La higiene socialista

Escrito por en Estado de política, Estado social
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Sí, es tema viejo… de ayer, pero en las redes sociales la información caduca con mucha rapidez. Igual creo que vale la pena destacar algunas cosas que surgen del video.

Hace momentos hablaba sobre el tema con un amigo que salió en defensa de una chica que le gusta el modo de vida alternativo y que antes de que saliera este video ya hacía defensa del uso de toallas sanitarias artesanales.

Mi amigo se extrañaba de las reacciones de rechazo que generó el video, y me comentaba que nadie obliga a nadie a usar tales toallas. Sí, es cierto, pero el problema, le repliqué, no es el uso o no de esto. El tema tampoco es el higiénico, que bien grave es y cuyos riesgos están documentados.

El asunto es el video, el lenguaje del video y el contexto en el que surge el video. Un video que nace con la etiqueta del canal del Estado-Gobierno Vive TV, en donde vemos a unas mujeres que con poca convicción nos dan lecciones de supervivencia de cómo armar toallas sanitarias artesanales y luego usarlas como material ecológico.

Pero no nos caigamos a mentiras. El asunto acá nada tiene que ver con el medio ambiente ni con la libertad de decidir o no qué modo de vida llevar. El video es político, maneja un lenguaje político, está ideologizado y como tal merece una respuesta política.

El problema que el video trata de ocultar, bajo la adopción de un supuesto modo de vida alternativo, que cada quien es libre de elegir, es el de un país económicamente deprimido, en el que prácticamente nada se produce, en el que todo se importa y en el que ya no hay dólares ni siquiera para eso, para importar productos básicos como los de higiene, y en el que hay que ingeniárselas en esta carestía para sobrevivir.

El video cae en un lenguaje vacío, de propaganda cutre, se echa mano a eslóganes como el de la lucha contra el capitalismo salvaje y lo más probable es que ninguna de las señoras del video sepa qué es el capitalismo, de lo contrario no se prestarían a armar esta farsa que desvía la atención a todas nuestras carencias provocadas por el ineficiente sistema socialista que se busca implantar.

Lo malo es que hay gente que se come ese lenguaje, esos eslóganes y empieza a ver normal y hasta amigable el tener que dar saltos al pasado no en nombre de la naturaleza ni de la libertad de la mujer, sino para sostener un proyecto político-económico disparatado y ruinoso que en pleno siglo XXI nos pone ante la disyuntiva: civilización o barbarie.

En este video, sin pretenderlo, se resume la política económica de la revolución bolivariana:

No producimos nada, ya no podemos importar casi nada, hay escasez de casi todo y por lo tanto debemos adaptarnos a la nada.

En los últimos días, se imponen confusiones con respecto al comercio de las pastillas anticonceptivas y ahora se va diluyendo en la mente de las personas que usar toallas sanitarias artesanales es necesario. ¿Es esto progreso para la mujer, libertad de elección? En un futuro, de seguir en el desastre en el que estamos, lo que hoy es una alternativa se impondrá a la fuerza como la única opción.

La inocencia peligrosa del sospechoso

Escrito por en Estado social, Personales

policía abusos vigilantes

Me acaba de ocurrir un suceso extraño. Es sábado, las calles de Chacao están vacías y yo entro a una farmacia a comprar algo de beber. Mientras pago en la caja, observo que a las afueras va formándose un corro de vigilantes privados; cualquiera creería que acaban de ubicar el escondite de un peligroso terrorista y se aprestan a su neutralizaciónpero cuál es mi sorpresa: el objetivo que apuntan soy yo.

Al salir, el vigilante viejo de la farmacia le dice al jefe de los vigilantes recién llegados, entredientes, casi que en código secretoes él, y entonces el capo de la vigilancia me impide el paso, le pregunto que qué ocurre y él me responde que acaban de robarle el celular a una chica en un restaurante de un lugar de donde no vengo y que tengo las características del delincuente: chaqueta negra (llevo chaqueta marrón) y lentes oscuros (los cuales sí llevo puestos). Una señora vigilanta se comunica por radio y dice lo hemos atrapado y me mira con cara de odio, con cara de maldito, ahora la vas a pagar por tus crímenesQuienes me conocen saben que soy un tipo que da la cara y que busca el diálogo, no la confrontación. Pero es sábado. Estoy saliendo de una farmacia de comprar una bebida. Me retienen sin pruebas. Me señalan. Y, lo peor de todo, me someten al escarnio en un lugar que frecuento, donde pasa gente que me conoce (afortunadamente, es muy temprano y no hay nadie en las calles).

