdaderos fanáticos que salen a celebrar «lo nuestro» y a «defender» la Patria herida ante la gente que cuestiona, se han sumado las declaraciones de Rubén Limardo desde el fin de semana para acá, erradas, contradictorias, oportunistas, egocéntricas, y la aparición en un programa de TV con una franela con el eslogan: «Quien no quiere a su Patria no quiere a su mamá», que me han resultado suficientemente desafortunadas como para dedicarle unas breves líneas a este tema de su medalla, de nuestras celebraciones, de lo que él representa.

Sonará antipático decirlo, pero la medalla de oro que ganó Rubén Limardo es de Rubén Limardo, aunque él se la quiera ofrendar a sus connacionales (recuerden que es de mal gusto no dedicarle los triunfos a la Patria). La obtuvo con su esfuerzo y sacrificio personales, y ninguno de los que celebró patrioteramente su triunfo por las redes sociales o en actos públicos (a excepción de entrenadores, amigos o parientes) contribuyó económicamente en la preparación que requiere un atleta para llegar en condiciones físicas, mentales, técnicas y financieras idóneas a unas Olimpiadas y luego ganar una medalla. Peor aun, ni siquiera el Comité Olímpico Venezolano lo ayudó ─aunque él ahora no quiera hablar al respecto.

Rubén Limardo despertó un fervor patriótico entendible en un país tan poco acostumbrado a los éxitos deportivos y que tan necesitado está de buenas noticias y de modelos de inspiración. Luego, muchas personas y políticos de todo el espectro comenzaron esa «apropiación» de su éxito y a explotarlo con fines particulares. El asunto se complica cuando Rubén Limardo parece ceder su triunfo personal a esas personas, y de la humildad de sus primeras declaraciones y de la simpatía que generó su paseo por el Metro de Londres con su medalla ha pasado a demostrar cierta prepotencia y arrogancia que él les da a otros deportistas, a creer que las críticas que despiertan sus ahora destempladas palabras no son contra él, sino contra todo el país, contra la Patria. Cuando Limardo dice que quien no quiere a la Patria no quiere a su mamá, pareciera que se está refiriendo a él mismo como la Patria, sabedor de que hay personas que lo critican a él, que «no lo quieren». Limardo tiene plena libertad para expresar sus opiniones, así como yo tengo las mías para decir que sus palabras no me gustan, ya no soy me siento representado por él y eso no me hace ser menos venezolano.

Será uno de los «nuestros», será un venezolano como yo, será sin lugar a dudas un buen deportista y seguramente un gran tipo lejos de la presión mediática y política, pero no por ello siento su medalla como mía, sino que se la reconozco sólo a él. Y luego de sus declaraciones, si se trata de representar el país en su totalidad, creo que Limardo no lo hace con sus palabras y actos.

Muy bien haríamos los venezolanos en empezar a valorar el esfuerzo, la constancia y el sacrificio personales, y en dejar de ceder nuestros éxitos a los demás. Ese día probablemente los venezolanos empezaremos a creernos que somos capaces de conseguir lo que nos propongamos y no a reclamar como propio, a lo mucho, el éxito de los demás.

Eurocopa 2012: pronóstico y cuadro de cruces

Escrito por en Asides, Deporte

Eurocopa 2012

En el pasado Mundial de Fútbol de Sudáfrica 2010 acerté unos cuantos partidos de la fase final y al finalista España, al que dejé como subcampeona ante una Brasil que para mi satisfacción ni siquiera llegó a semifinales.

La Eurocopa suele ser el torneo más competitivo de todos cuantos los hay en el fútbol, y para esta edición en Polonia y Ucrania no veo algún equipo que esté por encima del resto. Seré breve, estos son mis pronósticos del cuadro final, puedo equivocarme estrepitosamente: gana Alemania.

