Corrector de estilo

Corrector de estilo: ¿es realmente importante?

 

Trabajo como corrector de estilo y gramática desde el año 2002. Once años después, abrí mi propia editorial (www.grupoigneo.com). A lo largo de estos años, he revisado alrededor 300-400 textos de todo tipo: desde traducciones de libros de medicina hasta poemarios escritos por adolescentes. Diversas temáticas que convergen en un elemento en común: los errores en la escritura.

No importa el grado de instrucción del autor o del traductor de estos libros. Siempre encuentras errores. Los hay de todo tipo, desde las simples erratas hasta textos ininteligibles que provocan lanzar a la papelera. Sin contar una vez que en Grupo Ígneo recibimos el manuscrito de un médico venezolano radicado en Inglaterra que nos contactó para publicar sus memorias. Memorias que al hacer la primera comprobación de plagio (como hacemos con todos los manuscritos que recibimos) saltó a la vista que había extraído párrafos enteros de las memorias de otros autores desconocidos. ¿Qué tan aburrida podía ser su vida para robarse las memorias de otros? La historia concluyó con la cancelación de ese trabajo y el médico siendo tan caradura para negar el plagio y acusarnos de estafadores.

Lo anterior solo puede ser descubierto por alguien que maneje el «texto en bruto». Ese alguien puede ser un editor o un corrector de estilo con amplias facultades.

 

Está bien, pero ¿cuál es su importancia en la publicación de un libro?

 

Su importancia es total, a menos que no haya interés en publicar un texto de calidad. Por lo general, los autores o los traductores, incluso los creadores de contenido, no suelen ser cuidadosos con lo que están escribiendo. Pueden revisar una y otra vez un texto recién escrito con un error y no lo notarán. Esto es bastante común, sobre todo en la escritura creativa. Me suele pasar cuando escribo ficción: me enfoco en crear una situación de fondo y soy poco precavido con las formas. Creo que he escrito un texto pulcro, hasta que se lo doy a otra persona para que lo lea y entonces me lo devuelven ¡marcados de rojo!

Son varias las anécdotas de escritores famosos que escribían con errores ortográficos: desde Gabriel García Márquez hasta Ernest Hemingway, pasando por William Faulkner, todos ellos premios Nobel de Literatura. En muchos casos, los correctores de sus editoriales salían en la defensa del buen escribir. En otros casos, como el de Faulkner, hay editores que preservaban los errores para que el lector se acercara a la naturalidad de estos autores. Para ver los errores de Faulkner, sugiero que compren las ediciones de Cátedra.

En un plano más «terrenal», no hay nada más odioso que encontrar un texto corporativo mal escrito. Ejemplos sobran:

Anuncios con errores ortográficos

Si no hay interés en cuidar las formas, menos interés encontraremos en el fondo de lo que venden.

 

¿Para quiénes son útiles los correctores de estilo?

 

Cualquier texto que esté destinado a un público debe ser sometido a una evaluación por parte de un corrector de estilo: libros de ficción, libros técnicos, blogs, páginas web, tesis universitarias, páginas de consulta rápida, todos contienen textos que deben ser revisados y corregidos por un profesional con experiencia.

Si estás buscando un corrector de estilo para tu trabajo, puedes contactarme o contactarnos en Grupo Ígneo, y te brindaremos la asesoría necesaria para conseguir textos con calidad de publicación.

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