Se me sale el malhumor. Le digo de mala gana que traigan a los testigos y que después (señalando uno a uno a los vigilantes, y en especial a la vigilantame tendrán que pedir disculpas. Que soy abogado y que conozco mis derechos. Al decir que soy abogado los ánimos del grupo se bajan. Lamentable forma de que otros te respeten: el que no tiene profesión está arruinado. Le digo que no tengo problemas de ir al lugar para que la testigo me reconozca, pero que solo iré si el grupo de vigilantes se dispersa y me acompaña uno solo de ellos. El jefe del grupo manda a irse a los demás, ahora es el policía bueno que dialoga conmigo, que me dice que puede ser un mal entendido pero que entienda que él cumple con su trabajo, le digo que lo comprendo. Sé que cumple con su trabajo de representar el orden.

Llego hasta cerca de la escena del crimen y entonces, entre todo el corro de vigilantes que se había dirigido de vuelta, aparece el policía malo: un vigilante-gorila que venía con el puño cerrado listo para golpearme o simular que me iba a golpear. No me inmuté. Lo miro directo a la cara. Otro vigilante lo detiene. Aparece la testigo y, tal como lo esperaba, no tarda ni cinco segundos en decir que yo no era. Disculpas llueven. Lo sentimos mucho, doctor, pero debe comprender… Vuelvo a la calma, retorno al diálogo. Aunque no me corresponde, les pido disculpas por mi actitud grosera de hace un momento, y les digo que entiendo que hacen su trabajo de vigilar e informar sobre delitos, pero que se equivocaron en las formas. Que no se detiene a un inocente en medio de una calle generalmente transitada, ni en ninguna, y se le somete al escarnio de ser culpado sin pruebas. Imagínate que en lugar de este jefe de vigilantes, medianamente sensato, me hubiese detenido el vigilante-gorila que venía con el puño cerrado. Las palabras se hubiesen perdido entre golpes de ida y vuelta. Les digo que ojalá detengan al delincuente y les pido que lo denuncien a la policía, porque el crimen prospera si nadie denuncia. También, les pido que tengan cuidado con ese vigilante-gorila. Que la falsa idea de justifica puede revertírsele al ajusticiador.

Inevitablemente, pensé en esta situación: pongamos este hecho en otro contexto y con otros actores. Es viernes por la noche, una persona va llegando a su casa, llega un grupo de policías cansados y mal pagados y lo detienen. Le dicen que sus características corresponden a las de un tipo que acaba de robar. Las cosas se salen de control, y un policía malo saca su revólver y mata al inocente. La inocencia del tipo terminará oculta entre un titular que dice: muere en un barrio de Caracas delincuente en un enfrentamiento con la policía. Alguien leerá esto y dirá: qué bueno, así van terminando con los delincuentes.

Pensé también en los linchamientos. ¿Cuántas veces hemos oído a gente celebrar este acto primitivo, bárbaro e injusto? ¿Esas personas que los justifican se han detenido a pensar que la víctima del linchamiento pudo haber sido un tipo inocente como yo que fue detenido, culpado y juzgado por otro gorila como este? En un país hipersensibilizado por la delincuencia,las normas parecen haberse vuelto una cosa innecesaria y que es mejor evadirlas para irnos de una vez a la ejecución de una falsa justicia basada en el uso de la fuerza, en la acusación sin pruebas y en la negación a la defensa. Vaya peligros los que corremos cuando estamos en el lugar equivocado y, peor aun, si nos conseguimos con los defensores de la justicia equivocados.

Antirreflexiones mientras veo anuncios en tuinmueble.com.ve

Escrito por en Antiayuda, Estado social

tuinmueble

Cada mañana abro tuinmueble.com.ve buscando alguna oferta de alquiler de apartamento o anexo en Caracas. Los anuncios que encuentro tienen precios exorbitantes o imponen condiciones discriminatorias: alquiler solo para dama de intachable reputación (?), solo para empresa reconocida, solo para embajadas. Precios impagables para un joven-profesional-de-clase-media-caraqueño como yo, pienso con fastidio. Y es que la actual legislatura sobre la materia ha encogido el mercado de alquiler generando con ello una crisis que seguro no previeron los cretinos legisladores cuando queriendo beneficiar a los inquilinos terminaron por joderlos con sus «buenas acciones».

