Reivindicación del 12 de octubre

La idea de que los europeos sólo trajeron a estas tierras desgracias y corrompieron el paraíso terrenal en el que vivían los indígenas es un mito muy europeo: el mito del buen salvaje. El mito del buen salvaje (que, a su vez, viene de la creencia judeocristiana del paraíso terrenal corrompido por Adán y Eva) plantea que los indígenas de estas tierras vivían en una sociedad utópica en la que reinaba la paz y la armonía hasta que llegaron los bárbaros (y barbados) europeos a saquear estas tierras (Galeano dixit) y a sembrarla de enfermedades.

Esta idea es de consumo sencillo, de consumo para seres fácilmente impresionables y que juegan el papel de gente comprometida. Pero es completamente falsa: en estas tierras nunca hubo tal paz: los caribes eran caníbales y arrasaron a los arawacos, los incas y los mexicas libraban guerras de conquistas en sus zonas de influencia y los mayas realizaban sacrificios humanos para satisfacer a sus dioses (pero, sobre todo, a su casta religiosa).

Las prácticas llevadas a cabo por los europeos al llegar a este continente no eran, en su época, nada infrecuentes, más bien, la brutalidad era común a todos los pueblos de la época (y sigue siendo aún en estos días). Si van a juzgarlos a ellos por todos sus actos cometidos,  se debería juzgar a toda la humanidad entera.

Con la llegada de los europeos, sobre estas tierras se estableció una nueva cultura, la americana (la blanca y protestante en el norte y la mestiza y católica en el sur), cuya búsqueda de su independencia política, económica y cultural derivó en los procesos independentistas. De esta cultura nueva, que se desarrolló en nuevas tierras, provenimos nosotros (aunque para algunos cueste admitirlo y sigan reivindicando falsamente una cultura de la que mayormente no provienen), por lo que, en efecto, y visto desde nuestra perspectiva de criollos, como tal el 12 de octubre de 1492 hubo un descubrimiento.

 

Hablemos

 

Antes de empezar a leer el siguiente artículo hágase una pregunta sencilla: ¿En qué idioma está leyendo usted esta nota? La respuesta que ya tiene en mente reafirma que usted forma parte de una cultura propia —la cultura hispanoamericana— que tiene su origen en la cultura Occidental europea. Seamos blancos, negros o mestizos, somos hispanoamericanos y pertenecemos al mundo Occidental (aunque a algunos les irrite aceptarlo).

Aunque este artículo es escrito desde la perspectiva de Venezuela, su contenido trata de abarcar nuestra cultura hispanoamericana y defenderla en una época en la que la corrección política y el avance de la izquierda militarista y radical ha puesto de moda el cuestionamiento de la hispanidad tanto en España como en Hispanoamérica, alentando un tipo de indigenismo peligroso y divisor y obligándonos a reprochar nuestra cultura sui generis a favor de una cultura ajena (la cultura prehispánica).

 

12 de Octubre: Entre el Descubrimiento de América y el antihispanismo. Una reivindicación de la hispanidad en la era de la mitificación indigenista

 

1. Demoliendo el pasado: la utilización política del odio como construcción de una nueva historiografía

 

La estatua, hasta entonces olvidada en un bulevar peligroso, es encadenada por una turbamulta que canta y baila salvajemente alrededor. No pasan de un puñado de los mismos irreductibles de siempre: jóvenes en su mayoría, deseosos de drenar el resentimiento sembrado en una figura inerte y que años atrás era el símbolo abstracto de una fecha que pasaba entre la indiferencia absoluta de muchos y la manipulación demagógica de pocos. Pero con los años, esos sectores políticos hasta entonces marginales se disfrazaron, crecieron en base al engaño y la manipulación y conquistaron el poder con un discurso que se fue desenmascarando poco a poco hasta mostrar todos sus complejos y maniqueísmo.

No se trata de la estatua quebrada de Saddam Hussein durante la invasión de Irak, ni de las estatuas retiradas de Franco en la España de hoy: el hecho ocurrió un 12 de octubre de 2004 en Venezuela; el hecho, enmarcado en un «juicio popular», culminó con el derribo de la caraqueña estatua de Cristóbal Colón y su posterior destrucción frente al Teatro Teresa Carreño, sitio de cultura donde en ese mismo momento se apologizaba el indigenismo más retorcido; era el clímax de una anticelebración que había iniciado voluntariosamente el Gobierno revolucionario semanas antes, entre declaraciones a cada cuál más descabellada, y un cambio de nombre que convirtió el 12 de octubre en «Día de la resistencia indígena».

 

2. Día de la resistencia indígena: falsificando la historia

 

El Gobierno venezolano ordenó el cambio de nombre del 12 de octubre a Día de la resistencia indígena. Con todo el uso de la fuerza de la propaganda, el Gobierno revolucionario ha proyectado fuera de las fronteras la imagen de redimir la cultura indígena agredida salvajemente por los conquistadores europeos. Una propaganda muy bien recibida principalmente por los grandes medios de izquierda de los países conquistadores (red Voltaire, Le Monde diplomatique), quienes apoyan en los llamados «países tercermundistas» a políticos populistas y carismáticos que ellos jamás elegirían para sus propios países. Pero lo que no conviene para la causa, lo que no será televisado ni escrito, es que se sepa que irónicamente los descendientes de los indígenas ahora llevan una vida de indigentes por las calles de Caracas, resistiendo la vida, ante el pavoroso desinterés gubernamental, ese mismo desinterés que lleva al mismo gobierno a hacer mutis ante la destrucción de su patrimonio cultural.

