Daniela Jaimes-Borges

Escrito por Álvaro Rafael en Literatura

Biblioteca de Utrech

.

.

Le he dado


a estas bibliotecas


al menos tres vueltas


a sus páginas con y sin número


a su progresiva conciencia


a la finitud


de los libros.


Y al no hallar nada


he quedado suspendida
sosteniendo

sus lomos

.

.

Daniela Jaimes-Borges

_____________________

«Daniela Jaimes-Borges» poemas poesías, «Daniela Jaimes», escritora venezolana «Daniela Jaimes-Borges», poetisa venezolana, «Jaimes-Borges, Daniela», poemas autores jóvenes venezolanos

Aparentar ser ecologista está de moda entre los que actúan el papel de comprometidos y con conciencia por la sociedad y el medio ambiente. El ser ecologista está entre los primeros lugares del ranking para este tipo de personas. El otro día estaba saliendo del mercado y me conseguí a uno. Miró mis bolsas. Torció las cejas y me dijo: «¡Álvaro, estás usando bolsas de plástico! ¿Sabes lo contaminantes que son? Usa bolsas de papel, ¡pardiez!» Entonces le pregunté que cuántos árboles tienen que tumbar para crear una bolsa de papel. Mi amigo ecologista mi miró con profundo odio. Por unos momentos imaginé que mi amigo imaginó que me ahorcaba con una soga 100% de algodón. La paradoja del hombre ecológico es que es capaz de imaginar cómo matar a otro hombre cuando, al mismo tiempo, apoya la preservación de otras especies. Frunció el ceño y se marchó rojo como un tomate de la rabia. La paradoja del hombre ecológico está en que para preservar una cosa tiene que destruir otra. Conozco bien a mi amigo ecologista, y en él hay una autoculpación por el progreso humano. En sus sueños, desearía regresar a épocas primitivas. Es vegano furibundo porque no puede «dañar a un ser vivo», pero al mismo tiempo cuando comíamos juntos por su boca pasaba un holocausto vegetal: sus ensaladas eran de una frondosidad orgiástica y sin piedad. La paradoja del hombre ecológico está en que la vida misma para preservarse requiere alimentarse de otro ser vivo. (5)

El complejo ucevista de Jadna

Escrito por Álvaro Rafael en Misantropías, Relatos

Malabaritas malaspecto UCV

Digamos que la chica se llama Jadna. Sufre el complejo UCV: salió del colegio creyéndose una chica bohemia, aunque ni ella misma sabía definir lo que era esa palabra, simplemente soltaba niñerías como que ser bohemio era ser hippie y perder el tiempo entre Bellas Artes y Plaza de los Museos. Por eso mismo debía estudiar en la UCV, la universidad donde está Tierra de Nadie y estudian todos los bohemios como ella. Por eso mismo concursó en todas las pruebas internas: desde comunicación social hasta antropología. No quedó en ninguna carrera.

Se sentía más bruta de lo que realmente era, o podía ser. Juró que se tomaría un año sabático, debía intentar el año siguiente volver a ingresar a la UCV, la universidad a la que quieren entrar todos los chicos (y ya no sólo los bohemios). Así que se inscribió en un propedéutico en Las Mercedes; era el más caro de todos, pero sus padres apoyaban el deseo de su hija de ser ucevista: no sólo es una universidad gratuita, sino que su hija tenía que tener título universitario.

Jadna fue a todas las clases, hizo amigos y el día del examen final del propedéutico sacó la mejor nota. No quedó seleccionada en la UCV. Lloró, y con unos cuantos correazos encima, Jadna finalmente optó por una universidad privada y sin mucho esfuerzo quedó en la USM. Estudiaría comunicación social. El sueño de ser estudiante bohemia nunca se fue. Sólo que ahora, en una universidad de modelos y misses cabezas huecas, la cosa era más heavy. Ser bicho raro en la UCV es bastante sencillo. Ser bicho raro, tener la cabeza hueca como Jadna y estudiar en la USM ya eran atributos humanamente irrepetibles. Los semestres fueron pasando y ella prefirió no acompañarlos: repitió hasta el hartazgo y hasta el límite del crédito de las tarjetas de sus padres. Sus padres, cansados, le dieron un ultimátum: o trabajaba o terminaba en un TSU de la avenida Baralt.