¿Qué ha ocurrido de unos meses para acá? Pues son tantas las trabas que impone la nueva legislatura de alquiler que ha proliferado un mercado negro de la vivienda, donde el perjudicado es el que necesita un techo y alquila los pocos espacios que van quedando. Como yo: vivo en un anexo sin contrato notariado y con condiciones de monasterio: no-visitas, no-ruido, no-nada. El dueño no quiere responder ante unas leyes que no le protegen. Yo, sin más opciones por falta de ellas, acepto el conventillo. Para animarme pienso que esto es una medida temporal hasta que [inserte acá no sé qué]. Un mercado negro de la vivienda que ha llevado a otra cosa igual de curiosa: la conversión de muchas quintas de una o dos plantas en edificios precarios de hasta cuatro pisos (donde estoy) o más, ranchificando la ciudad con construcciones que no aguantarán un terremoto importante.

El scroll sigue bajando sin nada que encontrar y antirreflexiono en el apartamento decente que tuve que dejar porque los dueños (chavistas de patria-o-muerte-patria-y-viviremos-y-venceremos-patria-y-resurrección) no quisieron renovar el contrato por miedo a la ley que aprobó el mismo gobierno que ellos apoyan, un apartamento que ahora se llena de polvo, desocupado. Antirreflexiono también en unas gatas adorables que tuve que dar en adopción y en una flamante relación que pintaba para largo y que se desmoronó cuando nos quedamos sin un «espacio propio». Incluso las leyes malas interfieren en la vida de pareja. Ella no vivía conmigo, pero disfrutábamos de tener un lugar de encuentro que desapareció. La armonía que se vivía allí dio paso al distanciamiento, a los roces, a las discusiones. Le hubiese dicho para buscar un apartamento y pagarlo entre los dos (así yo tuviera que pagarlo casi todo), porque esa parece ser la única manera de poder pagar un alquiler hoy: pagando entre dos o más personas, a menos que quieras irte solo y termines dejando buena parte o todo tu salario en un alquiler. El socialismo es enemigo de los individualistas.

Pero no fue el caso, además que yo hubiera sido un tremendo egoísta de pedirle que dejara la estabilidad de vivir con sus padres en una de las mejores zonas de Caracas para irse a vivir conmigo quién sabe a dónde, para luego terminar igualmente peleando cuando apareciera la realidad de lo costoso que es la vida. No me vengan con cursilerías de autoayuda de que la vida es un constante fluir y que vivimos en la ilusión de la seguridad y que debemos arriesgarnos todo el tiempo, como me dijo una hippie a la que nunca le ha faltado techo ni dinero. Hippie pendeja. Yo en el lugar de mi chica no me hubiese ido de casa de los padres por más amor que existiese.

Imagino que a muchos jóvenes les ocurre lo mismo. Jóvenes que van llegando a los treinta y no ven posibilidad de establecerse en un piso sólo para ellos. Si hablamos de comprar un apartamento el asunto se vuelve imposible. Donde estoy pago una cifra exagerada que no se corresponde con el espacio, y menos aun con las condiciones absurdas de monasterio que mencioné antes. Como ventaja, o consuelo de despechado (porque en este país toda nuestra manera de pensar se ha ido adaptando al de una expareja despechada que trata de ver el lado bueno entre las cosas mayormente malas que está viviendo), tengo todo tipo de servicios y es una buena zona (dentro de lo que cabe decir «buena zona» en una ciudad caótica como Caracas), y por fortuna tengo los medios para costearlo.

Luego de varios años de trabajo y ausencia patológica de vacaciones (salvo un mes fuera del país hace tres años, que espero repetir pronto) tengo unos ingresos elevados en comparación con lo que gana gente de mi edad que conozco, gente que empieza con su primer trabajo, que se dedica a lo que estudió y que gana sueldo mínimo. El sueldo mínimo del venezolano vive en un universo paralelo donde todo es abundancia y felicidad; en nuestro universo quintorrepublicano no conoce de realidades, de aspiraciones juveniles, ni siquiera de amor-sexo. Si eres joven, ganas sueldo mínimo, tienes pareja y no cuentas con un «espacio propio» (como seguro es el caso de la mayoría) buena parte de lo que ganas al mes se te puede ir en una salida de noche: cine Bs. 90-170, cena Bs. 200-400, hotel Bs. 450-950, desayuno Bs. 150-200 = una noche de amor cuesta Bs. 890-1.720. Con estos precios el sexo se vuelve un lujo al alcance de unos pocos, y un lujo del que solo pueden disfrutar una vez al mes, lo cual podría explicar la amargura y la violencia del venezolano, país mal cogido.