Pero en su revisión maniqueísta de la historia el Gobierno revolucionario se colocó del lado equivocado: ya que no podemos precisamente nosotros conmemorar una supuesta resistencia indígena porque todos nosotros y hasta nuestro Gobierno (por malo que sea) no es indígena: es criollo. Además, no hubo como tal una resistencia porque finalmente se impuso el modelo europeo de sociedad que persiste hasta el día de hoy, con sus matices, en las tierras que vinieron a llamarse América.

El día en que los países de América (y particularmente Venezuela) cambien nuestro idioma español por dialectos indígenas, y en que nuestra sociedad como tal adopte las costumbres precolombinas, entonces será el día en que la resistencia indígena habrá valido la pena. Entonces, ya leeré en la nueva historia escrita por la resistencia cómo el hombre blanco cruzó los mares para traernos el dolor y la miseria a estas tierras de gracia.

 

3. La Destrucción de las Indias: del mito del paraíso terrenal a la corrupción europea

 

Mucho se insiste en la figura de unos conquistadores despreciables que llegaron de aborrecibles tierras lejanas para saquear e imponer religiones y sembrar a su paso la destrucción y la miseria en unas tierras de gracia (sin embargo, se omite deliberadamente que esos mismos «saqueadores» provinieron de un continente que había ayudado al desarrollo de la humanidad, que se quedaron acá y fundaron ciudades [Ciudad de México, Lima] que florecieron a la par de las grandes ciudades europeas, construyeron universidades [Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, 1551] y con los años independizaron a nuestros países). Es el tema de la destrucción del paraíso terrenal por parte de los europeos.

La creencia de que los pueblos prehispánicos vivían en un paraíso terrenal corrompido por los europeos proviene de la propia cultura europea y del mito del Buen salvaje. La idea del Buen salvaje era una manera con la que los europeos empezaron a culparse ante la posibilidad de haber «corrompido el paraíso terrenal encontrado en el Nuevo Mundo, habitado por seres ingenuos y nobles» (otra idea, la del paraíso terrenal, proveniente de la tradición judeocristiana que llegó con los europeos).

Pues nada más falso que eso: antes de la llegada europea ya en estas tierras había guerras de conquista, enfermedades, formas de colonización, crueldad, codicia, maldad (véanse Guerras floridas). La maldad y la violencia es inherente al ser humano, y las culturas precolombinas no estuvieron exentas de ellas: los incas conquistaron pueblos vecinos, los aztecas traficaban con esclavos, los caribes practicaban el canibalismo y los mayas hacían orgías de sangre buscando el favor de sus dioses (cuando en realidad era la manera para mantener el poder de una casta religiosa). Entonces, nada más alejado de esa utopía de pueblos pacíficos y dóciles que vivían en una tierra de paz y armonía que fue corrompida.

 

4. La responsabilidad histórica de América: noción de la pobreza y el subdesarrollo actual como resultado de la «conquista» de América

 

Del mito del paraíso terrenal se pasó al sentimiento de culpa de los «conquistadores» por corromper esta tierra de gracia, y ese sentimiento de culpa pasaría luego a convertirse en una responsabilidad histórica asumida por muchos que creen que nuestra pobreza y subdesarrollo es producto de la corrupción inicial, de la «conquista» y el «saqueo» (Las venas abiertas de América Latina), entendiéndose que «nuestra pobreza es la forma de expiar las culpas ancestrales», de la misma manera como en el cristianismo se afirma que el sufrimiento de los hombres es culpa del pecado original.

En realidad, esto no es más que un pretexto para ocultar nuestros propios fracasos como naciones: diciendo que somos «producto» de la explotación, de la corrupción, de haber sido invadidos por unos expoliadores e incultos, tomamos un papel de casi víctimas del destino y así evitamos asumir que la corrupción y la responsabilidad de nuestras desgracias vinieron mucho después y que nosotros mismos tenemos la culpa.

Porque la culpa la tenemos nosotros mismos, ya que el verdadero origen de la pobreza y el subdesarrollo latinoamericano no está en la influencia europea, sino en los numerosos caudillos que hemos provocado (Pérez Jiménez, Pinochet) o hemos padecido (Perón, Velasco Alvarado), muchos de los cuales han reivindicado nuestro «glorioso pasado indígena». Son realmente estos malos gobernantes quienes han corrompido a nuestras sociedades con males mayúsculos como el militarismo y el caudillismo.