Así fue como Jadna consiguió el empleo en McDonald’s de Santa Mónica. Cada tarde al llegar a su trabajo el Metrobús pasaba frente a la UCV. Los ojos se le aguaban cuando miraba a los malaspecto jugar fuchi o hacer malabares en la entrada de la universidad. Mientras preparaba las papas fritas y la cara se le llenaba de grasa pensaba en su vida ucevista: caña, rock y sexo, más nada. En cambio, estaba pudriéndose en la monotonía casi burocrática de una universidad de hijitos de papá donde ella era la más fea y la más rara y la más Jadna. Al menos quedaba el consuelo de Facebook: despotricar cada día en contra de su universidad y afiliarse a todos los grupos de estudiantes de la UCV, aunque ella fuese en cambio usemista.

Muchos años después, cuando por fin Jadna llegó al último semestre de su carrera, se enteró de que el Gobierno intervino la UCV y había eliminado las siniestras pruebas de ingreso. Los ojos de Jadna, secos de tanto llorar, dieron por primera vez en años señales de brillo. ¡Qué carajo la maldita tesis sobre el efecto de la televisión sobre la pantalla de las televisores de plasma! (total, cualquier bodrio de tesis en la USM es aprobada). Jadna, al borde de los treinta años, pateó la carrera que había sacado adelante tras años escupiendo McPollos y envidiar a los malaspecto (que seguían siendo los mismos en el mismo lugar de siempre) y se fue directo a la UCV a inscribirse en educación. Orgullosa, con una sonrisa que abarcaba todo el rostro, entró a la sala de inscripciones y con la misma mueca, pero al revés, salió cuando descubrió que ya se habían agotado los cupos. ¡Malditos! ¡Otra vez le habían robado el sueño de ser ucevista! Una niñita que había llegado de Delta Amacuro fue la que le había arrebatado el último cupo. Era la primera vez que estaba en una ciudad como Caracas. La acompañaba su mamá, quien le prometió que la llevaría a celebrar su ingreso a los estudios superiores paseándola por la bella ciudad de Caracas. Jadna escuchó esa promesa y sonrió otra vez de alegría: quizá la llevaría a comer McPollo en McDonald’s.

_____________________

estereotipos caraqueños, tribu urbana caraqueña, población estudiantil ucevista, retrato-características de bachilleres venezolanos, a qué aspira el bachiller venezolano, primera opción universitaria, estudiante ucevista, ucevistas, Universidad Central de Venezuela, frustración universitaria, Universidad Santa María facultad de Comunicación Social, estudiantes cabeza huecas, estudiantes modelos de la USM, bares cerca de la UCV, USM Caracas, USM mala fama, USM Blanca Ibáñez, quiero ser ucevista, quiero ser universitario

La sencilla cámara de celular oculta de un estudiante universitario bastó para poner al descubierto el primitivismo y el miedo que abundan en amplios sectores de la sociedad venezolana y que, en este caso, resulta terriblemente indignante porque el expositor de la intolerancia fue nada menos que un profesor universitario de Derecho, cuya tarea debería ser la difícil formación de ciudadanos. El caso del profesor Pedro Alejandro Lava Socorro revela, además, el poder de la Web 2.0: a pocas horas de subido el vídeo a Youtube, ya contaba con miles de reproducciones y el perfil en Facebook del profesor homofóbico fue eliminado. Este es un paso importante en la sociedad de hoy, que cuenta con nuevas herramientas para impulsar el cambio de la propia sociedad, abriendo a todos el poder de la crítica y de la denuncia a través de noticias inmediatas y sin filtros. » Transcripción del discurso del profesor Pedro Alejandro Lava Socorro. (51)