Mientras se abre el anuncio de un anexo en El Marqués antirreflexiono en esas personas a quienes los años les van cayendo encima viviendo con los padres y que seguirán haciéndolo muchos años más, quizá hasta que mueran los padres y hereden la casa que éstos sí tuvieron opción de comprar en un viejo país que sí le daba oportunidades a los jóvenes (como decía el conocido bloguero que terminó viendo que la mejor opción para un joven profesional venezolano es largarse del país, como efectivamente él hizo con su pareja).

Mi retina refleja ahora un apartamento de una habitación en La Candelaria a Bs. 15.000 y mis ojos se inyectan en sangre. ¿La Candelaria a quince palos, pero a quién se le ocurre que La Candelaria vale eso? Esto no debería ser así. Antirreflexiono que debería haber una flexibilidad de leyes que abra el mercado de viviendas. Que fomenten que los jóvenes puedan salir de sus casas y hacerse con las riendas de sus vidas, sin tener que dilapidar todos sus ingresos en un espacio o tener que vivir en comunas. Algo mejor y no esta falta de equilibrio en las relaciones entre propietario y arrendatario.

Si me la hubiese tirado de miserable, bien podía haberme quedado en el viejo apartamento hasta que me hubiera dado la gana. La petición de dejar el apartamento me la hubiese pasado por el forro. Pero uno es de las raras avis que critica la viveza criolla como una de las responsables de que vivamos en una sociedad corrupta y por eso cumple (o pretende cumplir) con las leyes de este país. Me fui por las buenas, aunque las buenas no me quisieron acompañar.

Abro cada día tuinmueble.com.ve y también porlapuerta.com y confieso que me pasa por la mente:

Maldita sea, Álvaro, debiste tirártelas de chavista y quedarte a lo arrecho en ese apartamento.

La rara avis está en peligro de extinción. El demonio que te habla desde uno de tus hombros hace tiempo que mató al ángel que estaba en el otro lado. Pareciera que hemos llegado al punto en que la supervivencia te obliga a ser tan perverso como el sistema de perverso es. Hay algo llamado integridad, palabra que suena parecida a imbecilidad, que te dice que no, que uno debe ser la diferencia.

Sigo esperando la aparición de un anuncio extraño que ofrezca un apartamento a un precio que no implique que uno trabaje sólo para pagar un alquiler ni tener que buscarse otra persona que te quite privacidad. Hoy no hay nada interesante, en realidad ni siquiera un aviso nuevo. Cierro la página, me paso las manos por la cara y sigo con el trabajo de cada día.

Cuando Venevision se escandaliza por los tatuajes y el ser conservador del venezolano

Escrito por en Estado social

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Hay en el Noticiero Venevision una sección de salud llamada Al natural es mejor conducido por una periodista muy atractiva y joven. En esta sección se aborda una variedad de temas manejados con los puntos de vista muy conservadores de ella, o de la persona que escribe los guiones que ella lee. Supongamos que son sus ideas, para claridad de esta nota. Hoy habló de los tatuajes. En realidad, todo el segmento se lo dedicó a los riesgos que implican los tatuajes y a mostrar a quienes se los hacen como seres descerebrados y que poca atención ponen a su salud (estuvo a unas pocas palabras de llamarlos idiotas), para culminar diciendo algo que ni siquiera es una idea propia, sino la manida y reaccionaria frase: «Hacerse un tatuaje es atentar contra el cuerpo» (observación curiosa proviniendo de una chica que claramente ha pasado varias veces por el quirófano para hacerse operaciones estéticas que han alterado su cuerpo).

Cualquiera podría defender los puntos de vista conservadores alegando que «cada quien tiene sus opiniones» y que hay que respetarlas. Recientemente un precandidato a la alcaldía de El Hatillo se refirió a los homosexuales casi como enfermos mentales que podían transmitir su «desviación» si la sociedad lo permitía, y ante la avalancha de críticas que recibió se defendió diciendo que esas eran sus opiniones y pedía respeto como él respetaba las de los demás (claro, lo dice por Twitter quien terminó bloqueando a todas las personas que le criticaron, entre ellos a mí, que tan solo le critiqué que pusiera durante varias horas como privado su perfil público en ese servicio de microblogging). De ser así, tanto Hitler como el nazismo tenían opiniones.