Cuadro final Eurocopa 2012

Copa América: revitalizar o matar de aburrimiento

Escrito por en Deporte, Microtres

Uno de los primeros correos electrónicos que envié, a finales de los noventa, fue a la CONMEBOL. En el correo criticaba la (des)organización que presenta el que es actualmente el torneo de fútbol más antiguo de selecciones nacionales, la Copa América. Han pasado más de diez años y todavía sigo esperando respuesta. No la habrá: la CONMEBOL se empeña es llevar al campo deportivo lo que es Sudamérica: un territorio donde reina la improvisación (en un principio, el torneo se celebraba de manera irregular cada dos, tres o cuatro años… incluso pasaron décadas para que se volviera a celebrar), el paternalismo (es un torneo al que las selecciones llegan por invitación, y no porque se ganen la clasificación), los arreglos por debajo de la mesa (en los últimos campeonatos, sospechosamente el anfitrión siempre abre el torneo jugando contra la selección teóricamente más débil), las cosas hechas por ensayo y error (invitar o querer hacerlo a países que no son americanos, como Japón o España) y hasta el complejo de inferioridad latinoamericano frente a Estados Unidos (siendo ésta, junto a la frecuentemente invitada selección de México, la mejor selección del norte del continente, la CONMEBOL invita, insisto, a selecciones no americanas…. como Japón). Las sugerencias que envié en aquel correo a la CONMEBOL, como simple aficionado del fútbol, eran en realidad pocas: 1) abrir el torneo a las demás selecciones del continente americano (incluir, por ende, a la CONCACAF) para hacerlo un torneo más competitivo y verdaderamente americano, 2) de esta manera, ampliar el torneo de doce a dieciséis selecciones, 3) que sea un torneo al que se llegue por una ronda previa de eliminatorias, para que así sea visto con mayor interés por los aficionados y jugadores en lugar de ser, para muchos de los anteriores, como un compromiso deportivo al que se debe ir cada tres años y al que muchos grandes jugadores eluden, participando en algunos casos selecciones alternativas, y 4) alagar de tres a cuatro los años entre torneos (lo cual, al parecer, será ahora así). Sé que si nos cuesta organizarnos como naciones y somos el subcontinente que tiene la mayor cantidad de organismos internacionales inútiles, será difícil revitalizar un torneo que dista mucho de ser, en cuanto a calidad y hasta en entretenimiento, al otro gran evento futbolístico continental, la Eurocopa, pero el riesgo que corre el torneo es que sea ganado por un poderoso adversario que cuando llega se hace hegemónico: el aburrimiento.

Pronósticos para el Mundial Sudáfrica 2010

Escrito por en Deporte

Trofeo Copa Mundial de Fútbol

Preámbulo

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Primera ronda

Cuadro de cruces Sudáfrica 2010

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Grupo A (Sudáfrica, México, Uruguay, Francia): es el grupo más irregular de todos. Cualquiera podría terminar de primero como de último. El sentido común dicta que el primero debería ser el actual (e inesperado) subcampeón Francia, sin embargo el equipo de Raymond Domenech sigue en proceso de transición, clasificó de la mano de Henry y nos tiene acostumbrados a la emocionalidad: en un partido cualquiera puede golear como puede ser goleado. Sudáfrica juega en casa, pero no tiene peso futbolístico a pesar de su buen desempeño en la última Copa Confederaciones. México y Uruguay se deberían disputar uno de los dos puestos clasificatorios. Pronóstico: es el grupo más difícil de pronosticar, por encima parecería que clasificarán Francia [A1] y México [A2] (o Sudáfrica).

Grupo B (Argentina, Nigeria, Corea del Sur, Grecia): si el mundial espera mucho de Messi, más los aficionados de su selección, que todavía le reprochan una supuesta falta de entrega como la que da en el Barcelona FC. El grupo en el que ha caído el equipo de Maradona le abre el camino para su consagración. El primer lugar debería ser para la albiceleste, luchando por el segundo lugar tres equipos inestables: las defensivas Grecia y Corea del Sur y la imprevisible Nigeria. Pronóstico: Argentina [B1] y Nigeria [B2] (o, con probabilidades fuertes, Corea del Sur).

Grupo C (Inglaterra, Estados Unidos, Argelia, Eslovenia): la generación actual inglesa tiene para ganar el mundial y si desperdicia esta posibilidad, el bicampeonato seguirá esperando muchos años más. El segundo lugar se lo deberían disputar Eslovenia y Estados Unidos, un equipo emergente pero al que aún le falta años de desarrollo futbolístico. Pronóstico: Inglaterra [C1] y Estados Unidos [C2].

