Lecturas sugeridas » Hay nueva categoría en Planeta en fuego: Lecturas sugeridas, en la que se colocarán vínculos a páginas Webs, blogs o twitts destacados por algún motivo seguramente muy subjetivo. Comenzamos con un enlace a una entrevista publicada en uno de los pocos blogs que enlazan sin temor hacia este blog (lo cual no implica que lo hayamos seleccionado por intereses oscuros de preferencia, aunque tampoco está mal que lo piensen): La expulsión del paraíso. No agrego más y lean esta entrevista (y opinen aquí o allá, ustedes tienen el control). (0)

Desde hace algún tiempo está rodando un correo electrónico apócrifo según el cual ya fue aprobada en primera discusión una Ley de bancos que establecía 1) el aporte obligatorio de los ahorristas a las misiones, 2) la congelación de las cuentas con sumas superiores a los Bs. 10.000, 3) un impuesto bancario, 4) la ayuda anual a comunidades cubanas y 5) la creación del Banco Socialista de Venezuela a partir de Banesco. Aunque ya ha sido desmentido en varios blogs, no está de más volver a desmentirlo porque hay personas que lo siguen tomando como real. Es falso por varias razones: 1) No tiene fuente. 2) Dicha ley no tiene publicidad: todo proyecto de Ley que entre a la Asamblea Nacional debe ser discutido primariamente por comisiones especializadas y luego, cuando pasa esa barrera, entra a una primera discusión en la que participan todos los diputados (oficialistas y no-oficialistas), y en este caso es imposible que no despierte la alarma de los diputados no-oficialistas ni el escándalo de los medios de comunicación. 3) Persiste la campaña de descrédito contra Banesco: esto, en lugar de perjudicar a las instituciones del Estado, perjudica a los ahorristas privados que se ven en una situación de angustia y necesidad por retirar sus capitales y, por último, 4) ¿Qué diablos tiene que ver CADIVI? El creador de este rumor, a parte de mentiroso aficionado, ignora las funciones de esa terrible institución burocrática: su objetivo es controlar las divisas extranjeras. (3)

Casi me ataca una rata. Después de dos días sin salir del apartamento se había acumulado una bolsa gigante de desperdicios que fui a botar por el bajante. En cuanto abro la puerta del cuarto de la basura oigo unos ruidos extraños, dejo caer la bolsa y sobre el cajetín de electricidad veo arrinconada, temblorosa y con sus ojitos brillantes, a una pequeña rata. Supongo que ciertos animales nos temen más de lo que nosotros les tememos a ellos. Quizá la rata en realidad nunca pensó en atacarme pero yo ya me veía tirado en el piso, lleno de mordiscos y convulsionando preso de la rabia o la peste bubónica. Pero no quería averiguar y dejé la bolsa en la puerta del cuarto de basura y me largué. La primera vez que vi una rata yo tendría como cinco años y fue en el estacionamiento de este mismo edificio al que me trasladaría muchos años después. Salía del ascensor junto con mi papá cuando frente a nosotros pasó una mancha negra bajo los pies de un hombre que dio un brinco olímpico. Mi papá me dijo que eso era una rata. Y desde entonces no me gustan las ratas. (0)

Biblioteca y miedo

Escrito por Álvaro Rafael en Anticuarios, Estado de política, Estado social, Relatos

Tratado Bright de Medicina Alternativa

…encontré en el closet una caja de libros donde estaba el Tratado Bright de Medicina Alternativa (…) una sección dedicada al estudio de las características humanas según la fisonomía del rostro. Y es aterrorizante descubrir la similitud de uno de los modelos de estudio con el presidente de la República Bolivariana [y que sus características son]: «Si la frente es muy camuda, anunciará un carácter grosero, díscolo, lascivo. (Fig. 22)» […y saber…] que esta edición fue traducida al español y publicada por primera vez en el año 1992, siete años antes de que el teniente coronel asumiera la presidencia

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Hay libros que dan miedo.