Lo peligroso de dichos puntos de vista está en que muchas veces van con una gran carga discriminatoria. Y de la discriminación se pasa a la negación del otro en un segundo. Las conductas que ellos critican son conductas que no les afectan directamente. Por el contrario, quienes sostienen puntos de vista así actúan sintiéndose envestidos de una autoridad moral que nadie les ha dado para negarle la existencia «al otro». Para negarle los derechos que ellos gozan libremente «a los otros».

Esa frase que la periodista repitió lleva la carga de que hacerse un tatuaje atenta contra el cuerpo porque el cuerpo es sagrado, un tesoro dado por Dios y que solo le pertenece a él, y por lo tanto quien se tatúa es una persona intrínsecamente mala, porque quien se daña a sí mismo y atenta contra Dios puede fácilmente dañar a los demás. Esa es la opinión que, en un país conservador como Venezuela, se repite como una verdad incuestionable y termina estigmatizando a las personas tatuadas como gente que va encaminada, si es que ya no lo está, al mundo del crimen, de las drogas, de la perversión. (Habría que empezar a contar cuántos tatuajes tienen los políticos que alrededor del mundo han hecho tanto daño.) Allí está el peligro de opiniones aparentemente inocentes que repetidas se transforman en herramientas para despreciar al «diferente».

PS: La semana pasada se habló en esta sección sobre «la desnudez en familia». De si es bueno o malo (otra vez la lucha entre el bien y el mal) que los niños vean desnudos a sus padres cuando se bañan. Pero lo trataron de tal manera rancia que la desnudez quedó como algo pervertido, pecaminoso, profano. Tomaron la opinión en la calle de varias personas de diferentes edades y condiciones sociales y todos coincidieron en que la desnudez es un tema tabú para los niños. Podrías pensar que los productores de esta sección seleccionaron a la gente que piensa como ellos, pero no lo creo. Haz esa misma entrevista en la calle y seguro encontrarás respuestas que dejarían pendejo de Benedicto XVI. Porque el venezolano es un pueblo muy conservador.

Vivimos en tiempos supuestamente de revolución, de rebeldía, la propaganda cursi de izquierda nos ataca por todas partes, pero aún los venezolanos nos escandalizamos de ver un culo o de decir coño en televisión. De hecho, este mismo gobierno que se dice progresista y de izquierdas ha creado a Conatel, un organismo encargado de velar por el conservadurismo en la radio y la televisión (si estás pensando en ese programa que pasan al filo de la medianoche en VTV como una muestra de no-conservadurismo, es porque ya tomas como natural que llame maricones para insultar y solo te quedes con la palabra, y no con el mensaje de desprecio hacia los homosexuales, algo típico del ultraconservadurismo más abominable).

Mucho menos se habla en el país de temas que en otros países ya se toman como parte del debate legislativo: hablar del derecho de las mujeres al aborto, de los derechos para la comunidad LGBTI, de la despenalización de las drogas recreativas y de la eutanasia, entre tantas cosas, es algo que no se toca en Venezuela porque los legisladores saben que eso va en contra del «ser venezolano», ya sea que éste se identifique con la izquierda o con la derecha: en el fondo todos son conservadores y muy religiosos.

Incluso el tema se complica cuando desde el mismo Gobierno central se promueve una sociedad regida con un carácter místico-religioso que de seguir así nos llevará al nivel de otro de los aliados imposibles de un gobierno progresista: la república teocrática de Irán.

Desde la guerrilla comunicacional se vende la imagen artificial que en Venezuela se está haciendo la revolución para afuera pero son otros los países que vienen a dictarnos cátedra en el progreso de los derechos individuales, como la pequeña Uruguay (con su presidente amigo del nuestro, o del que teníamos o tenemos, ya no lo sabemos) o el supuestamente conservador Estados Unidos. No me hablen entonces en vano de progresismo, porque quienes dicen promoverlo son los mismos que luego se unen en oración por la salud de un militar.

