Contra las marchas » Cada día leo en las redes sociales mensajes de opositores indignados que, desde sus casas, critican la pasividad de los políticos y de otros ciudadanos (y omiten la de ellos) por no llenar las calles de las principales ciudades con marchas de protesta. Ponen las marchas de Brasil y Medio Oriente como paradigma. No consideran una cosa: el objetivo de las primeras es el cambio de políticas del gobierno de Rousseff y las segundas quieren el cambio de gobierno. Es claro que los opositores no creemos que Maduro cambie sus políticas: en realidad quisiéramos que Maduro no fuese presidente. No estamos de acuerdo con el modelo de país autoritario, antiliberal, centralista y militarizado que está arraigado en el chavismo. Así que lo que proponen muchos opositores, sin decirlo o sin estar conscientes por inmadurez política, son marchas francamente insurreccionales (como las que vemos en Egipto o en otros países de la mal llamada «primavera árabe»), que buscan cambiar de gobierno por la fuerza. Y para esto, así como para un golpe de Estado, se requiere algo que no tenemos los opositores (y espero que no tengamos nunca): fuerza armada. Yo no quiero un golpe de Estado. Tampoco que los militares intervengan en la vida civil (como ahora lo hacen, apoyando la revolución chavista). Además, marchas de este tipo solo generarían un reguero de sangre y conseguirían lo que se consiguió el 11 de abril: atornillar en el poder al poder dominante. Las marchas de protesta, como se proponen y en nuestro contexto, son inútiles, peligrosas y políticamente contraproducentes. El objetivo de la oposición es seguir siendo oposición, no solo aparentarlo sino ser una buena alternativa política, seguir convenciendo a la gente (como se ha convencido en los últimos años) que el proyecto chavista es perjudicial para todos y que la única salida a este gobierno es política y no violenta, usando la razón como medio de presión contra la fuerza de las armas que sostiene este disparate. Entonces ¿para qué marchas? No hay fuerza para ello. No digo que el chavismo sea una abrumadora mayoría, que no lo es. Pero ellos han votado por este proyecto durante años, han votado conscientemente por malos gobernantes y así es la democracia, imperfecta y que obliga a aprender de los trágicos errores, porque el día que pretendamos sustituirla por una «marchocracia» o «plazocracia» estaremos garantizando años de inestabilidad política en los que ningún gobierno, ya sea chavista o no, tendrá garantías para gobernar.

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