Grupo D (Alemania, Australia, Serbia, Ghana): un grupo donde Alemania luce a primera vista cómodo para quedar de primero (aunque no descarten sorpresas). El segundo lugar está bien disputado entre tres equipos que ganaron sus respectivos grupos clasificatorios. Serbia fue el que ganó el grupo más competitivo para llegar al Mundial, pero siempre tiene problemas en los mundiales. Australia demostró en su primera participación en el grupo asiático que es un equipo que merece su puesto en la gran competición y Ghana prácticamente no tuvo rivales de envergadura. Pronóstico: Alemania [D1] y Ghana [D2] (en disputa con Serbia y luego Australia).

Grupo E (Países Bajos, Dinamarca, Japón, Camerún): similar el grupo C, el equipo neerlandés arrasó en la ronda clasificatoria y tiene una generación capaz de ganar un mundial. Países Bajos tiene la costumbre de no complicarse en la primera ronda, incluso de deslumbrar. El segundo lugar está entre Dinamarca y Camerún, que se verán las caras en la segunda jornada de este grupo. Quien gane este juego, clasifica. Pronóstico: Países Bajos [E1] y Camerún [E2].

Grupo F (Italia, Paraguay, Nueva Zelanda, Eslovaquia): nadie ha destacado que en este mundial se da un hecho sin precedentes: por primera vez se clasifican dos selecciones de Oceanía, la región futbolísticamente más débil. Habiéndose mudado Australia a la confederación asiática, Nueva Zelanda tenía el camino servido para llegar otra vez a un Mundial. Sin duda, es la selección más débil del torneo. Descartando al equipo del haka (no sé si podrán hacerlo en el Mundial), cualquiera de los tres equipos puede quedar de primero o segundo, y no me extrañaría un triple empate a seis puntos. Italia tiene la costumbre de clasificar así juegue mal. Eslovaquia se dio el lujo de dejar fuera del mundial a la República Checa, por lo que es un rival de peso. Juega el segundo partido de su grupo contra un rival directo por la clasificación: Paraguay. Este es otro grupo difícil de pronosticar: Pronóstico: Paraguay [F1] e Italia [F2].

Grupo G (Brasil, Corea del Norte, Costa de Marfil, Portugal): en este grupo está el que luce como la segunda selección más débil: la hermética y desconocida Corea del Norte. Brasil queda de primero, juegue mal o bien. Portugal y Costa de Marfil se enfrentan en el primer partido del grupo y de allí dependerá la clasificación. Pronóstico: Brasil [G1] y Portugal [G2] (o Costa de Marfil).

Grupo H (España, Suiza, Honduras, Chile): la triada de equipos débiles la cierra Honduras. España no debería tener problemas para ganar este grupo, mientras la ofensiva y sorprendente Chile se las verá con la defensiva Suiza. El segundo partido de grupo los enfrentará. Si pierde Chile, las posibilidades de pasar de ronda se verían reducidas a ganarle a España en la última jornada de grupo. Pronóstico: España [H1] y Chile [H2].


Segunda ronda (octavos y cuartos de final)

Cuadro de cruces Sudáfrica 2010

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Entramos a la ronda de especulaciones. Basta un desorden en el cuadro anterior para que el resultado de todo el Mundial varíe. Pasemos de una vez a los resultados en Cuartos de final: este es un Mundial que luce de pocas sorpresas, y los grandes deberían llegar sin dificultades a las rondas finales. Por el Lado A, deberían entrar selecciones fuertes como Inglaterra, Brasil, Francia y una Italia que bien pudiera ser Paraguay. Lo que parece inevitable es que tanto Brasil como Inglaterra lleguen a semifinales. En cuartos deberían quedar grandes selecciones como Francia o Países Bajos (si pasa de ronda, pero es un equipo que se desinfla en las instancias definitorias).

Por el Lado B, en los cuartos se ven partidos interesantes entre las campeonas Alemania y Argentina por el lado de arriba. Por la parte inferior, España tiene vía rápida para superar su eterna pesadilla de los cuartos de final. Camerún, si logra imponerse a Dinamarca en la fase de grupos, podría llegar por segunda vez a cuartos de final y así representar al continente. España jugaría en semifinales ante Alemania o Argentina, y en este duelo previo la calidad de Messi deberá hacerse presente para superar a la siempre organizada y voluntariosa Alemania.