Medidas paranoicas para una ciudad violenta

Escrito por en Estado de política, Estado social

Caracas enrejada

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Rejas para la libertad

Arnaldo Contreras, profesional solvente (puede que sea arquitecto, abogado o médico, esto es tan irrelevante como lo es su verdadero nombre), buen padre de familia, dirigente vecinal comprometido y superviviente ─según sus propias palabras─ de la clase media caraqueña, abraza a su esposa mientras observa satisfecho la más nueva obra de su mandato: una reja que cierra por completo la urbanización en la que tanto él como yo vivimos. No consultaron mi opinión. Lo acompañan la directiva vecinal que, encerrada en un claustro, determinó que dicha reja que nos separaría de una parte peligrosa de la ciudad era la salvación para prevenir posibles robos en esta zona del sureste caraqueño.

La llave para abrir la puerta de la reja la tiene él y solo él le daría copias a los vecinos solventes; yo vivo en un anexo, mi casero no ha pagado y por eso soy uno más de la decena de vecinos que tenemos que esperar fuera de la urbanización a que alguien con la llave llegue y nos abra la reja para dirigirnos hacia nuestros hogares. Pasaron dos semanas hasta que una vecina me vendió una copia, y en ese lapso robaron a dos personas que esperaban entrar. Una de ellas fue una señora que intentó correr pero como la reja lo cierra todo no tuvo opción y fue arrastrada una cuadra por el motorizado que no logró arrancarle la cartera. Otro día un anciano infartado que vive solo logró llamar a una ambulancia que no logró entrar a la urbanización sino treinta minutos después.

Las quejas empiezan a aflorar entre algunos vecinos. Arnaldo Contreras se hace la vista gorda y culpa a los propietarios morosos y en especial a los arrendatarios como yo, a los que señala de ser casi como una quinta columna del castrocomunismo, de querer expropiar las casas de nuestros arrendadores y establecer ranchos verticales en cooperación con los cubanos del CDI enclavado en esta urbanización. Cual estado de sitio, la junta de vecinos encabezada por Contreras establece una serie de normas de convivencia que van desde animar a no establecer más alquileres hasta que solo vivan aquí «gente de la zona» ─vaya a saber si con esto se alienta la endogamia─, pasando por establecer una red de informantes de situaciones irregulares y por enrejar las canchas deportivas para que no vengan extraños a jugar aquí. O están con él o están contra él. El miedo empieza a notarse en esta pequeña isla de clase media. La libertad individual no puede estar por encima de la seguridad colectiva, dice Contreras. Pero incluso, si lo ven desde su punto de vista, agrega, las rejas son libertad. Libertad de vivir en paz dentro de una urbanización blindada.

Llega a la conclusión de que las rejas no son suficientes, de que hay que instalar una garita y poner en cada esquina una cámara de seguridad que grabe cada paso que damos los vecinos.

 

2

La garita del amor

 

Una tarde, al llegar del trabajo, consigo a Arnaldo Contreras dando órdenes a unos chamos sin camisa y con la piel curtida por el sol. Construyen lo que será la garita. Le piden descansar unos minutos porque llevan trabajando desde antes del mediodía y están reventados. Arnaldo Contreras les dice que no, que dejen la flojera, que los contrató por unos pocos días y que no pueden desperdiciar el tiempo, que para eso les pagó. Se retira a su camioneta y las miradas de odio de los chamos persiguen el rastro de humo que deja a su paso Contreras.

Al cabo de una semana está en funcionamiento la garita. Son dos los guajiros en trajes de vigilante excesivamente grandes los que se pavonean controlando día y noche a los peatones y autos que entran y salen. Cortan el tráfico, forman una enorme cola en la única entrada habilitada de la urbanización y que tranca toda la avenida hasta dos cuadras más allá. Arnaldo Contreras suele visitar por sorpresa a los guajiros para controlar que están trabajando. Al retirarse el Doctor, como le dicen los guajiros con una indeterminada muestra de sorna o respeto, se ponen a oír en la radio el juego de beisbol mientras comen canillas con mortadela y queso untadas de salsa rosada y que acompañan con malta o colita. Tienen un monitor donde observan lo que registran todas las cámaras de la urbanización y ven incluso a las parejas jóvenes besándose en los carros aparcados. Este es el mayor disfrute para una actividad que la mayor parte del tiempo es aburrida. Se ríen, dicen que esa es la garita del amor.

