Cosas que los nietos deberían saber – Mark Oliver Everett

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Si como lector me pidieran que extrajera una frase que defina la autobiografía Cosas que los nietos deberían saber de Mark Oliver Everett elegiría una que no es precisamente «suya», sino de su introvertido padre, Hugh Everett III, quien pocos días antes de morir a los 51 años de edad le comentó a un colega que «había vivido bien y que estaba satisfecho». Una frase que marca la paradójica presencia de la muerte que recorre un libro que en ocasiones pareciera la sección de obituarios de un periódico: desde la muerte inesperada de su padre, la agonía de su madre y el suicidio de su hermana, la muerte de una prima en los atentados del 11 de septiembre de 2001, la de varios colegas de la industria musical, la lista de decesos es larga pero, a pesar de todo ello, el libro es todo lo contrario que sombrío: como lo diría en más de una ocasión Mr. E, la muerte que le ha dejado solo en este mundo le ha servido para comprender las oportunidades de no solo vivir, sino de disfrutar la vida como lo que es en toda su simpleza: un riesgo constante. Y es ese desconocimiento absoluto de lo que nos espera el mañana lo emocionante de estar aquí, de saber que la continua impertinencia nos coloca frente a celebraciones insospechadas donde otras personas solo podrían ver tragedias. Un libro de gran valor por su sencillez y una buena lectura en tiempos en los que en muchas ocasiones nos acecha la incógnita que nos paraliza.

Novela A la cara de Christa Faust

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La chica de la foto es Christa Faust y es la autora de A la cara (Money Shot), la novela que hoy terminé de leer y que me dejó con la sensación de ¿acá termina todo? No es malo si tomas el libro como un entretenimiento un poco más elevado que el cine. Si te da flojera leer, sintoniza alguna película de medianoche de Multipremier o AXN y encontrarás los tiros, las venganzas, los muertos y los bares de alterne que aparecen en las 247 páginas de esta edición de Puntocero. No con ello digo que sea una novela prescindible. Si te gusta escribir, encontrarás en A la cara ingeniosas formas de narrar y de mantener tenso el hilo narrativo. Por eso creo que cuando llega el final quedas sorprendido y no te sientes completamente satisfecho, porque, a pesar que la ley se impone ante la toma de la justicia por sus propias manos, y esto sea moralmente aceptable, como lector ya había entregado mi aprobación hacia toda la serie de delitos por honor cometidos por la protagonista, una exactriz porno, que esperabas seguir siendo su cómplice en un escape mucho más arriesgado que todo lo que hizo esta chica. Lean el libro e involúcrense con la protagonista Angel Dare. El porno también es interesante, aunque no haya sexo de por medio.
Christa Faust

Pim Pam Pum, Alejandro Rebolledo

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La primera vez que oí hablar de la novela Pim Pam Pum de Alejandro Rebolledo fue en la 92.9 FM. La década de los noventa terminaba y si vivías en Caracas tenías que sintonizar esta radio. Era su época dorada, cuando organizaba las octavitas en el Poliedro y tenía los mejores programas de radio. Uno de ellos era Rockadencia, conducido entonces por Guillermo Zambrano, Gofedeco y en ocasiones soporíferas por Andrés Kerese. También era la época en que Adriana Lozana era directora de Urbe y anunciaba la primera novela de la editorial: Pin Pan Pun (en aquel momento con N). Como buen adolescente perdido en el mundo quedé fascinado con las reseñas de esa novela que hacían por la 92.9 FM y que rápidamente se convirtió en un escurridizo objeto de culto (que, lamentablemente, nunca llegué a conseguir). Recuerdo la aparición de su autor en Rockadencia: una vez por semana invitaban a una persona para que recomendara libros (¿recuerdan la presentación de ese segmento que comenzaba con un «Si El viejo y el mar te sacó escamas en el escroto»? Por allí pasaron Carlos Zerpa, Enrique Enríquez, Roberto Echeto, ¿alguien recuerda el nombre de aquella chica que hacía tan buenas recomendaciones, y que era amiga de los tipos de Iguanas de trapo?), y me llamó la atención esta perla que soltó Rebolledo, que ahora recuerdo vagamente: «Leer no te hace más inteligente». Los años pasaron, uno creció y se resignó a no encontrar nunca esa novela que llegó a ser finalista del premio Rómulo Gallegos. Hasta que me enteré de que la gente de Ediciones Puntocero la está reeditando. El próximo jueves 21 de octubre será presentada en la Feria del Libro de Baruta. Algo de los noventa regresa estos días. Y vale la pena volver.

Dejar la peluca, Carlos Ávila

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En el correo me invitaban a leer un cuento acerca de Cayayo Troconis. Pensé, antes de pinchar en el vínculo del cuento en Prodavinci, en lo difícil que debe ser contar, en la extensión siempre rigurosamente breve de un cuento, la vida de un personaje fundamental en dos décadas del rock venezolano. La impresión de inexactitud previa a la lectura se fue diluyendo al comenzar un cuento que, aunque trata de Cayayo, no es estrictamente de Cayayo: es un cuento de fanáticos para fanáticos. Del fanático que persigue recopilar los elementos de la vida del músico que marcó el destino de muchos que pararon haciendo música o escribiendo en blogs como este. La figura de Cayayo se convierte en la clave para entenderse a sí mismo. El cuento se titula Dejar la peluca, de Carlos Ávila, y para leerlo sólo tienes que hacer clic acá.

Zurda Konducta: izquierda para llevar

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Recientemente, el canal del Estado estrenó un programa que sólo puede pasar por farsa: Zurda Konducta, programa encabezado por unos tipos con actitud pretendidamente rebelde e iconoclasta cuyo mensaje sin embargo consiste en apegarse ciegamente, como buenos soldaditos, a la causa militarista. El programa es una mezcla de actitud punk pro-sistema, underground financiado por las arcas del Estado, izquierda prêt-à-porter y estética subversiva cool. Sergio M. publica en panfletonegro un post sobre el programa y suelta verdades más contundentes que las armas que glorifican el actual Gobierno: «Los cinco conductores se jactaban de sus carencias y hacían alarde de ellas como niños arrogantes del estado, guapos y apoyados por los fusiles, las bayonetas, las milicias y las chequeras del gobierno» o «Zurda Konducta” son el mejor ejemplo viviente del triste arquetipo del “periodista tarifado”, pagado para disparar primero y averiguar después, bajo el amparo y la sombra del poder de turno». El artículo completo acá.

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