¿Por qué Estados Unidos y Canadá son las naciones históricamente más prósperas de nuestro continente? ¿Por qué explotaron a sus vecinos? En efecto, la doctrina Monroe y el corolario Roosevelt son reales, pero el éxito de esas naciones no se debe a la expoliación sino a que supieron contener el militarismo y el caudillismo. Nosotros, en cambio, no. La noción autoritaria de hacer la política en América Latina contribuyó al fracaso de nuestras naciones y así, en lugar de asumir nuestros errores, preferimos culpar a los «imperialistas» (llámense «conquistadores» o Estados Unidos, pero siempre tendremos a alguien a quien verter nuestros errores).

Hoy en día, veamos un avance de los «buenos» de la historia, de los descendientes y justicieros de los pueblos corrompidos, y se trata de aceptar la idea de que el 12 de octubre fue el inicio de siglos de miseria que hoy en día vienen a reparar los gobiernos de la nueva izquierda.

 

5. Descubrimiento y nacimiento de América: reivindicando nuestra cultura

 

Los términos resistencia indígena o destrucción de la cultura prehispánica denotan un reproche mismo a nuestra cultura y un enaltecimiento a sociedades falsamente idealizadas.

El 12 de octubre de 1492, una fecha que ahora es popularmente desfigurada, merece ser reivindicado ante la mentira y la infamia, principales herramientas de todo gobierno demagógico. He aquí, pues, cuando debemos plantearnos la importancia que tiene para nosotros, los hispanoamericanos, esta fecha por tanto tiempo olvidada o difamada.

Una fecha que tanto escozor provoca al punto de contar con diversos nombres, muchos de los cuales son meros ejercicios de hipocresía. Pero ¿por qué escarbar entre los más ridículos eufemismos para no llamar las cosas por su nombre? ¿Por qué escandalizarse por llamar al descubrimiento de américa eso, descubrimiento?

Pues ese hecho ocurrido el 12 de octubre de 1492 —que tanto sonroja a algunos hasta el grado de querer borrar esta fecha de la historia— significó la entrada, a estas tierras, del mundo Occidental y cristiano, y, se quiera aceptar o no, la implantación de todo un modelo social, religioso, político y económico sobre otro. ¿Por qué engañarnos a nosotros mismos ocultando que nuestra actual cultura y nuestros valores provienen mayoritariamente de quienes descubrieron estas tierras y formaron e impusieron una cultura sobre un nuevo continente?

Porque cuando hablamos de Descubrimiento de América han tratado de manipularnos diciéndonos que no pudo haber tal descubrimiento en un territorio ya habitado, ocultando la importancia del tema en un hecho territorial cuando en realidad va mucho más allá: fue el génesis de nuestra cultura actual, hija de la europea, que habría de fructificar con las revoluciones criollas que no buscaron el retroceso hacia lo indígena sino, con sus fallas, la continuación y perfección de los valores de origen occidental (con fallas, como supra el tema de los caudillos). Una cultura de marcado origen europeo (y, particularmente, hispánico) que conservó su idioma, su religión, sus costumbres, para levantar de la nada nuestros actuales Estados que nada le deben al elemento indígena.

Una cultura nuestra que hoy una revolución se empeña ridículamente en destruir. ¿Qué busca el actual gobierno cuando le concede las herramientas legales necesarias a quienes no se sienten venezolanos ni hispanoamericanos para que desarrollen una autonomía que inexorablemente les llevará a cuestionar su permanencia dentro del propio Estado? Este indigenismo que hoy fomenta el gobierno revolucionario es enemigo de la venezolanidad y de todo aquello que sea hispanoamericano (tan peligroso es que vastos sectores de la izquierda radical buscan su apoyo claramente destructivo para demoler las instituciones a las que no pueden llegar con la razón). No es más que otra muestra de la ambigüedad y manipulación de esta revolución.

 

6. La moda de la «reparación de daños» salpica a los «conquistadores» y a «conquistados»: hacia la autocondena

 

Viendo todo esto, no se puede menos que encontrar muchas similitudes con las herramientas similares que el tragicómico gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, en España, ha dado a los soberanistas catalanes, gallegos y vascos. Tales condiciones no harán más que terminar desmembrando a España en medio de un batiburrillo de confusas nacionalidades.

Porque cuando el señor Rodríguez Zapatero tenga el agua en el cuello, cuando lo asfixie la realidad de ser el jefe de un gobierno sin gobernados, cuando la España que él desgobierna sea un hervidero de reivindicaciones nacionalistas cada vez más radicales, ahí lo veremos planeando con su característica torpeza el cómo y el por dónde aplica su tan cacareado diálogo de civilizaciones.

Mientras, aquí, nuestro país seguirá con su fanática marcha hacia su destrucción, y seguirá difamando aquel día en que una cultura descubrió una nueva tierra para desarrollarse, una fecha en la que se debería celebrar con todo orgullo el origen de quienes somos hoy en día. Porque si queremos responsabilizar a los hombres blancos que cruzaron los mares por sus actos cometidos, entonces también deberíamos juzgar a toda y cada una de las civilizaciones. De exigir responsabilidades por los actos humanos, todas las civilizaciones terminarían siendo duramente juzgadas, desde el principio de la humanidad hasta nuestros días.

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