El escándalo estalla días después en grandes titulares: Noticias24 informa del secuestro de un vecino de la urbanización. Un taxi entró tranquilamente, esperó a que llegara su víctima y luego a punta de pistola lo metió en la maletera y se lo llevó para soltarlo una semana después en Parque Caiza. Pagaron millones, me cuenta mi casero. Pero en realidad sabe poco, dice que es una familia de comerciantes que con esto se decidió a emigrar de vuelta a Italia. No se calan más la violencia del país y prefieren pasar roncha en la tierra de donde vinieron.

El líder vecinal explota en ira, despide a los guajiros y los sustituye por otros dos guajiros. Organiza una junta de propietarios con carácter de urgencia. El miedo de los vecinos se transforma en pánico. Hay vecinos que le acusan de no tomar medidas con-tun-den-tes contra el crimen. Hay otros, los pocos, que dicen que las decisiones de Contreras han ido más allá y que solo han contribuido a generar un miedo que ha llevado a que los ciudadanos renuncien a espacios que han sido ocupados por los malandros, que se comportan como tiburones que al ver la sangre corren con más ferocidad hacia sus presas. Señalan que cuando antes no había rejas y la gente no andaba con tanto miedo no se veían crímenes tan violentos. Los vecinos miedosos son precisamente la mayoría, se sienten atacados por este grupo minoritario que va en contra de sus valores y principios, los acusan de laxos y colaboracionistas con la delincuencia y luego los expulsan a gritos de la reunión. En el calor de la reunión alguien grita consignas a favor de la pena capital.

Arnaldo Contreras luce dubitativo, alega que corren tiempos violentos, y que se requieren medidas más drásticas, que únicamente la mano dura es la solución. Entre sus nuevas medidas inmediatas están dos: la primera, organizar una patrulla de vecinos (que desarticularía al poco tiempo al enterarse de que abusaban de su poder) y la segunda, obligar a los propietarios de los vehículos de la urbanización a pegarles una calcomanía de identificación ─así que cuando usted vea, amigo lector de Planeta en fuego, un auto con una espantosa calcomanía de un trébol en el parabrisas, sepa que se trata de un vecino mío.

Semanas después una chica que sale a trotar todas las mañanas encuentra amordazados a los nuevos vigilantes dentro de la garita y cuando se dispone a gritar auxilio escucha la característica voz pastosa: «Quédate quieta, mirreina». Glock calibre 40 en la frente para paralizarle el sudor del ejercicio. No muy lejos están las canchas deportivas abandonadas. El resto de la narración la completan ustedes.

 

3

Un cuento de hadas: la prohibición de armas de fuego

 

Cuando la situación amenaza con estallarle en la cara a Contreras surge la noticia de que el Gobierno nacional, alegando nobles razones, decreta a nivel nacional la prohibición de porte y uso de armas de fuego para la población civil. Muchos vecinos de la urbanización salen a celebrar y ven en esta medida el principio del final de la violencia. Entre ellos no está Contreras, que no solo heredó del papá la casa en la que vive sino las destrezas en el uso de una Smith & Wesson 38 y una Browning 9 mm. Teme que esta medida solo afectará a los que, como él, hacen uso responsable de las armas de fuego.

Concreta una reunión con un vecino a quien no le tiene mucho aprecio: un Coronel de la Guardia Nacional bien enchufado con el Gobierno y que hasta hace poco era un capitán que vivía en Petare, y cuyo nombre se hizo notorio luego de que uno de sus hijos fuera arrestado por dispararle a otro chico por un lío de faldas; una dudosa condecoración más para una carrera de robos y agresiones, que el buen papá decidió curar enviando al niño a estudiar medicina en Cuba. El Coronel invita a Contreras a su enorme en casa (que está en venta), las risas de cordialidad se acompañan con tragos de Buchanan 18 años y ya pasado de copas el militar le dice que acá todo el mundo sabe que las leyes son para los pendejos y que él moverá cielo y tierra para su compadre Contreras se quede quieto con su arma. Pero que eso igual le va a costar.

Semanas después, cinco mil burócratas-gestores-corruptos de la comisión de desarme y todo un estudio móvil de VTV llegan a la urbanización de dos mil habitantes para verificar la entrega de armas. Arnaldo Contreras sonríe ante las cámaras y desde su posición de líder vecinal felicita al Gobierno nacional por la buena medida que ha implementado, mientras por dentro ríe como el buen vivo venezolano que es.