En la vieja biblioteca de la casa de mis padres abundaban libros inusuales y extraños. Mi papá trabajaba en la venta de libros y como tal tenía facilidades para adquirir colecciones enteras de enciclopedias, especialmente de historia universal y geografía, las cuales yo devoraba. Colecciones memorables era una de varios tomos en español sobre historia universal respaldada por la Encyclopædia Britannica, otra era una de El Quijote en cómic, muchas sobre ciencias naturales, un atlas sobre la vida de Rómulo Betancourt con dedicatoria de la propia mano del caudillo adeco y varias ediciones antiguas del Pequeño Larousse Ilustrado que reseñaban países que ya no existen o que hablaban con desinterés de figuras políticas que años después trastocarían el mundo. Los nombres de otras colecciones no los recuerdo ahora: con las muchas mudanzas familiares esa biblioteca fue menguando en su conjunto y sus libros empezaron a esparcirse en las nuevas pero más modestas bibliotecas de mis hermanos y mía, y uno que otro conocido de la familia que se llevó algunos libros —recuerdo una mujer que dijo, y no es broma de mal gusto, que los libros que se llevaba serían útiles para el nuevo mueble de su sala.

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Pero de cuando en cuando aparecía en la biblioteca algún libro extraño. Algún libro desechado de cierta librería o que algún invitado traía a la casa como regalo o porque ya no tenía espacio en su casa. Uno de esos libros fue un manual de magia negra. Un libro auténticamente asqueroso y morboso que contenía las más diversas fórmulas para arruinar y hasta acabar con tu enemigo. En cuanto lo vi quedé fascinado. Como nunca se supo cómo llegó a parar a la vieja biblioteca, para mí fue como una revelación. Una revelación negra y perturbadora. Como si una mano mágica hubiese dejado caer ese libro que de inmediato tomé y le eché el ojo.

Pero era un libro que, pese a sus imágenes diabólicas y la presentación de todos los miembros de la Corte Satánica (cuyos nombres traté de memorizar en arameo), causaba una risotada seguramente más diabólica aun: para cumplir el más elemental de los conjuros se requerían los ingredientes más escasos e inverosímiles del mercado (y la lista que sigue es la que recuerdo y es real): pata congelada de rinoceronte, ojos sangrantes de gallinazo, pelo de anciana en coma, uñas de cadáver, entre muchas cosas nauseabundas y grotescas. Recuerdo que el libro lo conseguí una mañana, me aterrorizó, me encantó, lo leí con avidez, se lo enseñé a mi madre y ella, en mi primer descuido, lo miró, la aterrorizó y lo lanzó por el bajante de basura para estropear lo que pudo ser mi prometedora carrera en las artes ocultas de la magia negra.

No fue el único libro que apareció —y utilizo intencionalmente el verbo aparecer— en la vieja biblioteca. El otro fue el Tratado Bright de Medicina Alternativa.

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A simple vista es un libro más de homeopatía. Un libro que pretende reunir en sus poco más de mil páginas lo básico en el manejo de la medicina alternativa y que supongo que para los cultores de este sistema de salud es el equivalente a la Biblia para los cristianos. De allí no pasa nada, si no fuese porque en una aburrida tarde remota de finales de los noventa abrí al azar el libraco y encontré una figura que puso en duda mi escepticismo natural.

Al poco tiempo me mudé, la vieja biblioteca fue desmantelada y este libro lo estimé perdido para siempre. Hace poco tiempo me mudé al que fue el nuevo apartamento de mi padre —quien, para no perder su nomadismo, se volvió a mudar— y encontré en el closet una caja de libros donde estaba el Tratado Bright de Medicina Alternativa.

Lo abrí, busqué la página y encontré una sección dedicada al estudio de las características humanas según la fisonomía del rostro (Págs. 30-31). Y es aterrorizante descubrir la similitud de uno de los modelos de estudio con el presidente de la República Bolivariana. Y más aterrorizante es ver que las características que le endilgan a su rostro encajan con la personalidad del presidente; el libro dice: «Si la frente es muy camuda, anunciará un carácter grosero, díscolo, lascivo. (Fig. 22)». Y terriblemente aterrorizante es descubrir que esta edición fue traducida al español y publicada por primera vez en el año 1992, siete años antes de que el teniente coronel asumiera la presidencia.

Hay libros que cuestionan tu escepticismo. Que te obligan a dudar de la racionalidad de la que presumes, a pensar que hay fuerzas que no podemos comprender. Y este es uno de esos libros que dan miedo.

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Richard Bright, Tratado Bright de Medicina Alternativa. Royal Editorial. 1992. Primera edición en español a partir de Bright’s Alternative Medicine Manual.

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