Semifinales y final

Cuadro de cruces Sudáfrica 2010

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El 11 de junio de 2010 veremos un equipo que levanta su primera copa mundial u otra que cose su sexta estrella en la camiseta. España atraviesa el mejor momento de su historia: una liga fuerte con el mejor equipo del mundo, campeona de la reciente Eurocopa y con un deseo de ganarse el prestigio de los grandes. Pero por otro lado está Brasil, un equipo que cuando entra enchufado a un torneo da la impresión de estar un nivel por encima de los demás equipos. Además, juega en terreno neutral y el público africano seguro se volcará a favor de una selección del hemisferio Sur (sin olvidar las condiciones sociopolíticas que vive Sudáfrica, poca dada a aupar a una selección europea).

Es un Mundial que huele a campeón americano. Desde el Mundial de Chile 62, Europa y América se turnan en los campeonatos. Si no vemos a Brasil levantando el trofeo en Johannesburgo, entonces cuenten a una nueva selección en el club de los tricampeones.

Actualizado: un factor que no había considerado previamente es el clima. Por situarse Sudáfrica en el hemisferio sur,  los meses de junio y julio corresponden al invierno. El frío y la humedad hará a los equipos europeos sentirse en su clima natural, en particular a las grandes selecciones del norte (Inglaterra y Alemania). Si me piden probabilidades de ganar el Mundial, acá van según las visualizo a menos de un mes del pitazo inicial (ajenas al cuadro anterior):

  1. Brasil (6-10)
  2. España (6-10)
  3. Alemania (5-10)
  4. Inglaterra (5-10)
  5. Países Bajos (4-10)
  6. Argentina (4-10).
  7. Italia (3-10).
  8. Francia (2-10).
  9. Camerún (1-10)
  10. Costa de Marfil (1-10).

Entre las diez selecciones anteriores debería estar el nuevo campeón del mundo.

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Las camisetas de fútbol

Escrito por en Deporte, Misantropías

Aficionados

Se acerca el Mundial y con él empezarán a brotar los «aficionados» que creen que el fútbol es un deporte que se juega cada cuatro años o que Messi es jugador de la selección de España.

Los mismos aficionados que se pondrán una camiseta de España, Italia o  Brasil o de cualquier otro equipo de los populares para ir a celebrar los triunfos en Las Mercedes, cuando la mayoría de ellos perdió más antepasados luchando del lado de Guaicaipuro que de Juan Rodríguez Suárez, o que ni siquiera tiene idea de quién fue Garibaldi ni que Brasil tuvo una monarquía propia.

Somos un país de modas y el fútbol, como deporte comercializado, no escapa a ello. Es más: el fútbol-mercado necesita fanaticada que compre camisetas. Y si tomamos en cuenta que al Mundial sólo van 32 naciones de las 208 inscritas en la FIFA, el mercado es mucho mayor en los países cuyas selecciones no irán a la cita de Sudáfrica.

Soy amante confeso del fútbol. Es uno de los pocos deportes que me atrae (junto al rugby y en menor medida el fútbol americano y el tenis, todos deportes de gran esfuerzo mental, aunque a simple vista no lo parezcan). Disfruto como pocas cosas un buen partido de fútbol y me emociona ver a determinados equipos y jugadores y dejo a un lado mi parquedad habitual cuando de hablar de fútbol se refiere. Particularmente, me gustaría que el Mundial lo ganara Inglaterra o Países Bajos, pero de allí a usar una camiseta de estas naciones con las que no tengo vínculos sanguíneos o de generar una serie de discusiones y fanatismo que ni un hooligan seguro demuestra por la selección de la rosa, estoy muy lejos.

Cuando tengan el deseo de querer gritar apasionadamente por los colores de una nación que no es la suya ni la de sus padres o abuelos, pregúntense si en España, Italia o Brasil se ponen una camiseta de nuestra Vinotinto. Si lo hacen es porque se la compraron cuando vinieron a hacer turismo en Venezuela o porque sienten compasión por la única selección sudamericana que nunca ha ido a un mundial, desgraciadamente (y uso deliberadamente esa palabra dramática cargada con cada dolorosa derrota desde que sigo a la Vinotinto antes de que Caramelos de Cianuro le compusiera una canción). Díganme entonces si vale la pena ponerse la camiseta de otro equipo.

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