El país entra en un cuento de hadas donde todo es felicidad, donde no hay una sola de arma de fuego e impera más la paz; pero todo cuento de hadas tienen unos seres malévolos, unos ogros aquí se llaman «malandros», que no respetan las leyes ni la convivencia en la comarca y que se parten de la risa con las leyes de buena fe. Mientras los buenos del cuento abandonan las armas, por inercia se repotencia el mercado negro de las armas y los malandros, que no respetan leyes, se adueñan de un nuevo y más peligroso armamento.

El crimen persiste y los hombres buenos y las mujeres buenas que antes tenían cómo defenderse ahora no tienen cómo hacerlo.

Pero supongamos ahora que el cuento de hadas tiene un final feliz: aparece deus ex machina un mago con una barba blanca y lanza un conjuro que hace que todas las armas de fuego se vuelvan polvo. Desaparece el medio para cometer el delito pero el delincuente conseguirá nuevos medios para delinquir. Ya no cometerá sus crímenes con armas de fuego sino con cuchillos, y si se crea una ley en contra de los cuchillos buscará delinquir con piedras y garrotes. Las leyes inútiles son aquellas que nadie observa porque no van dirigidas a la raíz del problema. La violencia no se controla tan solo con leyes que la prohíban. «No matarás» existe desde tiempos bíblicos, pero aun así la humanidad ha pasado por guerras y las seguirá viviendo.

 

4

¡Qué viva la violencia!

 

El mandato de Arnaldo Contreras va llegando a su fin. Ha envejecido mucho en todo este tiempo relativamente corto. Su mandato será recordado por haber creado una urbanización paranoica y que ha renunciado a sus espacios, que con el miedo ha claudicado ante una violencia cada vez más poderosa, que vive enrejada mientras afuera los malandros campean a sus anchas, atracando a todos por igual, sin distinción de clases sociales, sin importar si viven en urbanizaciones cerradas o en barrios abiertos. Mira a su esposa sentada en una silla del jardín y ella le dice, apesadumbrada, que se siente en una cárcel. En una cárcel sin haber cometido ningún delito. Le dice que antes se sentaba allí mismo a leer en su Kindle, pero que ahora le da terror incluso asomarse a la ventana. Todo su nivel de vida ha sido modificado por el patrón del miedo a una violencia que parece no tener fin, por más leyes represivas que se han creado para combatirla.

Mientras le cuenta eso a su marido, el turno de la lotería maldita de la delincuencia le toca a ellos: se para frente a la casa una combi y de ella bajan dos chamos que ni siquiera se molestan en cubrirse el rostro: son los dos chicos que construyeron la garita. Vienen a saldar cuentas con el patrón. En las miradas de ambos brilla el rencor y el odio hacia Contreras. El hombre que los hizo sentirse explotados para que levantaran una reja para alejar a personas como ellos del mundo de Contreras. No llevan armas de fuego, pero sí traen grandes cantidades de resentimiento y les dicen que suban a la combi. Arnaldo hace caso y sube con su esposa. La combi la conduce uno de los guajiros que despidió Contreras.

La esposa de Arnaldo llora, desconsolada. Quiero imaginar que él le pide perdón. Que le pide perdón por todo lo que él hizo para mantenerlos con la ilusión de seguridad en su burbuja social y evadir así que el tema de la violencia va más allá de reprimir o de medidas cortoplacistas como prohibiciones de armas de fuego o videojuegos. Que le pide perdón por haber cambiado los hábitos de vida de toda la urbanización, por coartarnos la libertad, por naturalizar la violencia con nuestro miedo y paranoia. Pero no creo que lo haga. Seguro respira hondo y consuela a su esposa diciéndole al oído que no se preocupe, que en cuanto le pidan contactar a alguien llamará a su amigo el Coronel para que le ayude en esto. Que seguro son liberados pronto cuando sepan que es amigo de un pez gordo de la Revolución. Que una vez que salga de esto él mismo se encargará de conseguir otros malandros para que les caigan a tiros a estos malandros. Y si por casualidad uno de estos malandros lo tratan de extorsionar con denunciarlo, entonces llamará a otros malandros, y así hasta el cansancio, porque la violencia se nutre de sí misma, y cuando se intenta acabarla se busca combustible para apagar el fuego.

¡Viva la violencia, larga vida a la violencia!

No supimos más de Contreras. Pero el miedo persiste. Y la violencia, otra vez, nos ganó la partida.