[help]Recientemente la Asamblea Nacional de Venezuela ha propuesto la modificación de la actual ley de trasplantes de órganos para instaurar el concepto de la donación presunta que nos convertiría a todos en donantes potenciales a menos que en vida hayamos manifestado nuestra oposición a serlo. Mi opinión al respecto:[/help]

 

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Hecho en Venezuela

Los argumentos a favor de esta medida se basan en aspectos emocionales a los que casi nadie puede ser indiferente: la solidaridad que debe existir entre seres humanos y la angustia de estar en una lista de espera para recibir un órgano y no morir en la espera (como, lamentablemente, suele ocurrir). Como seres humanos tenemos emociones, pero las leyes no deben basarse en la emocionalidad sino en la racionalidad, porque cuando dejamos que sean las emociones las que legislen se termina por instaurar un sistema de leyes que fluctuarán entre los altibajos emocionales de los legisladores (leyes que, con el tiempo, cuando las emociones se atemperen, no tendrán aplicación efectiva a menos que se impongan por la fuerza).

Cuando entramos al fondo del tema, empiezan a relucir aspectos preocupantes.

En primer lugar, ¿puede el Estado instaurar por ley la solidaridad y la ayuda entre los hombres? Cuando la solidaridad se decreta no es solidaridad, es obligatoriedad y cumplimiento y esto nada tiene que ver con sentimientos altruistas que busquen hacernos mejores seres humanos.

En segundo lugar, y lo que es más alarmante, es ¿podemos cederle al Estado la competencia sobre nosotros mismos? Lo preocupante, y hasta aterrador, de la donación presunta es que cada uno de nosotros naceríamos siendo propiedad del Estado a menos que decidamos «cedernos» a nosotros mismos «nuestra» propiedad.

[note]Cada uno nacería con una etiqueta de Hecho en Venezuela. Productos para ser reciclados cuando perdamos nuestra utilidad original.[/note]

 

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«El cuerpo no te pertenece,

es sagrado porque es de Dios»

Me gustan los ejemplos simples y las comparaciones efectivas: ayer, mientras almorzaba en un restaurante equis, presencié la clásica escena de la adolescente regañada por su madre que acaba de descubrir que se hizo un tatuaje.

La madre, como casi siempre pasa, le recriminaba por haberse «deformado» un cuerpo que no le pertenece ya que «es sagrado porque es de Dios».

Paradójico resulta que ahora, un gobierno que se dice de izquierdas y progresista asuma el papel de la madre ofendida porque su hija cometa un «sacrilegio» con su integridad corporal divina. Este Gobierno (desde el aparato del Estado, aunque en la realidad de hoy Gobierno-Estado son la misma cosa) será quien decida qué podemos hacer cada uno con nuestros cuerpos.

[warning]El Gobierno-Estado pasa a ser Dios: no tienes decisión sobre tu cuerpo porque este no te pertenece, le pertenece a unos burócratas militares con complejo de Dios. [/warning]

 

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Y ¿cómo preservaremos los órganos?

Vayamos a un aspecto práctico:

[note]¿Podrá el Estado venezolano preservar tanto material orgánico cuando es manifiestamente incapaz de hacer frente a su eterna crisis hospitalaria y cuando ni siquiera puede mantener la principal morgue de Caracas a donde arroja sus muertos como animales sin honor hasta que se pudran (yo he ido a la morgue, y es todo lo peor que puedas imaginar de una película de terror)?[/note]

Porque en un país donde casi nadie se preocupa por hacer testamento, por renovar la cédula o el pasaporte, por legalizar sus partidas de nacimiento, y con un Estado enmarañado en su burocracia a lo Brazil de Terry Gilliam que te complica todo trámite, nadie se ocupará en decir: «No quiero ser donante». Además, ¿cómo manifestaremos nuestra oposición de ser donantes? ¿Ante un comité que nos juzgue como pésimos seres humanos y egoístas insalvables y nos ponga infinitud de trabas?

Ya lo imagino: Venezuela se convertirá en un gran mercado de órganos, con militares decidiendo los contratos y la vida de cada uno de nosotros. Sálvese quien pueda.

 

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Todos deberíamos ser donantes

Todos deberíamos ser donantes. Yo deseo ser donante, pero no porque me obliguen, sino porque creo que darle a otro la esperanza de vivir cuando yo haya dejado este mundo es la mejor disposición final que puedas firmar.

La solidaridad debe nacer de forma natural, debemos generar una conciencia de ayudar a quien más lo necesita que, en algún momento, podemos ser nosotros mismos. El Estado tiene que emprender campañas más efectivas para llevar la voluntad de ser donantes de manera más clara y sin apelar a la fuerza.

Por ejemplo, y teniendo un Gobierno antiestadounidense que siempre apela a lo que se hace o no en Estados Unidos para compararnos, en muchos estados de aquel país cuando te sacas la licencia de conducir (en la práctica, el documento de identidad de Estados Unidos) te preguntan si deseas ser donante o no.

[tip]Es lo más sensato: cuando en Venezuela te toque sacar o renovar un documento de identidad, así como te inscriben «voluntariamente» al Consejo Nacional Electoral (aunque seas abstencionista), te pregunten si quieres que a tu muerte haya la posibilidad de que tus órganos sean donados.[/tip]

Que se fomenten campañas sin inducir a nadie a que haga algo contra su voluntad y sin imponernos con la bota militar el amor al prójimo.

Un poco de cabeza y menos emocionalidad para legislar. La solidaridad entre los hombres nace voluntariamente, no a punta de leyes.

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Curando resfriados con eutanasia

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